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Rajoy reta a los nacionalistas catalanes a cambiar la Ley Fundamental

EL PAÍS EL PAÍS 08/04/2014 Carlos E. Cué

Cuando todo está decidido de antemano y no parece haber margen para movimientos, los políticos suelen especializarse en lo que en su jerga a veces se llama vestir el muñeco. Mariano Rajoy sostiene, y lo ha dicho en público y en privado a sus interlocutores, que no tiene ningún margen para ofrecer una salida a Artur Mas que no pase por una rectificación completa del presidente catalán y una renuncia a la consulta. Esa decisión está tomada y Rajoy se dedicó a explicarla con múltiples argumentos legales. Pero al presidente lo que realmente le preocupa ahora, señalan diversos miembros del Gobierno, es la opinión pública catalana, donde se está instalando que es Rajoy quien bloquea cualquier solución con su inmovilismo. El presidente no tenía ningún as en la manga, ninguna oferta concreta que hacer, ni la financiación, ni siquiera la de crear una subcomisión para estudiar una reforma constitucional como pide el PSOE. Así que se concentró en lo único que podía: las palabras, el tono, la imagen. Y ahí también jugó un papel la bancada popular, que escuchó con gran respeto a los representantes del Parlament, muy alejado del griterío habitual. Todo parecía pensado para suavizar la imagen.

El PP se está hundiendo en Cataluña poco a poco. Y es ahí donde trabajó más el discurso el presidente, en los mensajes positivos hacia los catalanes, en la búsqueda de esa imagen de hombre dialogante que antes tenía y que en Cataluña está perdiendo. Y lo hizo desde la primera frase. Rajoy sabía que en Cataluña, donde TV3 emitió una programación especial, el debate era muy seguido, y a los catalanes les habló: “Quiero dirigirme muy especialmente a los ciudadanos de Cataluña para transmitirles que soy y seré el presidente de todos. No concibo a España sin Cataluña ni una Cataluña fuera de España y de Europa”.

Todo su discurso, sobre todo el bloque inicial, conducía al mismo punto: un no rotundo, un portazo. Pero era tan evidente, que el propio presidente y sus asesores —el discurso fue leído de principio a fin— se dieron cuenta de que esa sensación era demasiado dura. Así que, al final del texto, añadieron algo que sonaba a salida. “No significa esta negativa que se les cierren todas las puertas. Hay una puerta abierta de par en par para aquellos que no estén conformes con el actual estado de cosas: iniciar los trámites para una reforma de la Constitución”.

Rajoy lo dejó ahí y no explicó más. Buscó la fórmula más positiva posible. Pero lo cierto es que esa salida, nadie lo niega, ni siquiera en el Gobierno, no es tal. Es una vía muerta. Porque el presidente ya ha dicho en varias ocasiones, en público y en privado —y no ha cambiado de opinión, explicaban este martes desde el Ejecutivo—, que él no cree que una reforma de la Constitución sea viable en este momento. El presidente piensa que PP y PSOE podrían ponerse de acuerdo, pero CiU nunca aceptaría lo que ellos propusieran, porque pediría el derecho de autodeterminación, y pasaríamos de una Constitución de 1978 apoyada por PP, PSOE y CiU a una con menos respaldo. “No nos dé lecciones de la Constitución, la mitad de su grupo no la apoyó mientras CiU sí la votaba”, le recordó Josep Antoni Duran (CiU) a Rajoy en referencia a lo que sucedió en AP —en la que el presidente militaba— en 1978.

La reforma constitucional es pues la apuesta de Alfredo Pérez Rubalcaba —cuyo discurso gustó ayer no solo a los suyos, también a muchos diputados del PP—, pero no la de Rajoy. Así que como no podía ofrecer salidas se concentró en el discurso amable y apelando a los sentimientos, en un discurso muy aplaudido por los suyos.

El presidente llegó incluso a pronunciar palabras en catalán, algo que nunca hace.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su intervención en el pleno del Congreso. © Ballesteros El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su intervención en el pleno del Congreso.

“Amo a Cataluña, como a las demás comunidades, como algo propio. Valoro su lengua, su cultura, el espíritu innovador, el amor al trabajo y la obra bien hecha, la feina ben feta”. Los catalanes, le contestó Duran, no entienden eso de que Rajoy les quiere. “Y cuando el amor no es entendido por la otra parte sirve para muy poco”, remató.

Rajoy buscó así dos objetivos a la vez, como suele hacer: por un lado gustar a los suyos con el “no”, y por otro suavizar la imagen en Cataluña. Las elecciones europeas y el resultado del PP en esa comunidad, que preocupa a la dirección nacional del PP, dará la pauta del éxito o fracaso de este intento del presidente.

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