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Ralph Fiennes, en la piel de Dickens

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 Toni García

Rapado y de negro, Ralph Fiennes (1962, Ipswich, Reino Unido), entra en la habitación con la misma discreción que mostrará después en la entrevista: silencioso y –casi- cabizbajo, dejando largas pausas entre pregunta y respuesta en las que su mirada busca la ventana. Como actor alcanzó fama y fortuna gracias a El paciente inglés y La lista de Schindler y huyó de su estrellato como alma que lleva el diablo: “No encajaba en el mundo de las celebridades de entonces como no encajo en el actual. No soy un producto, y con esto no quiero decir que haya actores que sean productos, pero sí que una gran parte de lo que hacen entra en unos parámetros que no son los míos”.

El británico, quintaesencia del intérprete forjado en las tablas, entre Shakespeare y Chejov, ha logrado compaginar cine y teatro con igual fortuna y en su carrera como director ha demostrado una singularidad exquisita. “Coriolanus [su primer trabajo en la dirección] es una película que quise hacer durante años, probablemente por una obsesión personal con la obra. Tuve la suerte de encontrar la forma de hacerla sin renunciar a nada de lo que yo consideraba imprescindible, como la escenografía y el lenguaje. La mujer invisible ha sido otra historia completamente distinta: alguien me hizo llegar el guión a pesar de mis reticencias y la verdad es que me enamoré de él de inmediato”. La mujer invisible cuenta la historia de amor entre un Dickens en el apogeo de su fama y una jovencísima aspirante a actriz, en un romance encadenado por las severas convenciones sociales de la época. “Por extraño que parezca no creo que eso hay cambiado demasiado: la diferencia de edad en las relaciones sigue siendo un tabú. Ahora lo es menos, pero la prensa sigue incidiendo en ello, como si fuera algo inconcebible que siendo muy joven puedas enamorarte de alguien mayor”, dice Fiennes, que añade: “Es como si trataran de decirte cómo y cuándo debes sentir algo por alguien. Eso es algo que va en contra de la naturaleza misma del amor, un ser que cambia, que muda de piel, que te sorprende y te atrapa. Es imposible planificar de quién te vas a enamorar”.

El objeto amoroso de Dickens, una joven llamada Nelly (interpretada por Felicity Jones), obliga a Fiennes hacer una reflexión sobre el propio Dickens, interpretado por el propio actor: “Si soy sincero debo reconocer que sabía muy poco de Charles Dickens. Había leído obras sueltas, interpretado algunas otras, pero desconocía los detalles de su vida. Por eso cuando leí el guión y descubrí a ese Dickens íntimo recuperé toda su obra y en cierto modo me sentí feliz de haber descubierto a un autor tan brillante y comprometido”.

No sé si yo hubiera podido interpretar a James Bond. Me siento mucho más cómodo con M"

Una mujer invisible, basada en la novela de Claire Tomalin, fue recibida en Toronto con críticas entusiastas, alabando su condición de drama y su sensibilidad, y resaltando la delicadeza de Fiennes como director. “Intenté mostrar ese momento en que negociamos con nosotros mismos para negarnos y así poder adaptarnos a una situación que nos supera, que sabemos positivamente que va a llevarnos a un callejón sin salida. No hay nada más humano que esa sensación y creo que Nelly lidia con ello con una fuerza descomunal, aunque la cicatriz sea imborrable”.

Fiennes vuelve a estar en la cresta de lo ola tras dejar atrás Harry Potter (donde interpretaba a Lord Voldemort) por su papel de M en la saga de James Bond, sustituyendo a Judi Dench. Personaje que repetirá en la próxima entrega de las aventuras del agente secreto, otra vez a las ordenes de Sam Mendes: “Bueno, tampoco se puede decir que no a ciertos papeles [sonríe] y si todo va bien voy a interpretar a M durante algunas películas más, una o dos mínimo. ¿Paradoja? Ya sé por dónde vas, pero la verdad es que no sé si yo hubiera podido interpretar a James Bond. Me siento mucho más cómodo con M y el papel ha llegado en el momento justo. Espero que me dejen correr y disparar, con eso me daría por satisfecho [ríe]”. Tras El gran hotel Budapest y Grandes esperanzas, queda claro que prefiere el cine menos estridente: “No diría que no a algo que me interesase sólo porque llega de Hollywood. Ellos hacen películas para conquistar a multitudes y esos filmes no siempre me parecen atractivos. Cuando me han propuesto proyectos interesantes no he tenido ningún problema en aceptar, pero esto no pasa continuamente”.

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