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Ponga un sensato en su banquillo: Valverde y Zidane

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 ORFEO SUÁREZ

En mitad de una tormenta de críticas que amenazaban con un naufragio institucional, el Barcelona emerge en la tabla, líder con un pleno, después de seis jornadas, y un contundente triunfo sobre la Juventus que marca la jerarquía en su grupo de la Champions, a la espera de su duelo en Lisboa. Con independencia del 'crash' de Dembélé, que ha dado pábulo a todas las interpretaciones, algunas hirientes, y a bastante ventajismo, o de la controvertida posición del club en la encrucijada de la Cataluña actual, en el manejo del equipo se aprecian síntomas de un bien escaso en el sector: sensatez. A la política, hoy, no le iría nada mal.

El hacer de Ernesto Valverde no es ruidoso, ni genera animadversiones, como sucedía con Luis Enrique. En realidad, todo empezaba por las suyas, porque hay quienes llegan a los sitios con los enemigos, la personificación de los rencores, en el equipaje. La marcha de Neymar, las prisas y las dudas en la búsqueda de refuerzos o los gritos que pedían la dimisión de Bartomeu, no han alterado el tono del cacereño, ni su trabajo intramuros. No puede decirse que Valverde haya hecho nada excepcional en su escaso tiempo en el Barcelona, simplemente ha puesto las cosas en su sitio, sin gritos, y a partir del mensaje de que hay sitio para todos los que se lo ganen.

Uno de los perfiles más buscados por los 'head hunters' no es el del genio, sino el del gestor que puede hacer rentable a los genios, de naturaleza dispar, a menudo ciclotímica e irregular. Poner un sensato en un puesto de dirección quizás no baste para crear un producto de autor, como tampoco un equipo de autor. Pero hacerlo donde abunda el talento es normalmente una garantía. Valverde no fue un futbolista de la altura de Zidane, un genio sensato, rara especie, pero como entrenador es más experto y, seguramente, está más preparado. En el modo de actuar de ambos se descubren algunas similitudes.

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Los dos fueron delanteros, pero como entrenadores han aumentado el peso del centro del campo. Es cierto que con coartadas, como las lesiones en el Madrid, ya la temporada pasada, y la marcha de Neymar en el Barcelona, pero en mi opinión existe convencimiento por parte de ambos en el cambio. Con independencia de este arranque extraño de Liga, al Madrid le hizo ser más dominador del juego, tener más control de los partidos sin dejar de ganar: Liga y Champions. Al Barcelona le ha devuelto a su ser, con más control. El buen tono de Iniestay de Rakitic con respecto al ejercicio anterior tampoco es casual.

Zidane ha llevado a Cristiano al área sin estridencias y Valverde ha vuelto a orientar a Messi hacia el centro, un delantero centro de verdad y uno 'mentiroso'. El primero eleva su porcentaje rematador, en un tiempo en el que debe dosificar su físico, y el segundo toca el balón constantemente, se asocia e imprime velocidad constante a todo el juego del Barcelona.

Con Luis Enrique, el club azulgrana tenía a varios de sus fichajes en el desván, desmotivados, mientras Zidane forzaba las rotaciones en el Madrid para dosificar a los jugadores clave, pero también para aumentar el compromiso de toda la plantilla. La diferencia era la que había entre Lucas Vázquez y Denis Suárez o entre Nacho y Bartra, que se marchó al Dortmund. Denis, reaparecido con fuerza esta temporada, es el síntoma de que algo cambia. El diván azulgrana es amplio pero la temporada es larga. Ante el Eibar, Luis Suárez estuvo en el banquillo. Habrá que esperar si también lo está en algún partido Messi, como le sucedió a Cristiano.

El volumen ha bajado en la sala de prensa azulgrana, como sucedió en Valdebebas con la llegada del francés. Para el Barcelona, ese aspecto era importante a la hora de contratar entrenador. El técnico de un equipo como Madrid o Barcelona, con cuatro ruedas de prensa a la semana, es el mayor portavoz del club, y eso hay que cuidarlo. El mensaje, como el equipo, mejor también en manos de un sensato.

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