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Proyecto Homero

Notodo Notodo 27/04/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Proyecto Homero" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Proyecto Homero"

Por su objetivo primigenio
¿Y cuál es ese objetivo? Acercar el teatro y los clásicos a un público joven (que no estúpido). Brindar un teatro en las antípodas del cartonismo piedra emocional y estético. La Joven Compañía es teatro puro y moderno, hecho por jóvenes desde los 18 hasta los 25 años. Y para jóvenes (todas las mañanas llenan los teatros con chavales de instituto). Es su máxima y lo tiene clarísimo, pero eso no es óbice para que sus montajes atraigan los espectadores "adultos" más exigentes y hagan las delicias de especialistas y profanos a la par. La conjunción en el equipo de estos jóvenes y sus mentores profesionales como directores de equipo consiguen resultados de órdago. Como estas Ilíada y Odisea que presentan en el Conde Duque. Objetivo conseguido.



Por la energía y fuerza descomunal de los chavales (ríete tú de Hércules)
Si algo tienen estos chavales, es energía. Brutal el despliegue en escena, su compromiso y su disfrute. Es una auténtica gozada verles y realmente complicado presenciar algo parecido sobre otras tablas. Ya lo han demostrado con creces en proyectos anteriores (El señor de las moscas, Fuenteovejuna...) pero aquí tenían un reto: Homero. Dos funciones (seguidas según el día). Cuatro horas de entrega y pasión a las que no cualquiera puede enfrentarse con estos resultados. El anuncio decía: "la potencia sin control no sirve de nada". Pues estos chicos tienen potencia, control. Y sistema ABS para frenar a tiempo, bluetooth y sistema par aparcar sin manos si hace falta. En este caso homérico nos encontramos con dos tipos de energía según la función: una más interiorizada y reprimida en la Ilíada y otra a flor de piel y más juvenil en la Odisea. Hay para escoger.



Por el equipo de prestigiosos profesionales que hay detrás
La dirección de José Luis Orellano, las adaptaciones de dos reputados dramaturgos (de hornada reciente pero bien cocinada) como Guillem Clua y Alberto Conejero, y gente en el equipo técnico como el iluminador Juanjo Llorens proporcionan ya un sello de calidad. En este caso Ilíada y Odisea comparten base (el equipo técnico y artístico es el mismo en las dos a excepción de los dramaturgos) pero los resultados son diferentes, y es que la versión de Clua (La piel en llamas, Smiley...) reduce la epopeya griega a 90 minutos en una condensación que convierten en elixir (oscuro y dramático) ese último año de la guerra de Troya. Por su parte, Conejero (La piedra oscura) convierte en una fábula juvenil la Odisea de Ulises sobre náufragos y viajes iniciáticos con un esperanzador final añadido a cargo de Telémaco. La introducción de su pieza en clave desenfadada, donde resumen todo lo visto en la Ilíada anteriormente vista (porque se pueden ver juntas o independientemente) es una maravilla. Dos visiones, dos textos, dos funciones.



Y por todo, porque sólo cuatro razones no me dan para celebrar estos dos montajes
Por unos resultados que ya les gustarían a muchas compañías profesionales. Por esas adaptaciones potentes y ajustadísimas a sus públicos, por la vigorosa puesta en escena, por el poder de fascinación estética, por un ritmo impecable, por la maravilla que es ver a estos chavales siempre (de verdad, uno espera ansioso cada montaje) y sus interpretaciones de un nivel altísimo (y todos en la misma página, cosa muy difícil de alcanzar)... Qué gusto. Todo hace de este Proyecto Homero una cita ineludible para los amantes del teatro: La Ilíada, montaje oscuro y poderoso, ejemplar, tremendamente emocionante (qué bien funciona por cierto la relación gay de Aquiles y Patroclo y qué bien que se vea en este tipo de montajes); La Odisea, fábula de imperecedera actualidad simbólica con náufragos que se tienen que aventurar en todo tipo de mares. Dos maneras de acercarse a la palabra de Homero y de acercarla con éxito, con un estilo fresco y actual, al (joven) público.

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