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República, quizás sangre

Logotipo de El Mundo El Mundo 05/10/2017 RAÚL DEL POZO

Puigdemont ha asegurado que se proclamará la independencia de Cataluña. Sólo faltaban los cardenales y los frailes de Montserrat para traernos a la memoria las imágenes de Mark Twain: "Las flotas de todo el mundo pueden navegar cómodamente en la vastedad de la sangre inocente que ha sido derramada por nuestra religión".

Entre signos de caqui y de púrpura, movimientos de tropas, ternurismo pornográfico de agitadores con flores -mientras pinchan las furgonetas de los guardias y los acorralan-, la lucha continúa. El espectro de la extinta Convergencia y la CUP han convocado al president a un Pleno ordinario-excepcional el próximo lunes.

Y cuando la patriada estaba a punto de apoderarse de Cataluña, Felipe VI ha tomado la senda de la Constitución. El Rey se ha puesto enfrente del populismo nacionalista y de su intentona apoyada por las masas. El mensaje llegó pocas horas después de la insurgencia y los amotinados han respondido así al Borbón: "Después de oír al Rey, república o república".

Alfonso Guerra, uno de los padres putativos de la Constitución, como el Comendador, se ha bajado de la estatua para defender a su hija, declarando a Carlos Alsina que esta batalla la tienen que ganar los demócratas, no los golpistas, con los que no se debe negociar: "Todos los fascismos han nacido de un movimiento nacionalista". Se lo ha dicho a una izquierda tan entontecida que cree que lo de Cataluña va de democracia y de modernidad, cuando han reinventando la Edad Media, reclamando fueros y cupos medievales. Activistas cercanos a los secesionistas me dicen: "Sabemos que el Estado está dispuesto a actuar con extrema dureza. Pero, ¿cómo explicarlo a la gente? Estamos a un minuto de que haya sangre. Hay un sector del soberanismo, el más pragmático, que cree que hay que llamar a elecciones para aclarar las tinieblas".

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Los rebeldes no se salen de su discurso, según el cual esto va de democracia. Es inútil contestarles que en una democracia no puede haber un poder superior a las leyes. "Para ser libres -habló Cicerón- hay que ser esclavos de las leyes". Cuando el delito es apoyado por la multitud, la ilegalidad se olvida; por eso, un dirigente histórico del PSOE comenta: "Estoy muy preocupado. Nadie sabe cómo va a terminar esto".

Se percibe el estado de desasosiego típico de las situaciones sin salida y va a resultar casi imposible lograr que la ciudadanía vuelva derrotada de los días de ensueño. Como escribía Pla, "los políticos no le dicen a la gente que las cosas de este mundo son limitadas y relativas".

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