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'Prefiero tener pesadillas antes que dejar de soñar'

El Mundo El Mundo 30/05/2014 MARÍA QUINTANA

Una noche, Irene Gracia soñó que poseía una platería. Allí, tratando las entrañas de la plata, construía portentosas obras de orfebrería. La fantasía nocturna le alentó a esbozar el personaje de Platónides, eje principal de 'El alma de las cosas', la que es su quinta novela. "Creo que soñé que regentaba una platería porque, actualmente, la sociedad desprecia el trabajo de los autores, los pensadores y los artistas, lamentablemente estamos pasando una época devastadora para la cultura. Cuando desperté, hasta me planteé fundar un negocio idéntico al de novela para sobrevivir. Compadezco a las personas que olvidan sus sueños, la vida es demasiado corta para perderse la mitad. Prefiero tener pesadillas a no soñar", expone Gracia.

El factor onírico y sobrenatural forma, además del origen de 'El alma de las cosas', un aura omnipresente en el desarrollo de la narración. Belisa, una aristócrata arruinada, está rematadamente prendada de las joyas que crea Platónides en su orfebrería 'El Tiempo de la Plata', por la belleza pero especialmente por los poderes que las delicadas creaciones trasmiten a su dueño.

Pulseras que inspiran para crear magníficas obras pictóricas, pendientes cantores que provocan que su dueña cante como los ángeles, broches que otorgan la capacidad de llevar a cabo maravillosas esculturas... Las prodigiosas capacidades que trasmiten las joyas de Platónides terminan por lanzar al estrellato a seis hermanas, artistas respetadas y valoradas gracias a los portentosos talentos que habían desarrollado portando las alhajas. Belisa, gran admiradora de estas seis mujeres, cae en el ansia por conseguir una de las poderosas joyas.

"La obstinación de Belisa llegó a escandalizarme, hasta que comprendí que sólo deseaba ser dueña de su destino. No es materialista, al contrario, rechaza todos los bienes que su padre y sus pretendientes le ofrecen. No desea una joya, sino los dones y vivencias que transmite esa joya. Belisa no es envidiosa, cuando admira los dones de las seis hermanas que poseen los talismanes transformadores de Platónides, es como si se mirase en un espejo que le devolviese la imagen idealizada de su persona, imagina a la Belisa en la que se podría transformar si poseyese la joya encantada", explica Gracia.

Inspirada por el amor y admiración que desde su infancia la escritora profesa a los autores del romanticismo alemán, desde los hermanos Grimm a Goethe, o al poeta Adelbert von Chamisso, personaje narrador de esta historia, Gracia construye una novela que desemboca en continua reflexión. La escritora recurre a lo sobrenatural, lo onírico, lo fantasioso, para mostrar los miedos que más desgarran las entrañas del ser humano. Lo abstracto se convierte en un sentimiento de piel universal al alcanzar el trasfondo de la novela.

El miedo a la muerte y el paso del tiempo son una constante en 'El alma de las cosas'. "¡No crezcas, Adelbert! No envejezcas mientras puedas, mi dulce doncel. Quédate a vivir en el espacio mágico en el que estás ahora mismo", dice Belisa al comienzo de la novela. En la novela de Gracia, el tiempo es un 'déspota', un 'malnacido', y los baños de plata alquímica tratan de luchar contra el fin de los días.

"Puede que en el futuro los científicos se inspiren en las ficciones de los autores fantásticos y consigamos vencer a la vejez y a la muerte. O crear máquinas del tiempo que nos permitan viajar a otras épocas, y extraer del agujero negro del pasado hasta el presente a las personas que amamos o admiramos. Atrevámonos a imaginar lo inimaginable para que se materialice en el futuro", plantea la autora.

La edición de 'El alma de las cosas' ('Tres edades', Siruela), incluye también ilustraciones hechas por la propia autora para iluminar la novela, y que ahora se trasladan de las páginas a las paredes de la librería Cervantes de Madrid. 'Tu pintura evolucionará a la par que tu alma, siguiendo el mismo proceso del gusano que se transforma en crisálida para ser mariposa', se expone en un pasaje de la novela. La escritora, que compagina artes como en su momento hizo William Blake, confiesa que las ilustraciones se hicieron después de 'El alma de las cosas' y no para mostrar su obra pictórica sino con la "humildad y fidelidad de un ilustrador". "Rindo culto al arte, como Nietzsche, creo que es la religión más sincera porque advierte a sus devotos de que es una bella mentira, un símbolo que nos eleva. El arte y la filosofía son los deleites más supremos, que te transforman", añade la escritora.

Arte, pintura y filosofía: vasos comunicantes y "deleites supremos" todos ellos que se aúnan en un mismo concepto en la novela de Irene Gracia: "La vida es corta, pero vivimos momentos tan emocionantes y tan intensos que parecen infinitos. Los 12 años que las seis doncellas gozaron de las propiedades artísticas de sus joyas y exhibieron sus talentos por los escenarios de todo el mundo, valen tanto como 12 eternidades".

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