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Publicidad gratis para unos, arte denuncia para otros

EL PAÍS EL PAÍS 19/06/2014 Maryem Castillo
© Proporcionado por ElPais

Miras por la ventana de tu casa u oficina y ves a una multitud corriendo mientras dos coches dan varias volteretas y todo explota a su alrededor. Las probabilidades de que lo grabes en el móvil y lo pases a tus amigos o lo subas a internet son bastante altas. Pero ¿qué pasa cuando una productora de cine hace que eliminen tu video porque violaste sus derechos de copyright al grabar lo que veías en tu ventana?

¿Alguna vez se ha sentado a pensar en cómo los videos caseros que sube a las redes sociales influyen en la economía o en las relaciones políticas y sociales de un país? Pues quizás deba echarle una ojeada al documental Transformers: The Premake, un ensayo audiovisual, creado por el crítico de cine estadounidense Kevin B. Lee sobre el rodaje de la cuarta película de la saga. Lo que comenzó con la intención de mostrar una especie de video guerrilla (grabado sin permisos) del ‘detrás de cámaras’ de la producción chino-americana (recopilando el material publicado por los fans en youtube), al final se ha convertido en una crítica contra la industria cinematográfica de Hollywood.

El video, de 25 minutos, a modo de tráiler de Transformers: Age of Extintion, utiliza el material audiovisual de 355 usuarios de YouTube y está hecho con una técnica llamada desktop documentary: es decir, que usa la pantalla del ordenador como lente de cámara y da así la sensación de observar en tiempo real la creación del documental. Con el material disponible en internet, incluyendo una minuciosa documentación de todos los videos utilizados, se podría también ensamblar un tráiler particular y hasta secuencias completas de acción.

Y no, Lee no trabaja para Paramount. Asegura que su video no es un truco para promocionar la película. “Me gusta que haya quien dude, que se pregunte si esto es un golpe publicitario”, comenta. Es más, no tiene miedo de cargarse de intención al mostrar Lee grabando a un grupo de personas que, con sus móviles, están grabando a quienes graban la película. “Las pantallas son parte de nuestro día a día. Televisor, móvil, tableta, cámaras, carteles publicitarios… Incluso en la calle, en la vida real hay pantallas de por medio”, comenta.

“Mi intención es crear consciencia, que la gente no vea las películas en general –y ésta en particular– simplemente como entretenimiento, sino que vea lo que hay detrás, que sea consciente de lo que representa una producción cinematográfica para las ciudades que sirven de escenario, para los fans, para los intereses de un país”, explica el también realizador de cine. Intencionalmente o no, el film critica la influencia de China en el Hollywood actual y su uso de la industria cinematográfica como propaganda, las dudosas ventajas de los beneficios fiscales para los films y si nos ponemos filosóficos, en los diversos niveles de realidad en los que una producción de cine influye en la vida diaria.

La idea de Transformers:Premake es analizar el cambio en el rol de la audiencia que ha pasado, gracias a Internet, del consumo pasivo a ser parte de la maquinaria publicitaria que convierte una película en un éxito de taquilla. “Los usuarios de las redes sociales se han convertido en una fuerza publicitaria en sí”, cuenta. “Todos somos publicidad, incluso cuando no lo hacemos intencionalmente. Estamos constantemente creando, subiendo imágenes, videos y datos a Internet”.

Y por eso critica que la industria cinematográfica estadounidense –que gasta millones en una producción y que intenta controlar que se puede publicar o no de ella– se aprovecha (cuando le conviene) de la publicidad viral y gratuita que les genera cada video subido por los fans a youtube, publicado en MySpace, Twitter o Facebook u otra red social sin devolver nada a cambio y luego intente eliminar dichos vídeos si contienen más información de las que les interesa dar. En el caso de Transformers, Lee teoriza que los vídeos están todavía disponibles en YouTube como parte de una estudiada campaña para crear expectación ya que, a una semana de su estreno, la información sobre la película es escasa.

Lee también insiste en que quiere estudiar hasta qué punto el dinero influye en las el planeamiento de una película. “Que la gente entienda que generalmente las decisiones sobre dónde grabar no se toman de forma creativa: las decide el dinero. Donde salga más barato o proporcione más beneficios a la productora”, manifiesta Lee, que actualmente cursa un doble máster en artes visuales y en el estudio crítico de ellas. Con ello se refiere a la guerra de rebajas fiscales que tienen las ciudades estadounidenses menos mediáticas para atraer a los productores de películas y a la debatible premisa de la industria cinematográfica como generadora de empleos y turistas, especialmente para las ciudades afectadas por la crisis económica.

No se escapa la crítica hacia las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China –que ya es el segundo mercado cinematográfico del mundo–, que exige entre sus condiciones para acceder a sus facilidades que Hollywood refleje una imagen positiva del país y que incluya parte de la cultura china en ella. No por nada la película dirigida por Michael Bay tendrá un dinobot que habla mandarín.

Lee está consciente de que aunque critica el uso del material de los usuarios de redes sociales como publicidad gratuita su video también le generará publicidad gratuita a la película y de hecho puede que contribuya a que más personas la vean. Y concluye: “Ya lo dicen en Hollywood: Cualquier publicidad es buena publicidad”.

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