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Prohibido ser macarra

ABC ABC 13/10/2015 José Carlos Carabias

Balotelli, en plan 'malote'. © Diario ABC Balotelli, en plan 'malote'. Cuenta la leyenda que nadie en el vestuario del Albacete entendió aquella broma de Diego Costa, un fornido delantero que se buscaba la vida en el Atlético a través de las cesiones a otros clubes. Un día el brasileño escondió los móviles de sus compañeros y éstos creyeron haber sido objeto de un robo masivo. El revuelo en la trastienda del Carlos Belmonte fue descomunal. Tampoco a la antigua dirección de Ferrari le agradó que Kimi Raikkonen apareciese una tarde con un tatuaje en cada brazo, al lado de la publicidad que se cotiza a precio de caviar iraní en las mangas del uniforme rojo del «cavallino rampante». El matiz entre ser ocurrente o moderno y hortera o macarra es muy fino y subjetivo, en la vida y en el deporte. Tal vez por eso los clubes de fútbol empiezan a intervenir en la privacidad del individuo con ánimo de preservar la imagen corporativa.

El Mallorca ha impuesto un estricto código de conducta a sus jugadores. El dueño y presidente del club, un empresario alemán llamado Utz Classen, ha certificado en un documento oficial el nuevo rumbo de la entidad de puertas hacia afuera. Funciona el toque de queda (a las 22 h. antes de los partidos y a las 3 de la madrugada después de jugar). El consejo de administración ha marcado el territorio que pertenece a la institución. Dentro de sus dependencias están prohibidos los pendientes, los medallones, los piercings y demás abalorios al uso de la presunta modernidad. Tampoco se pueden lucir gorras en el autobús o los vestuarios. Se recomienda aseo personal y mantener limpias las instalaciones. Se han cancelado los juegos pendencieros, con apuestas de por medio o que puedan generar rencillas entre los futbolistas.

Y, en un terreno vidrioso de múltiples y variadas interpretaciones, se ha establecido como regla general «evitar peinados y talantes que no sean acordes con la imagen del club». Cualquiera puede sobrentender que el Mallorca prohíbe el espíritu macarra, pero el asunto choca con el ámbito de la vida privada y con la proyección social. «Un código de conducta me parece una idea fantástica, pero el deporte genera líderes de opinión y un tatuaje o un peinado forman parte de la identidad de una persona -comenta a ABC Isabel Amat, exatleta y especialista en comunicación e imagen con experiencia en Nike y Red Bull-. Las marcas siempre buscan imagen y el deportista lo sabe. Ambos se retroalimentan. El público joven busca ese target».

Por algún motivo indescifrable, en determinados deportes de equipo prolifera la estética hortera o camorrista. El fútbol y la NBA sobresalen por encima del resto. Desde que «el gusano» Dennis Rodman apareció en los noventa con el pelo de colores, tatuajes y anillos en la nariz, la mejor liga de baloncesto del mundo se ha poblado de inquilinos susceptibles de no pasar el casting del Mallorca. Chris Andersen, ala-pivot de Miami Heat, encarna hoy la herencia de Rodman: tattoos sobre tattoos en una piel tintada, crestas kilométricas y cuatro positivos por drogas, tres de marihuana y uno de cocaína. En la NBA es imposible encontrar hoy un partido sin jugadores con manguitos compresores y brazos repletos de tinta. «A veces hay deportistas que son más imagen que grandes deportistas», dice Isabel Amat.

Los sabios del fútbol vaticinaban un futuro de cine para Mario Balotelli, el delantero hijo de inmigrantes ghaneses que fue adoptado por una familia italiana tras varias operaciones intestinales. Futbolista corpulento (1,89 y 88 kilos), rápido y buen rematador, en solo ocho años ha dilapidado el crédito del que venía precedido. Después de jugar en los mejores clubes de Europa (Inter, Milán, Manchester City, Liverpool...), el Milán le ha ofrecido un último tren por contrato. Un documento antifiestas le obliga a mutilar sus peinados extravagantes y su vestuario excéntrico y le prohíbe el alcohol, el tabaco y las juergas nocturnas. Además, en un régimen casi castrense, el Milán le exige no escribir en las redes sociales sobre su club. «La rectitud y el respeto no pasa por la estética, sino por el comportamiento y la actitud -opina Amat-. Gente como Gasol o Nadal encarnan valores y son espejos sociales. Pero hay futbolistas sin formación que nadan en dinero y en la abundancia de todo».

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