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Pulveriza

Notodo Notodo 20/04/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Pulveriza" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Pulveriza"

"El 25 de noviembre de 2007 en la montañesa localidad tabayulense Techo de Palomar, hallaron carbonizados los cuerpos de las cuatro hermanas Castaño en el sótano de su residencia familiar... Lo único claro del caso es que cuando los vecinos, alarmados por los gritos, vieron las llamas crecer, se quedaron inmóviles sin llamar a los bomberos, disfrutando así de la cálida estampa y del espectáculo dantesco de alaridos y fuego. Tanto sus muertes como sus vidas seguirán siendo un misterio… ¿O tal vez no?"
Secuestros y asesinatos. Abortos con patas. Chicas violadas que se quedan en silla de ruedas. Feas loquitas amantes de los musicales. Más feas feas, pero ésta con sueños de stripper barata. Individuas que viven al margen de la sociedad, repletitas de ansias de venganza por las humillaciones vividas. Y mucha mala leche. Son los ingredientes de lo nuevo de Abel Zamora, que vuelve después de Yernos que aman en un registro bien distinto (pero con ciertos elementos reconocibles) para cortar en pedazos a una familia disfuncional. Un aquelarre delirante que toma como base la crónica negra patria, la cultura popular y las películas de terror baratas para darle a todo una vuelta de tuerca en la Nave 73.

Pulveriza es una función desternillante de estilo ligero (ligero por el evidente tono de comedia, pero es oscurita de narices) llenita de guiños críticos y humor negro. Muy negro. Desde la decisión de Zamora de sustituir él a una de las anteriores protagonistas, Marta Belenguer, en el papel de la hermana mayor, uno ya se huele el genial absurdo que le espera. Ritmo perfecto, escenas para llorar de la risa, un tono siniestro (que, por cierto, consigue algunas de las escenas más francamente inquietantes que he visto últimamente en teatro, menos mal que es una comedia) y un texto que revisita los estándares de las historias de psicópatas y sus trucos para hacerlos picadillo y convertirlos en una retorcida parodia, hacen de este Pulveriza una pequeña joyita cómica digna de ser paladeada con fruición. Aunque el punto fuerte son las interpretaciones.

Sencillamente sublimes (en unos registros completamente demenciales y demenciados, claro) que consiguen el rechazo y el cariño del espectador a partes iguales, triturando las convenciones y haciéndose con el público en menos de cinco minutos. La hermana fea, tirando a puta y con ínfulas de stripper de Mentxu Romero es un diamante en bruto (muy bruto). Fantástica. Es que a pesar de la grimita que da, consigue que te den ganas de llevártela a casa. La otra hermana fea (la verdad es que no hay guapa, ya se han encargado de ponerles a todas un sutil pero efectivo bigotillo) amante de los musicales de María Maroto es una auténtica maravilla, llena de detalles interpretativos. Y su número musical es para morirse. Y qué decir de Nuria Herrero, que si ya era una gozada verla en Pequeños dramas sobre arena azul, aquí tiene un papel que es un bombón. En cuanto al apartado masculino, David Matarín sorprende, y mucho, con su Aborto. Mejor verlo para creerlo. Divertidísimo. Juan Blanco tiene el personaje de menor lucimiento, pero está perfecto en su papel. Y Abel Zamora compone una hermana mayor (cuya máxima es "las cosas malas, hay que revivirlas") que ya querrían muchas señoras ser como él. Genial.

En definitiva, que esta función es como la picadora de la Teletienda cuya llegada tanto ansían las protagonistas. Que "corta, pica, tritura... pulveriza" los géneros para conformar un batido sangriento y muy sabroso.

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