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Por favor, aires nuevos

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 01/06/2014 El País
El presidente de la FIFA, Joseph Blatter. © ATEF SAFADI El presidente de la FIFA, Joseph Blatter.

Sorpresa me causaron las palabras emitidas por el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, hace unos días.

Ellas nos obligan a recordar algunas de sus actuaciones y esperar que reflexione y no se deje seducir por un nuevo período presidencial. El fútbol, como todo en la vida, también requiere un cambio y este debe hacerse ya. Recordemos que Blatter fue quien, el 10 de julio de 2000, propuso la rotación por continentes de la Copa del Mundo. Su postura la oficializó el Comité Ejecutivo de FIFA en agosto de 2000.

El 7 de marzo del 2004, la FIFA ratificó el orden de la rotación. Tras África 2010 vendría Sudamérica 2014 y de ahí se decidiría el futuro. La oportunidad la aprovechó Ricardo Texeira (en ese entonces presidente de la Confederación Brasilera de fútbol), quien, el 17 de marzo de 2004, logró el compromiso unánime de toda Sudamérica para que ningún otro país de este continente se postulara al Mundial 2014.

Brasil ganó ese derecho sin competir. Corrió solo. Texeira convenció a sus pares sudamericanos en 2004. La sede fue elegida el 30 de octubre del 2007. Es decir, pasaron más de tres años en los que, el autor intelectual del sistema de rotación, Blatter, fue incapaz de visualizar que esta forma de monopolio traería los problemas que hoy está viviendo la organización del torneo.

Persiguiendo intereses económicos, la FIFA olvidó el fútbol y postuló la elección simultánea de dos sedes

No se puede negar que su apoyo decidido a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 le permitió sumar galones a su capacidad de organización y negociación política; los proyectos de infraestructura gracias al programa GOAL son una realidad; la entrega anual de dinero a las Federaciones ha sido un aporte —aunque ha traído también corrupción—; el establecimiento de una división de márketing propia de la FIFA y no depender de una agencia también es meritorio; la creación de competencias menores para las damas ha dado un fuerte impulso al fútbol femenino; la implantación definitiva de la Copa Confederaciones como un torneo de ajuste en la sede que albergará la fiesta de la Copa del Mundo le pertenece; la profesionalización de gran parte del arbitraje mundial también; la sobria pero sentida celebración del centenario de FIFA fue muy alabada; así como el correcto manejo de las relaciones entre Corea y Japón para aunar fuerzas en la organización de la Copa del Mundo 2002; y finalmente los altos montos que se recaudan por derechos de televisión sin necesidad de dejar de transmitir por televisión abierta, dando acceso a todo el mundo al campeonato Mundial. Todo esto tan positivo y de tan alto impacto se ve empequeñecido al no poder dejar pasar sus palabras al diagnosticar como error el haber elegido a Qatar para la Copa del Mundo 2022.

Presidí la delegación de la FIFA que inspeccionó las 9 organizaciones (11 países) postulantes a los mundiales del 2018 y 2022. Lo hice en mi calidad de Presidente de la Federación de Futbol de Chile (y voté por él el 2007, pues ese año le creí cuando dijo en forma pública y privada que sería su tercer y último período… palabra que no respetó). Durante todo el proceso de inspección nadie se me acercó a ofrecer algo para que mi informe tuviera alguna influencia. Yo escribí lo que vi e investigué. No hay una línea de presión en ese informe. A mi juicio, la gravedad de la elección de Qatar es independiente de la investigación del señor Michael García (que sigue avanzando y seguro pronto dará anuncios que sorprenderán) respecto a supuestas irregularidades, sobornos, falta a la ética y moral de la obtención de la sede, pues nos encontramos con un problema aún mayor, de carácter netamente estructural.

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Blatter, en la designación del Mundial de Catar. / Laurence Griffiths (Getty Images)

La FIFA, impulsada por intereses económicos —dejando en el olvido el fútbol—, postuló la idea de elegir dos sedes de manera simultánea. Ello se traducía en asegurar mejores contratos al negociar dos Copas del Mundo al mismo tiempo. Entonces, con esta errada decisión, se volvió a la época del trueque. Aquel que postulaba a organizar el Mundial y ya tenía el compromiso de alguno de los votantes para la Copa del 2018, iba y ofrecía ese voto a quien postulaba a la Copa del 2022. Y viceversa. Era vox populi en aquellos días en Zúrich esta vuelta al sistema de intercambio. Renacía la modalidad de oferta y demanda más antigua del mundo: el canje.

Y nuevamente, al igual que con la elección de Brasil, Blatter no reaccionó ni tuvo el liderazgo para impedir estas acciones que en forma clara atentan contra el juego limpio. En cuanto a la forma de sus palabras, es sorprendente cómo Blatter va cambiando sus discursos dependiendo del idioma en que habla y el medio por el que se dirige. Su estrategia comunicacional tiene bases en la aparición e improvisación y no en una visión de largo plazo.

Respecto del fondo, el tema es aún más preocupante. Blatter cumplirá en mayo del 2015 —fecha de la elección— 17 años en el cargo. Pocos gobiernos democráticos en el mundo pueden exhibir tal récord.

La Copa del Mundo no tiene dueño. La administra la FIFA, pero le pertenece a miles de millones en todos los rincones de la tierra

Y él señala que en 17 años no ha logrado lo que se propuso allá por 1995 cuando empezó a vislumbrar la posibilidad de suceder a Joao Havelange. Habiendo tenido la oportunidad de trabajar con él durante 13 de esos 17 años, veo que sus metas iniciales en cuanto a legado y obras para el futuro no han variado y no parece que queden muchas por lograr en un período de cuatro años. El problema es cuando Blatter se centre en lo que a todas vistas aparece como su desenfrenada ambición personal para mantenerse en el poder; se van a perder las obras y van a crecer las especulaciones.

Y ello se aprecia respecto de la oportunidad del envío de su mensaje. He aquí lo más grave y peligroso.

Sus palabras las ha manifestado a menos de 30 días de la fiesta que, cada cuatro años, el mundo entero espera. Y las hizo pocos días después de declaraciones del Secretario General de FIFA, el francés Jerome Valcke, quien ha manifestado que los errores en el Mundial de Brasil (estadios, logística, aeropuertos, carreteras etc.) se deben a qué él no tiene el poder suficiente para actuar como le gustaría. Entonces, la falta de liderazgo actual de quien preside la organización ahoga cualquier discusión.

Por ello me atrevo a sugerir que ha llegado el momento de reflexionar. La Copa del Mundo no tiene dueño. La administra la FIFA, pero le pertenece a miles de millones en todos los rincones de la tierra. No es lógico ni tampoco racional que quien, en el último tiempo, ha liderado un deterioro sostenido al alma de este activo del mundo insista en que no ha terminado su labor.

Por ello desde aquí le pido: reflexione, señor Blatter. El fútbol es bello sobre el verde césped. Luz transparente y aires renovadores es lo que ayuda a crecer la hierba. Eso es lo que la organización mundial también necesita.

Harold Mayne-Nichols fue presidente de la Comisión de Inspección de los Mundiales 2018-2022, y ex-presidente de la Federación de fútbol chilena.

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