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Por qué las mujeres dejaron de programar en 1984 (y todo cambió)

El Confidencial El Confidencial 29/11/2016 Rocío P. Benavente

La computación y todas las actividades relacionadas con ella tienen un problema con las mujeres: que les faltan mujeres. Los datos lo demuestran. En España, según la Real Academia de Ingeniería, solo el 10% de las estudiantes de estas carreras son mujeres. Por eso existen iniciativas que tratan de hacer sentir a las niñas que programar, si ellas quieren, también va con ellas. Se trata de no excluir desde el inicio el talento de la mitad de la población. 

Especialmente cuando ese talento estuvo incluido en el desarrollo de la computación desde sus inicios, hasta que en un momento comenzó a desligarse. Según los datos aportados por la National Science Foundation, la American Bar Association y la American Association of Medical Colleges, recogidos en el gráfico inferior elaborado por NPR, el porcentaje de mujeres con carreras en ciencias de la computación en Estados Unidos (donde este sector comenzó a tener impulso) creció a la par que en los estudios de medicina, leyes o ciencias hasta mediados de los años 80.

Pero en algún momento cercano a 1985, el porcentaje de mujeres en las carreras de computación comenzó a caer, hasta situares varias decenas de puntos por debajo de los demás grupos, y así sigue siendo hasta hoy en día. ¿Por qué las mujeres dejaron de programar en 1984? Responder a esa pregunta podría ayudar a diseñar estrategias que vuelvan a atraerlas a la computación. Pero no es sencillo porque distintos factores entran en juego. 

Porcentaje de mujeres por ramas de estudios © Proporcionado por El Confidencial Porcentaje de mujeres por ramas de estudios

Algo resulta especialmente llamativo de esa época, tal y como señala Steve Hen, de NPR: fue justo el momento en el que los primeros ordenadores personales llegaron a los hogares en Estados Unidos. Eran máquinas mucho menos versátiles que las que tenemos hoy en día, algunas servían para poco más que para jugar al pong o a los marcianitos. Y se anunciaban pensando casi exclusivamente en hombres y niños.

El sesgo en la cultura popular

A partir de ese momento, en la cultura popular los ordenadores se convirtieron en cosas exclusivamente de chicos. Los anuncios, el cine y las series de televisión construyeron el estereotipo del 'geek', del 'hacker', del cerebrito de los ordenadores, siempre un personaje masculino que utilizaba la tecnología para solucionar todos los problemas y, al final, llevarse a la chica. A veces lo que hacía era construirse a su propia chica, un robot o un programa informático siempre despampanante y por fin admiradora del pequeño genio. Ellos usan los ordenadores. Ellas no.

"Es algo que encaja totalmente con ese momento y ese lugar pero que aún a día de hoy sigue pasando en todo el mundo, incluida España", asegura Sara Gómez, ingeniera, asesora de la RAI y directora del proyecto Mujer e Ingeniería que la academia puso en marcha hace un mes.

Gómez señala que todavía hoy la falta de representación de las informáticas en la cultura general es un factor crucial a la hora de que niñas y adolescentes no opten a esas carreras: no se ven trabajando en ello porque apenas tienen espejos en los que mirarse. "Las series de televisión, las películas, los anuncios, los mismos juguetes que regalamos a los niños pequeños... Todo eso forma el caldo de cultivo de las aficiones y aspiraciones que tendrán de mayores, y es difícil encontrar en todo ello la idea de que la programación también puede ser ocupación de mujeres". 

Publicidad de ordenadores personales en los años 80 © Proporcionado por El Confidencial Publicidad de ordenadores personales en los años 80

La brecha antes de la universidad

En los años 90, la investigadora Jane Margolis entrevistó a cientos de estudiantes de la Universidad Carnegie Mellon, uno de los centros con mayor prestigio en estudios de computación, dentro de un amplio proyecto para entender y combatir la brecha de género en estas carreras. Y una de sus conclusiones fue que era mucho más habitual que las familias regalasen ordenadores a los niños que a las niñas, incluso cuando ellas habían mostrado previamente interés por utilizar y aprender sobre ordenadores.

Esto marcaba una gran diferencia cuando esos niños y niñas llegaban a la universidad: una vez que los ordenadores personales se hicieron un objeto común, los profesores daban por supuesto que sus alumnos habían crecido jugando con ordenadores en casa, algo que no ocurría previamente. Con ello, la brecha entre estudiantes chicos y chicas se hizo más grande. 

Así lo reconocía un estudio de la Universidad de Stanford en el que se recogían los esfuerzos llevados a cabo por la institución durante los años 90 para aumentar el número de estudiantes femeninas en estas carreras. A los sesgos y barreras que encontraban las mujeres en las carreras de ingeniería en general (comportamientos discriminatorios generalizados, distintas formas de afrontar los retos según el género, falta de modelos a seguir, etc.), los autores añadían otros propios de las carreras de informática, como la diferencia en el nivel previo al ingreso universitario según el género del estudiante o la cultura en torno a la computación que podía resultar muy poco atractiva para las mujeres.

Todos los implicados en estos análisis se esfuerzan en recordar que se trata de una cuestión compleja en la que intervienen muchos factores. Sara Gómez subraya, por ejemplo, que, en general, las mujeres dan al factor social de su actividad mucha más importancia que los hombres. "Por eso tenemos que destacar el papel colaborativo y de aplicación a la sociedad que tienen las ingenierías". Pero es difícil no preguntarse qué pasó concretamente en los 80 para que las mujeres decidiesen de pronto que la informática no era para ellas.

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