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Pobrecita Rosalía

EL PAÍS EL PAÍS 12/04/2014 Luz Sánchez-Mellado

Antes de nada, y para que no haya equívocos, quisiera dejar clara mi postura sobre el asunto que divide al país en dos bandos: me es inverosímil, perdón, indiferente, si hay o no tomate entre JordiCruz y Eva González. Sí, mujer, el cocinero ese monín sin tirar cohetes y la presentadora esa cañonazo de Masterchef, el concurso, perdón, talent-show, ese de cocina donde le echan a todo cilantro. Meses llevan las revistas especulando con que si se han liado, que si por eso dejó ella al diestro Cayetano Rivera, que si la novia de él los tiene astifinos, que si hay fotos de los tórtolos que harían temblar el IBEX. Insólito, señores. Dos compañeros de oficio chorreando tensión sexual dentro y fuera del curro, lo nunca visto en estos lares. Entre tamaño sobresalto, el sorpresón de la negativa del Congreso a la perra soberanista de Mas Quisiera, y el patatús de la designación de Cañete Bravo como cabeza de lista del PP a las europeas, no me digas que esta no ha sido una semana de infarto masivo.

Rosalía Iglesias, la mujer de Bárcenas, a su llegada a los juzgados de San Fernando el pasado jueves. © carlos rosillo Rosalía Iglesias, la mujer de Bárcenas, a su llegada a los juzgados de San Fernando el pasado jueves.

Sobre todo para Rosalía Iglesias, Lady Bárcenas para el mundo, que ha tenido que ir al juzgado dos días seguidos, estos jueces no tienen entraña ninguna. Hasta la sede de la Audiencia en San Fernando de Henares, a 25 kilómetros de su pisazo, tuvo que desplazarse la esposísima para cantar ante Ruz sus ingresos y sus gastos, con lo súper de mala educación que es hablar de efectivo. En un polígono de esos que salían en Callejeros, encima, con sus fábricas, sus obreros y sus bares de lucecitas. Ella, que lo más cerca que ha estado de una factoría es en el factory de Las Rozas Village.

Aunque eso era antes de que el puntilloso de su señoría le cortara el grifo de sus cuentas multimillonarias y le dejara una pensión de 300 tristes euros. Que vive de la caridad de su anciana madre, y que no le alcanza ni para la gasolina de ir a ver a su legítimo a la cárcel de Soto, le lloró al juez estrella sin que al insensible se le moviera un folículo de ese pelazo que gasta. Se ve, entonces, que el chófer-gorila y el Alfa Romeo que la llevaron de puerta a puerta hasta la sala se lo debió de poner Cáritas, visto su desamparo, para que luego diga Montoro que no hay pobreza severa en España.

Daba pena verla rumbo al banquillo con su letrada, Dolores Márquez de Prado, macroproducida con unas botas de mosquetera, un bolsazo de los prohibitivos, y unas gafas de Prada de 300 euros bajo un sol de justicia, valga la redundancia. Que digo yo, así en un aparte, que, o tiene en casa una caja B como la que dijo su marido que había en las sedes del PP desde los tiempos de Cascos, o ya me dirás tú de dónde saca para tanto como destaca la trescientoseurista. Ahora, no he visto más armonía entre dos matrimonios —el de los defendidos y el de sus abogados— desde que Urdangarín y Torres y sus respectivas partieran peras por culpa del juez Castro. Como que yo ahí veo un thriller entre La caja 507 y Celda 211. Urbizu, estás tardando en rodarla con Coronado como Bárcenas, Belén Rueda como Rosalía, Ana Duato como Márquez de Prado y Emilio Gutiérrez Caba como Gómez de Liaño. Si te decides, vamos a medias. Ah, y sobre lo del cocinero y la exmiss España, lo dicho: a mi, como si maridan. Con su rúcula se lo coman.

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