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Rajoy, ¿salvado?

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 03/04/2016
© La Vanguardia

Cuatro años le ha costado al periodista Jordi Évole sentarse cara a cara con Mariano Rajoy en la Moncloa y el resultado es lo más parecido a una montaña rusa. El programa Salvados se comprometió con el equipo del presidente en funciones a variar su sistema de trabajo. La entrevista se grabó el miércoles y se emitirá hoy en La Sexta sin editar, pero, ni los nervios confesados por el periodista, ni el hecho de enfrentarse a lo más parecido a “una tanda de penaltis” supone un cambio de estilo.

La última campaña electoral llevó a Rajoy a sentarse frente a Bertín Osborne, Ana Rosa Quintana o María Teresa Campos. Lo de Évole es diferente y el presidente y su equipo lo saben. Paseo por los jardines de la Moncloa, confesiones de cierto “aislamiento” en el complejo gubernamental... En el despacho le espera una carpeta rotulada con un “Évole” sobre la mesa. La conversación se desarrolla de manera educada, cordial... el presidente es “encantador en la distancia corta”, asegura Évole, pero su gesto se tuerce al tener que enfrentarse con una cámara delante a los SMS que le envió a Luis Bárcenas para darle ánimos en plena investigación de la Audiencia Nacional, o vídeos con los elogios que lanzó durante años a Jaume Matas y Alfonso Rus, condenados y vueltos a investigar... Con ellos, el presidente simplemente se “equivocó”.

Rajoy frunce el ceño, pero el interrogatorio sobre los “casos aislados” de corrupción – “¿cuando dejan de serlo?”– se convierte en el cuarenta por ciento de la entrevista. Lo único que sabe el líder del PP es que “lo que no soy es un juez”; y sobre su extesorero, que “las cosas son como son y están suficientemente explicadas”. Tampoco le agrada ver la retahíla de declaraciones de dirigentes populares calificando de delincuente a Bárcenas. “Fue una persona que hizo lo que todos los españoles sabemos en este momento (...) El PP lo ha apartado y ahora estamos en una nueva etapa”.

El presidente en funciones se esfuerza en defender la honorabilidad de la mayoría de los políticos y comprometerse a “dar la batalla” a la corrupción. “En España, desgraciadamente, hemos vivido muchos casos de corrupción. Hemos apartado a todas aquellas personas que estaban incluidos en esos actos de corrupción”.

El interrogatorio sobre Catalunya le incomoda menos. “¿Ha sido un chollo para el independentismo?”, pregunta Évole. “No sé por qué dice eso”, responde Rajoy. Los diputados independentistas se han multiplicado en el Parlament pero Rajoy sólo ve un cambio de chaqueta de CDC. “Pregúntele a los diputados que no eran independentistas y ahora se han hecho, no a mí”. “¿No se siente responsable...?”. “¡En absoluto!”. Rajoy está convencido de haber hecho “lo que tenía que hacer, que es defender la unidad de España, la soberanía nacional y la igualdad de los españoles. Es mi obligación y además es lo que pienso y lo que creo que piensan la inmensa mayoría de los españoles”. “Don Jordi” –así le llama Rajoy– durante la entrevista tampoco sale indemne. El presidente le suelta un “chorreo” por ofrecer una visión negativa de la gestión política ordinaria al margen del lío de la investidura.

Pero la procesión va por dentro. La apuesta de Rajoy por la gran coalición es inamovible: “es lo que funciona en Europa (....) sería lo mejor para España. Daríamos un mensaje de tranquilidad, seguridad, estabilidad y podríamos trabajar para consolidar la recuperación económica”. Pero ese pacto no está en las previsiones socialistas y las elecciones aparecen en el horizonte. “No voy a dar un paso al lado, seguiré siendo el presidenciable del PP”.

Han pasado los sesenta minutos pactados en la Moncloa y en el Congreso Pablo Iglesias comparece para dar cuenta de su cita con Pedro Sánchez.

El presidente pregunta cuánto tiempo ha durado la reunión de PSOE y Podemos y no puede evitar una frase sarcástica. Sin cámaras, siguen las declaraciones a través del móvil de la secretaria de Estado de comunicación. Iglesias ha cambiado el tono, y el gesto de Rajoy vuelve a torcerse...

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