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Remedios Varo

Notodo Notodo 10/03/2016 José Martínez Ros
Imagen principal del artículo "Remedios Varo" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Remedios Varo"

Existe desde hace tiempo un culto secreto por la obra de la gran pintora hispanomexicana Remedios Varo, extendido por diversos países. Todos los lectores de, por ejemplo, Thomas Pynchon, recordarán que el primer capítulo de una de sus novelas más famosas, La subasta del lote 49, termina con la descripción de uno de sus cuadros. Sin embargo, su nombre ha continuado siendo ignorado a nivel académico, fuera de México, y más aún para el público. Por eso nos complace enormemente que la valiente editorial Atalanta haya publicado un libro magnífico, por un lado catálogo, por otro lado estudio de su obra: Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo, con textos de Alberto Ruy Sánchez, Tere Arcq, Peter Engel, Janet A. Kaplan y Sandra Lisci.

María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga nació el 16 de diciembre 1908, en Anglés, Girona. Desde niña mostró su talento como dibujante y, alentada por padres, en una época donde en absoluto era habitual, inició a los quince años sus estudios artísticos de pintura en la Academia de San Fernando en Madrid donde conoció, entre otros, a Salvador Dalí. Cuando estalló la Guerra Civil, participó en actividades de propaganda en favor del bando republicano. En medio del conflicto, se cruzó con el gran poeta, miembro del movimiento surrealista francés Benjamin Péret, quien se emamoró perdidamente de la joven, bella y magnética Varo. Allí, en la bohemia parisiense, trabó amistad con la plana mayor del surrealismo, desde André Breton a Paul Éluard. Y en París forjó su estilo único, con ecos de El Bosco o Brueghel, pero también de Chagall. "Pero yo no pertenezco a ningún grupo, pinto lo que se me ocurre y se acabó", afirmaba ella.

Pero cuando París era una fiesta, los ejércitos nazis llegaron a las fronteras de Francia. Remedios Varo y Benjamin Peret huyeron, consiguieron abordar un buque lleno de refugiados y llegaron a México D.F. en 1941. En México se separa de Péret (que regresa a la Francia liberada) y, durante unos años, se gana la vida a duras penas, mediante mil trabajos precarios, como ilustradora entomológica, cartelista publicitaria o dibujante de laboratorio. Su suerte empezó a cambiar, después de conocer, también en México, a su segundo marido, el musicólogo vienés Walter Gruen, quien la animó a reanudar su actividad artística.

Pronto se hizo un nombre en la escena artística mexicana. Entre sus admiradores, estaba el mismo Octavio Paz, que afirmó: "Esta mujer pinta lentamente rápidas apariciones". En ese momento de mayor actividad, se produjo repentinamente su muerte. Era el 8 de octubre de 1963. Tenía sólo cincuenta y seis años. Se encontraron entonces una serie de cuadernos en los que, desde hace muchos años atrás, había dejado anotados sus sueños, en los que encontró la inspiración de sus pinturas. Y es que si hay cuadros que parecen pintados con los mismos pigmentos con los que se traza un sueño son, sin duda, los suyos.

Sus obras, sus motivos, su extraño y laberíntico mundo interior, es el motivo de estudio de esta obra. Esos desconcertantes paisajes arquitectónicos, los personajes de fábula desprovistos de su contexto habitual, el halo místico y onírico que lo envuelve todo, la vuelve tan atractiva como imprevisible.

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