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Redefiniendo la prima de riesgo

EL PAÍS EL PAÍS 17/06/2014 Santiago Carbó

Antes de 2009, los bonos soberanos europeos eran, en general, valores seguros, referencias por encima de las cuales se medía el riesgo. Hoy algunos de estos bonos se han convertido, en parte, en inversiones especulativas que han atraído buena parte de la liquidez internacional. La búsqueda de la rentabilidad mueve esa liquidez entre diferentes localizaciones geográficas con una velocidad hasta ahora inusitada. Aunque los rendimientos de la deuda pública se están reduciendo en buena parte de las economías periféricas, aún se consideran títulos atractivos. Sin embargo, tampoco se puede obviar que comienzan a producirse ventas considerables y que hacer caja comienza a ser una posición común entre estos inversores. Como las cantidades de estos pasivos acumulados han sido ingentes a ambas orillas del Atlántico y los precios de estos títulos se mueven con una velocidad que no es la usual, se habla de un riesgo de burbuja. Y en particular, de riesgo de burbuja periférica.

Cuando la crisis se cebó con la deuda soberana del sur de Europa, la prima de riesgo se convirtió en un concepto popular. Muchos ciudadanos aprendieron a interpretarla como el riesgo que entrañaba invertir en un país en relación con otro país o referencia más segura, que era y sigue siendo Alemania. Sin intención de molestar ni de parecer enrevesado, interpretar los movimientos de la prima de riesgo es ahora algo más complicado. Hoy se paga más o menos lo mismo por el bono español en euros que por el estadounidense en dólares y, de acuerdo con la definición anterior, tendríamos que concluir que los dos países entrañan similar riesgo. O no, porque lo que sucede es que los diferenciales de tipos responden a muchos otros factores en los mercados hoy en día.

Por otro lado, la prima de riesgo española se ha reducido notablemente en el último año, a veces cayendo en picado. Hubo sobrerreacción cuando las cosas estaban feas en 2012 y hay ahora tal vez demasiado optimismo sobre el recorrido a la baja del coste de los bonos soberanos periféricos. En el caso de España, muchos opinan que la prima de riesgo aún tiene recorrido a la baja. Lo que ocurre es que también debería reducirse (o dejar de crecer) estos pasivos en sí para que el optimismo sobre la sostenibilidad del endeudamiento fuera completo y razonado. Cierto es que el Tesoro español ha aprovechado este contexto y ha hecho grandes operaciones para modificar plazos y/o reducir costes. Es también encomiable la labor que se hizo para gestionar las emisiones en aquellos momentos tan delicados hace unos años, cuando la capacidad del país para colocar bonos estaba en entredicho.

Insisto, si el endeudamiento público no deja de aumentar a los ritmos de los últimos tiempos, crecerá la dificultad para enfrentarse a posibles movimientos bruscos de las primas de riesgo. Porque lo que ha cambiado, de forma sustancial, es la esencia de estos bonos, que hoy son más que nunca objeto de especulación. Sabido que la liquidez vuela rápido, la volatilidad potencial de la deuda (y su coste) sigue siendo alta y, por ello, hay que contenerla para reforzar la perspectiva de sostenibilidad. El Gobierno debería hacer todo lo posible para contener la deuda pública, en paralelo al esfuerzo privado por reducir su carga.

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