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Raquel Sánchez Silva: "Hablo de sexo como sé: clarito"

La Vanguardia La Vanguardia 16/06/2014 Lorena Ferro

Hace un año la vida de la presentadora Raquel Sánchez Silva (Plasencia, 1973) pasaba a formar parte de la crónica negra: su marido, el cámara Mario Biondo, aparecía muerto en el hogar conyugal en “extrañas circunstancias”. Las especulaciones sobre los motivos del deceso se convirtieron en una especie de culebrón por entregas a pesar de que la justicia española determinó que Biondo había muerto por un “fatal accidente”; un suceso que situó a la presentadora de televisión en el punto de mira mediático y también en el de la familia del cámara, que acusó a Sánchez Silva de no mostrar dolor por la muerte de su hijo y que aún sigue buscando “la verdad”. Ahora, doce meses después, la presentadora extremeña debuta en la literatura con Mañana, a las seis (Planeta) una novela que muchos han comparado con Cincuenta sombras de Grey. El libro narra la historia de Lucía, una triunfadora insatisfecha enganchada al sexo con una madre a punto de morir (Aurora) a la que cuida una joven (Gloria) que escucha el Universo. La novela, que la presentadora ha acabado de escribir in extremis en Honduras durante la grabación de la última edición de Supervivientes, ha servido a Sánchez Silva de terapia por todo lo que le ha sucedido en los últimos meses pero recalca que no tiene nada de autobiográfico: “lo único que tenemos en común Lucía y yo es un gato”, sentencia. La presentadora, feliz y “abrumada” porque apenas una semana después de su publicación el libro ya va por la tercera edición, charla con LaVanguardia.com sobre su debut literario y sobre cómo ha vivido este último año.

- Se ha puesto usted un poco picante en su primera novela.
(Risas). Me he puesto bastante picante porque no podía hacerlo de otra forma.

- ¿Por qué?
Intenté hablar de sexo de muchas maneras y solo fui capaz así. Para que Lucía (la protagonista) lo arriesgue todo tiene que tener una atracción fatal como la que vive.

- Describe escenas sexuales de manera muy explícita.
He intentado suavizar el vocabulario pero no podía porque los encuentros tenían que ser claros para el lector. No encontraba la manera de disfrazarlo. Al final pienso: ¿Por qué nos hiere el sexo?

- A veces choca más si lo describe una mujer.
Es verdad. Amigos como Boris Izaguirre me han dicho que escribo un poco masculino y a amigas mías les ha parecido un comentario sexista porque parece que las mujeres no podemos hablar de sexo. Más que contarlo para presumir, nos reímos de él. Hablamos claramente y a veces somos muy brutas. Y yo hablo de sexo como sé. Puede parecer ordinario, pero es clarito, clarito (risas).

- Pero tengo entendido que la parte más sexual fue una petición de la editorial ¿Si no se lo hubiesen pedido lo habría hecho de otra manera?
No. No era una historia en la que entra la parte sexual. Tenía un par de personajes sobre los que quería escribir (Aurora y Gloria) y en ese proceso me plantearon escribir un libro mayoritariamente erótico. Pero me negué a escribir una novela únicamente erótica. No quería una sucesión de actos sexuales abundantes, repetidos y porque sí. Es un libro con una carga femenina brutal, pero los personajes masculinos son muy masculinos. Incluso León, el gato, es muy masculino (risas).

- León es un poco el eje vertebrador de la historia.
Sí. Así son los gatos: están y no están. Al final es un poco el lector dentro de la historia.

- Algunos han comparado Mañana a las seis con Cincuenta sombras de Grey ¿Es seguidora de la saga?
No la terminé. Leí lo suficiente como para hacerme una idea del fenómeno. Me parece normal y lógica la comparación porque el libro tiene carga sexual, pero cinco o seis encuentros sexuales en una novela de 400 páginas no es comparable. Creo que Grey es otra cosa… Y me alegro profundamente de la revolución que ha supuesto ese título para un montón de mujeres que conozco. Está muy bien que haya catalizadores siempre que sea para generar cosas buenas.

- Lucía (la protagonista) es una triunfadora insatisfecha enganchada al sexo ¿Cuánto hay de Raquel?
Nada. Es casi una proyección de lo que no quiero ser. Era como colocar todo en un personaje y desear no ser tan tonta como ella. Hay gente que me dice que al principio Lucía les caía fenomenal pero que a medida que avanzaba el libro no la podían soportar. Y eso me pasó a mí. Puedo ser impulsiva, pero no soy una kamikaze. Soy Capricornio, soy reflexiva y un tanto miedosa para algunas cosas. Lucía está en un momento de cataclismo vital. Es una mujer completamente perdida porque no es capaz de sentirse bien con nada de lo que tiene. Es una permanente insatisfecha y muy inmadura. En lo único que nos parecemos es en que las dos tenemos gato (risas). Yo querría ser Aurora.

- Aurora pasa por grandes momentos de dolor ¿Se identifica con ella por eso?
¡Ya me gustaría ser Aurora y tener la mitad de clase y poder! Pasa por una situación por la que pasan todas las personas (la muerte) pero ella tiene tiempo para vivirla, asimilarla… Y lo hace con una dignidad, alegría, comprensión y sabiduría que… Ojalá en cualquier proceso doloroso todos pudiéramos ser como ella. Nos haríamos menos daño a nosotros y a nuestro alrededor.

- ...
Identifico a Aurora con mi mamá y mi abuela. Pero cuando se pone un poco más macarra, ahí sí soy un poco yo (risas).

- Los personajes masculinos tienen tela ¿Se ha inspirado en alguien?
No. No quiero. Es ficción. Siempre hay una amiga que te cuenta cosas, una relación desapasionada que has conocido… Pero hombres como ellos no los conozco ni los quiero conocer. ¡Y que no se me cruce ninguno! (risas).

- Ha dicho que escribir la novela ha sido una terapia y que ha llorado ¿En qué le ha ayudado?
A tomar distancia para observar muchas cosas, a tener un mundo diferente delante de mí. A estar pendiente de ese mundo y no del mío. Hay procesos dolorosos que hay que pasar y no hay que rechazar vivirlos, pero también hay que dar un hueco a la mente para otras cosas. Recuerdo que cuando todo pasó [muerte de Mario Biondo], meses después pensaba que no podía pensar en otra cosa. Ocupaba todo mi mundo. Y eso, que es lógico y normal, hay que ir superándolo. No es dejar de pensar en ello, es también dejar reposar esa tristeza y ese dolor y durante un rato tener la cabeza puesta en otra cosa. Y a mí eso me lo ha dado la novela. Tanto, que su mundo se ha ido haciendo más grande, cogiendo más páginas dentro de mi cerebro y de mi alma. Se convirtió en un lugar al que me gustaba mirar porque era un mundo que podía solucionar escribiendo. Y puedo escribir finales felices, momentos hermosos, hablar de amor verdadero y encapsular la maldad y mandarla al espacio exterior.

- ¿Se ha despedido de algo con la novela?
No he querido. Y me he dado cuenta escribiendo. No quiero cerrar los círculos ni pasar las páginas ni olvidar. ¡No! Lo que quiero es integrar, seguir. Sí querría que la novela y lo que estoy viviendo con ella fuera un puente hacia dejar atrás la parte más amarga de lo vivido. No es dejar atrás lo vivido porque es parte de mi vida y además lo quiero conmigo para siempre. Pero me gusta seguir, continuar, renacer, como hace Lucía. Ojala el libro me permita eso, pero no es para dar carpetazo. Pero la novela no tiene nada que ver con la historia de la que todo el mundo habla: la mía. Tengo 41 años y entiendo que esta historia ha sido lo suficientemente tremenda como para llamar la atención de mucha gente, pero mi vida está llena de cosas y la mayoría son hermosas.

- ¿Se ha reconciliado con algo gracias al libro?
Más que reconciliado, me he aferrado como un náufrago a lo bueno. A la gente buena, los buenos sentimientos, el buen rollo.

- La novela la empezó hace tres años. Tiene que haberle influido lo que le ha sucedido en este último año en su escritura.
Empecé con la construcción de personajes, luego con la sinopsis de los capítulos e intenté trenzar las tres historias para que encajaran. Empecé a redactar hace un año y pico y, por las circunstancias que todo el mundo conoce, tuve que parar. Tenía escritos los primeros 12 capítulos. Cuando decidí retomar la novela, un poco antes de otoño, le dije a la editora que iba a escribir durante una semana pero que si todo lo que escribía era negro, oscuro, no la escribiría. Quería escribir porque es, de alguna manera, la continuación de las cosas que me importaban. Una cosa es que te pase algo en la vida que suponga un antes y un después y otra que te dejes todo el antes porque en el antes había cosas alucinantes. No tengo que renegar de nada, todo lo contrario: me tengo que llenar de cosas preciosas. Que la novela continuara significaba que yo continuaba. Y quería ser positiva escribiéndola. No tenía que ser una historia oscura o triste. Y la historia es exactamente la que estaba planteada pero al final mi visión de ese final ha sido más constructivo aunque podía haber sido más vengativo. Esa parte sí que quizás tiene que ver con lo que me pasó y con las ganas de construir y no destruir.

- ¿Se ha frenado?
Quería que Lucía fuera ejemplo y que al final ella fuera la triunfadora personal. El éxito de la protagonista es hacer las cosas bien cuando lo más difícil es hacerlas bien.

- ¿Ahí la podemos identificar a usted?
No, porque yo no creo que haga las cosas bien. La protagonista convierte algo durísimo en algo espectacular y eso no tiene nada que ver conmigo porque hay cosas que no se pueden transformar en nada bonito. Ahora estoy en una etapa personal prudente y quizás la prudencia ha empapado el final. La protagonista no es agresiva y en eso quizás ha tenido que ver que a mí ahora mismo la agresividad me da sarpullidos. No puedes controlar el mundo, una novela sí.

- Justo después de la muerte de Mario criticaron algunos de sus comportamientos ¿Lo entiende?
Sí. Lo entendí entonces y lo entiendo ahora. Lo más fácil cuando me criticaron por salir sonriendo hubieran sido unas lágrimas… Pero no. Entiendo que una sonrisa en un momento de tristeza absoluta no se entienda si no se ve lo otro: las lágrimas. Pero no voy a compartir mis lágrimas nunca. Lamento que esa sonrisa con mis amigos en aquel viaje a Formentera pudiera molestar, pero sonreía de verdad, sentía alegría de verdad, sentía agradecimiento de verdad. No me arrepiento de haber sonreído ese día. Y lo compartí en agradecimiento a ellos, pero no quise herir a nadie. Y a cualquier persona que esté pasando cualquier trance de cualquier tipo le diría que nunca sienta vergüenza por reír, por 30 segundo de sonrisa. Mañana serán cinco minutos y dentro de unos meses serán horas. Hay que sentirse bien siempre si alguien es feliz.

- Un año después ¿Cómo se encuentra ahora?
Estoy cada día mejor. Me doy cuenta que ha habido gente que quizás se ha sentido irritada por algunas cosas o yo no he estado acertada… pero lo mayoritario que recibo es comprensión. Lo bueno abunda y lo malo es tan pequeño… y cada día más pequeño.

- Empezó en la tele haciendo informativos y ahora hace programas más ‘distendidos’ ¿El libro es un intento de reconducir su carrera?
No tiene nada que ver. Cuando trabajaba en el mundo de la información renegaba de un montón de cosas. Pero el entretenimiento como tal me ha seducido de verdad, me da un arco de posibilidades en la comunicación que la pura información no me daba. Transmitir emociones es alucinante, igual que dar una noticia. Y no quiero ser yo la que tenga la mente tan cerrada como para decir que no se pueden hacer las dos cosas. Se puede entretener y ser creíble. Así que la novela no es un recuperar nada, es ser lo que he sido siempre. Quizás llegará el día en que vuelva a la información pero no reniego del entretenimiento.

- …
Y también te digo que como periodista en estos meses he vivido mucho la no información y a día de hoy me cuesta creerme muchas cosas que leo. He perdido mucha fe en mi profesión. He vivido en primera persona la indefensión. En un mundo en el que la respuesta informativa es inmediata, la de rectificación es eterna. Estamos indefensos y desprotegidos. No me gusta generalizar, pero he visto publicada tanta, tanta, tanta información falsa que ha llegado un momento que me pregunto qué leo.

- ¿Qué información falsa le ha sorprendido más?
Eso no te lo tengo que responder, todo el mundo lo sabe. Afortunadamente, por lo menos, las mentiras caen. El problema es que esas mentiras estuvieron ahí durante unas horas gracias a medios amigos y fueron noticia y publicadas sabiendo que eran falsas. Y eso duele más. Pero eran noticias rentables. Eso hace que en muchos momentos me cueste mucho mirar al mundo de la información con el mismo cariño de antes.

- Apenas una semana después de sacar el libro ya va por la tercera edición ¿Repetirá en la literatura?
No lo tengo planteado porque primero se tiene que examinar Mañana, a las seis. Me falta que la gente me diga lo que piensa y si de verdad la mayoría de lo que recibo es positivo entonces volveré a escribir (risas).

- ¿Ya tiene alguna idea de sobre qué escribiría?
No, pero seguro que será algo completamente diferente porque yo soy un poco así: un día me pongo un vestido de princesa y al día siguiente me visto de guerrera. Me gusta la variedad. Pero ahora quiero disfrutar mucho esto.

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