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Retos valencianos ante Europa

EL PAÍS EL PAÍS 24/05/2014 Miquel Alberola
Retos valencianos ante Europa © Scott Camazine Retos valencianos ante Europa

Europa no es un reto ocasional para los valencianos. Ni siquiera es nuevo. La vocación europeísta de la Comunidad Valenciana está vinculada a su actividad productiva desde la eclosión de la naranja, a finales del siglo XIX. Más allá de los Pirineos había una Europa industrializada con una gran demanda de fruta fresca y la revolución del transporte casi hizo el resto. El producto valenciano fue un monopolio en el Reino Unido, Alemania y Francia, y su exportación articuló una vibrante red económica que transformó en gran manera a la sociedad valenciana, abriéndole la mentalidad a Europa.

Desde entonces, Europa es el principal mercado para los valencianos, con un amplio espectro de productos en cuya cúspide están los vehículos, las frutas, los productos cerámicos, la maquinaria y el calzado. Francia es el primer cliente de la Comunidad Valenciana (en 2013 sus compras ascendieron a 3.309 millones de euros), seguido de Alemania (2.702), el Reino Unido (1.802) e Italia (1.662). Por productos, Alemania es el principal comprador de vehículos, seguido del Reino Unido, Francia e Italia. También el primero de los clientes de nuestros agrios, con Francia, los Países Bajos y el Reino Unido por detrás, mientras que Francia es el más importante comprador de cerámica y calzado.

La Comunidad Valenciana, a través de los Fondos Estructurales, ha realizado en poco más de dos décadas un proceso de convergencia con Europa que le ha permitido pasar de un nivel de renta per cápita inferior al 75% a superar el 90% de la media europea de los 28, si bien es cierto que en los últimos años, con la fuerte sacudida de la crisis y las servidumbres de su modelo productivo, su posición se ha alejado de la media al caer al 84%. Este retroceso, con importantes consecuencias financieras (en recepción de fondos, en inversiones), obliga a la Comunidad Valenciana a afianzar más su posición en Europa.

La Estrategia 2020 de la Comisión Europea supone una oportunidad para los valencianos. Sus prioridades son el crecimiento inteligente (acercamiento al patrón de una economía basada en el conocimiento y la innovación), el crecimiento sostenible (uso de los recursos eficaz, verde y competitivo) y el crecimiento integrador (alcanzar un alto nivel de empleo y profundizar en la cohesión económica, social y territorial).

Mientras se sustancia esa estrategia, los empresarios valencianos confían en los planes de empleo juvenil de la Unión Europea, de los que la Comunidad Valenciana recibirá en los próximos dos ejercicios 103 millones de euros y de cuyos fondos la Generalitat prevé gestionar 974 en el periodo 2014-2020. La otra gran esperanza empresarial es el corredor ferroviario mediterráneo, una red transeuropea por la que transportar los productos que se enfrenta a muchas dificultades económicas.

Pero Europa no es solo una máquina expendedora de subvenciones y oportunidades. También exige. José Vicente González, presidente de la patronal Cierval, considera que para no perder competitividad, una de las prioridades, también asumida por la UE, es la reindustrialización. El objetivo es que en 2020 la industria represente el 20% del PIB. Pero no una industria cualquiera. Cierval está preparando un programa sobre desarrollo inteligente, enfocado no solo a la industria, con el propósito de que se pueda incluir en los planes europeos.

El programa marcará líneas estratégicas priorizando las fortalezas productivas con unos ejes fundamentales. Uno de ellos está relacionado con la salud y la calidad de vida, donde cuenta con “médicos excelentes”. González sostiene que la Comunidad Valenciana puede aspirar a ser “una especie de Houston de Europa” complementado “con un clima excelente” para el acompañante de los pacientes. “Tenemos las bases sentadas en cosas muy competitivas y hay que darles un empujón”, defiende. La industria de los bienes de equipo y todo lo relacionado con los procesos de producción es otro de los puntos fuertes, como la industria agroalimentaria.

El reto es introducir actividades de mayor calidad sobre nuestro potencial económico. “Las cosas no se pueden inventar a partir de cero y ponerse a cien. Hay que centrarse en lo que tenemos y hacerlo bien”, subraya. Hemos sido receptores de la Unión Europea y somos de los que mejor hemos aprovechado esos fondos, y eso lo saben en Europa. Ahora lo que esperan de nosotros es que nos apliquemos a cambiar el modelo económico y a ser competitivos. Tenemos los mimbres y con esos mimbres hemos hecho cestos que se venden en todo el mundo. Lo que tenemos que hacer es hacer más cestos y venderlos mejor”, sugiere.

Aparte de las exportaciones, el turismo fue el otro vehículo que nos acercó a Europa. José Miguel Iribas, sociólogo especializado en el diagnóstico territorial, urbanístico y turístico, razona que, con sus divisas, fue el responsable de la modernización del sistema productivo en los años sesenta y setenta. Incluso mantiene que “sigue siendo el elemento que equilibra la balanza de pagos y eso permite comprar bienes de equipo para que la industria funcione, porque el valor añadido es brutal”.

El turismo supone el 13% del PIB valenciano y tiene efectos multiplicadores en el resto de sectores. Iribas defiende que “crea mucho más empleo que la Ford y más estable, sin planes Renove ni ayudas fiscales”.

En ese sentido, apunta que la salida productiva que tiene la Comunidad Valenciana, fundamentalmente, es el turismo, ya que “tiene una posición de liderazgo asegurada a muy largo plazo”. Aun así, el sociólogo señala que tiene deberes que hacer si quiere seguir siendo competitiva.

Primero, preservar el territorio, porque los turistas vienen, entre otras cosas, “porque el territorio tiene unas características extraordinarias y muy poco repetibles”. La Comunidad Valenciana, pondera, tiene el mejor binomio accesibilidad-excelencia territorial y el reto pasa por “dar valor al territorio, cosa que no se ha hecho durante la burbuja inmobiliaria”.

Durante los diez años de urbanismo desenfrenado se ocupó tres veces más suelo que en toda la historia. Ahora la Comunidad Valenciana tiene un 40% de ocupación de suelo sellado en cota 100 y no queda margen, por lo que “hay que medir muy bien en qué se va a emplear”. Sostiene que el turismo se concentra en zonas hoteleras (“fuera de los hoteles hay poco turismo: hay negocio inmobiliario y otras cosas”), que la eficiencia del territorio es mayor en el caso de sistemas intensivos (ciudades densas con hotelería) que en el caso contrario (diseminados con chalés) y que la relación de flujo económico entre lo uno y lo otro es de 157 euros por metro cuadrado a uno.

El segundo problema que debe resolver el turismo es su “falta” de innovación: “En materia de ocio no se ha avanzado nada desde la discoteca, fue el último gran invento del ocio”. Iribas urge en ese sentido: “Si no innovamos, terminaremos peleando por precios, y si peleamos por precios tenemos las de perder”. Desde su punto de vista, se pueden incorporar mercados emergentes nuevos que ahora tienen problemas y poner en riesgo la hegemonía. “Hay que pelear por hacer cosas distintas, por hacer cosas muy innovadoras, como lo fue en su momento autorizar el uso del biquini en Benidorm o el topless”.

Uno de los inconvenientes que afronta el sector es que la oferta de las playas “sigue siendo la misma que hace 30 años, cuando no hay ninguna industria que en 30 años no lo haya hecho porque hubiese cerrado”. En ese tiempo, no ha habido más especialización de playas que las nudistas, por lo que el experto ve “interesante” la transformación de ofertas. La playa se ha convertido para la Administración en un elemento de inversión mínima, cuando “es el escaparate de la ciudad”.

Y un gran potencial. Las playas con mayor aceptación son las urbanas, y la Comunidad Valenciana “es la que más tiene de lejos”. Según sus datos, en España hay 5.300 playas, pero urbanas, con dimensiones suficientes para generar producto turístico, y cálidas y de arena, hay unas 80. Es decir, la superficie de todas ellas “es una sexta parte de una estación de esquí”. “Es un suelo excepcional, un regalo de la naturaleza que convoca a la gente y deberíamos poner algo de nuestra parte: los paseos marítimos suelen ser malos, los servicios que se ofrecen rutinarios y con una búsqueda de la rentabilidad muy grosera… Y la playa es el 75% de la renta turística total”, enfatiza.

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