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Reina Juana

Notodo Notodo 17/05/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Reina Juana" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Reina Juana"

Concha Velasco es muy grande. Y si había algún tipo de duda, aquí tenemos Reina Juana, el monólogo escrito por Ernesto Caballero y dirigido por Gerardo Vera para mayor gloria de una figura histórica incomprendida y de una de nuestras actrices más yeyés o serias, según década u ocasión.

Aquí nos econtramos a esta Reina confesándose ante el padre Francisco de Borja en las últimas horas de su vida: "¿Cuánto hace que no me confieso? ¿Cuál puede ser mi pecado original? La locura, desde luego que no. Sí, estoy dispuesta al sacramento de la confesión." Aquí veremos los pecados de esta función y nos confesamos ante ella.

"Ave María Purísima"... ¿se dice eso, Padre? Ya no recuerdo, ha pasado tanto tiempo...
Se dice eso, sí. Y muchas cosas más dice el texto original de Ernesto Caballero, una auténtica maravilla que entremezcla los tintes históricos con lo poéticos para dibujar las confesiones de esta Juana con mucho razonamiento y poca locura. Una mujer arrastrada al enclaustramiento, al ostracismo, acusada de estar endemoniada (rumor infundido por su nieto Felipe II).

Un retrato cercano de una figura maltratada por la Historia, que consigue atrapar al espectador (tarea harto complicada a priori) y guiarnos a través de su vida y las conspiraciones de los hombres alrededor suyo, ávidos todos de poder. "Oficialmente estaba loca, ¡me estaba volviendo loca! Porque somos espejos que reflejamos la imagen que se tiene de nosotros. Y de mí se ha esperado tanto...Y yo les he complacido, porque efectivamente nunca he querido pertenecer al mundo, a vuestro mundo, al mundo de los cuerdos. ¡Me moriré siendo reina pero no gobernaré jamás!"



Esta confesión va a ser un tanto excepcional...
...dice la Velasco. Y tanto. Porque la mítica chica ye-ye despliega todos sus recursos y da una auténtica lección de interpretación. Desde la Juana niña hasta la Juana al borde de la muerte, pasando por la Juana repleta de ilusión a la Juana aplastada por el poder de los hombres de su familia, Concha Velasco juega sobre el escenario y se transforma ante nuestros ojos, llenando con su magnética presencia, su voz ronca y sus brilllantes ojos el Teatro de la Abadía. Una maravilla.

Yo confieso
Gerardo Vera, el director, debería admitir grandes culpas por este montaje. La culpa de haber conseguido un espectáculo redondo, estéticamente sugerente, de ritmo cuidadísimo y por haber guiado a una Concha Velasco en estado de gracia hacia los caminos de esta Juana La Loca de pelo blanco y extrema razón a través de las historia de su Santa Compaña familiar.

La penitencia
La penitencia es saber que muy pocas veces se tiene la posibilidad de ver algo así. Y suficiente penitencia es. Así que nada más. Sí, confieso que he visto Reina Juana y me he quedado impresionado por la Velasco, por un texto fantástico sobre esta vapuleada figura histórica y un espectáculo que puede hacer (ser y contar) historia. "Pero, ¿puede ser pecado sentir? Ésta es mi confesión, padre. Absuélvame si lo cree a bien."

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