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Que no te engañen: este minúsculo código comestible te dirá si tu medicación es segura

El Confidencial El Confidencial 07/09/2016 Lucía Caballero

El pasado mes de junio, la autopsia de Prince revelaba que el conocido cantante había muerto a causa de una sobredosis de fentanilo, un analgésico opioide 50 veces más potente que la heroína. Sin embargo, ningún médico había firmado una sola receta al artista durante el año previo al fallecimiento.

Las investigaciones sobre el caso dan ahora nuevos frutos: sus responsables han hallado el compuesto en el domicilio del músico, dentro de diferentes envases de fármacos mal etiquetados cuyas fórmulas no deberían contenerlo. Se trataría, según han informado anónimamente a medios estadounidenses, de medicamentos falsificados que el intérprete podría haber adquirido ilegalmente en el mercado negro.

Este tipo de fraude constituye un grave problema a nivel mundial que afecta a todo tipo de productos, incluidos aquellos destinados a tratar enfermedades como la malaria. Tanto la Organización Mundial de la Salud como la Unión Europea y las agencias nacionales se esfuerzan por acabar con una situación de dimensiones difíciles de establecer.

"Los medicamentos falsificados, que pueden estar contaminados, contener un principio activo erróneo o una dosis equivocada de los componentes, suponen un grave riesgo para los pacientes", explica a Teknautas Jun Wang, químico e investigador en la Universidad Estatal de Nueva York en Albany.

En su último estudio, publicado en ‘Small’, Wang propone una posible solución para el problema. Ha diseñado unos diminutos y comestibles códigos QR (del inglés ‘quick response’, respuesta rápida) que pueden incrustarse en pastillas o añadirse a la fórmula de los fármacos, a modo de identificador que garantiza su calidad. 

Cuando el tamaño importa

 “Vemos códigos de barras todo el rato en el supermercado, pero son tan grandes que resulta muy fácil duplicarlos”, dice el investigador. Por eso en la Universidad de Albany pensaron en reducir drásticamente su tamaño para dificultar las copias. 

(Cortesía de Jun Yang) © Proporcionado por El Confidencial (Cortesía de Jun Yang)

Las minúsculas etiquetas resultantes, de la talla de una partícula de polvo, pueden tener una capacidad de 21 o de 49 bits. "Almacenan grandes cantidades de información y son fácilmente accesibles desde un teléfono móvil o un programa de ordenador", detalla Wang. En menos de 200 micrómetros, la creación del científico y su equipo guarda el nombre del producto, la dosis, el lugar de fabricación y un número de serie. "La información puede contener palabras, números o páginas web", aclara el investigador.

La marca se detecta "con una lente de unos nueve euros, como las que venden en Amazon, instalada en un ‘smartphone’", dice Wang. Con la ayuda de una aplicación, el cliente podría validar el producto en casa sin necesidad de sofisticados instrumentos.

"Los códigos miniaturizados se usan en biotecnología para identificar muestras y realizar ensayos", indica el científico. Esta no es la primera vez que se estudian este tipo de etiquetas para combatir la falsificación de medicamentos. No obstante, el grupo de Wang ha desarrollado su propia técnica, denominada MiCODE, para imprimir los códigos QR en micropartículas imperceptibles a simple vista. Su objetivo es que pueda utilizarse tanto en investigación como en etiquetado de productos de consumo y que además sea escalable.

El procedimiento se basa en la fotolitografía —usada habitualmente en la fabricación de circuitos y semiconductores— para plasmar el código QR en un polímero resistente a la luz. Los investigadores utilizaron para ello una fotomáscara, una especie de plantilla con el patrón identificativo, compuesta por fluorocromos (moléculas fluorescentes).

Por último, Wang y su equipo han aplicado la técnica del fotoblanqueo para grabar el dibujo en la pequeña partícula: consiste en aplicar una luz que altera químicamente las partes ocupadas por las moléculas fluorescentes, mientras que el resto del polímero queda intacto. “Las partículas con los códigos QR son baratas”, asegura el experto. Dice que unos 10 dólares (alrededor de 8,95 euros) bastarían para producir del orden de 10.000. 

(Cortesía de Carlo de Jesus / Universidad de Albany) © Proporcionado por El Confidencial (Cortesía de Carlo de Jesus / Universidad de Albany)

Ya han dado el primer paso para patentar la tecnología MiCODE y su meta es animar a las farmacéuticas a integrarlo en la producción de medicamentos. "Las pérdidas el sector derivadas de los fármacos falsificados se estiman en torno a los 200.000 millones de dólares [alrededor de 178.890 millones de euros]", advierte Wang. Solucionar el problema no solo aumentaría sus beneficios, sino también su credibilidad.

Según el científico, ya han hablado con una compañía en India, pero el camino se presenta largo: "Se necesitan años para comercializar la tecnología debido a la normativa sanitaria", explica. La integración de los códigos QR en los fármacos requiere la aprobación previa de autoridades como la FDA (el regulador estadounidense) y la realización de pruebas en animales para asegurar su inocuidad.

Aunque de momento se han centrado en el ámbito sanitario, las etiquetas también podrían usarse como distintivo en alimentos, una aplicación útil en el caso de productos con sello de calidad, denominación de origen o características especiales. Asimismo, estudian utilizar su tecnología en tarjetas de identificación personales y cheques. Una diminuta solución para grandes problemas.

Jamie (Flickr | Licencia Creative Commons 2.0) © Externa Jamie (Flickr | Licencia Creative Commons 2.0)
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