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Richard Evans: "El nacionalismo catalán no es del siglo XIX... es de 1930"

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 CARLOS SALAS
© Proporcionado por elmundo.es

NOMBRE: Richard Evans (Woodford, Gran Bretaña) ESTADO CIVIL: casado, dos hijos EDAD: 70 años. PROYECTO DE VIDA: seguir escribiendo la historia para entender al ser humano. LIBRO: 'David Copperfield', de Charles Dickens. PELÍCULA: 'Con la muerte en los talones', de Hitchcock. UNA LECCIÓN: que todos escriban un libro y lo vendan.

¿Sabían que en el siglo XIX había en Bélgica fábricas que empleaban a niños de cinco años con jornadas de 14 horas? ¿Sabían que en Baviera el 20% de la población vivía al borde de la pobreza en el siglo XIX, y ahora es una de las regiones más ricas de Europa? Todas esas historias reveladoras y muchas más, están en el último libro del historiador británico Richard Evans (Gran Bretaña, 1947). Se titula La lucha por el poder (Editorial Crítica). Abarca los cien años que van desde la caída de Napoleón en 1815 hasta el comienzo de la primera Guerra Mundial en 1914.

Evans, -conocido por su trilogía sobre el Tercer Reich-, ha escrito casi 20 libros de historia, una materia por la que se apasionó desde muy joven. En Gran Bretaña está considerado como uno de los más sólidos historiadores. Es presidente del Wolfson College, una universidad de Cambridge que admite principalmente a posgraduados. En esa ciudad fue hasta 2014 Regius Professor de Historia, lo cual para un historiador británico es casi un título nobiliario. La novedad de este libro es que explica cómo la lucha histórica por el poder no tuvo esta vez como protagonistas a las clases dirigentes, sino que, por primera vez en la historia, en el siglo XIX los protagonistas fueron los revolucionarios, los partidos, los banqueros, los industriales, las clases medias, los campesinos, los trabajadores, las mujeres, los analfabetos... Fue la rebelión de las masas.

Con su estilo ameno de escribir -lleno de anécdotas-, Evans recuerda mucho a esa clase de personas que, cenando con amigos, suelen soltar curiosidades históricas con un "¿sabían que...?"

Perdone que le moleste, pero creo que se ha equivocado con el título de su libro. ¿Cómo? Cuenta tantas cosas novedosas que se debió titular «Todo lo que usted no sabía del siglo XIX y debería saber». El título La lucha por el poder se debe a que es rápido de leer. Mi editor me dijo: «Imagina que el libro está sobre la estantería de una librería gritando ¡Cómprame, cómprame! Necesitas un título corto». ¿No cree que la historia europea está muy dominada por el punto de vista británico? No. Cuando era estudiante, toda mi generación de historiadores estaba influida por Richard Cobb. Era un especialista sobre la historia de Francia y, aunque enseñó en Oxford, estuvo viviendo muchos años en Francia: se consideró un francés más, llegó a hablar fluidamente hasta la jerga de los parisinos, incluidos los insultos. Era excéntrico. Pensaba que si querías escribir de un país, tenías que hacerlo desde dentro. ¿Fue su maestro? Sí. Cuando empecé a escribir mi doctorado sobre historia de Alemania, me dijo. «Fantástica idea. Vete a ese país. Emborráchate en sus bares. Vive con ellos. Acuéstate con sus mujeres». Para un joven de 21, eso sonaba muy bien. Me fui a vivir a Alemania largo tiempo. Cumplí esa idea romántica de adquirir una segunda identidad. Pero tiene sus límites: nunca serás parte de ellos. ¿Aprendió alemán? Aprendí alemán y leí a muchos historiadores alemanes, que a su vez estaban influidos por la forma alemana de escribir historia. ¿Hay mucha diferencia con la forma británica? Totalmente. Una de las primeras cosas que me impresionó es que los libros de los historiadores alemanes estaban llenos de notas a pie de página, hasta el punto de que se arrastraban hacia arriba de la página y pasaban a la siguiente. Pero a la vez, tienen esa gigantesca autoridad académica que impresiona y, por supuesto, el uso de los conceptos de la ciencia social como método. Deme un ejemplo. En mi primer trabajo de investigación tuve que manejar un montón de estadísticas. Volvamos al libro. ¿Ha descubierto algo sorprendente? Lo más extraño del XIX era la servidumbre. Había grandes partes de la población de Europa, no solo de Rusia o los Balcanes, sino de Alemania, Austria y Hungría, que estaban sometidas a la servidumbre. Duró hasta pasada la mitad del siglo y en algunas áreas incluso más. Los campesinos no eran libres. Tenían que trabajar para sus dueños sin recibir paga alguna. En Italia y en España era muy común no recibir sino parte de la cosecha. Y eso te daba una posición de inferioridad. Algo que sorprende de su libro es saber que la mayor parte de los europeos eran campesinos, a pesar de la Revolución Industrial. Para mí eso fue muy sorprendente. En efecto, la mayor parte de los europeos vivía en el campo. Incluso en Alemania. Sí. Estaba llena de terratenientes. Las relaciones cambiaron con la industrialización de la agricultura, pero muchos campesinos todavía usaban métodos medievales. Usted cuenta que en Austria, a mitad de siglo XIX, había un tren medieval tirado por caballos. Ja, ja. Sí. Los famosos trenes austriacos. ¿Y la religión en el siglo XIX? Ocupaba una posición central en el pensamiento de la gente. Sucedía incluso en una Europa secular. Es muy extraño. Nos ayuda a entender las pasiones que hay hoy detrás de los conflictos de Oriente Medio. ¿Cree que en las universidades hay que estudiar más la historia del XIX para entender el siglo XX? Nos hemos obsesionado con el siglo XX, con la historia de Mussolini, Hitler, Franco, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, y por eso trato de revivir el siglo XIX. ¿Qué personaje le atrae más de ese siglo? ¿Napoleón? No. ¿Bismarck? No. Fue implacable. Imagine que tuviera la oportunidad de conocer a uno de ellos. Vale: Metternicht. Era una persona muy civilizada y cultivada. Muy conservador. Pero se podía debatir con él. En cambio, me daría miedo si me hubiera encontrado con Bismarck, porque seguro que me retaba con su guante, y no podría debatir nada con él. Y en el caso de Gran Bretaña, al primer ministro Disraeli, que además fue novelista y muy sabio. Hubo muchos personajes, pero quizá los que más me atraen no están en los niveles más altos. ¿Y el invento que más le llama la atención de esos años? ¿El coche, el teléfono, la electricidad? La bicicleta. ¿La bici? Viviendo como vivo en Cambridge, lo mejor es la bicicleta. La usamos para todo. Es fantástica, un invento excelente y no tiene desventajas. La mayor parte de los inventos tiene alguna. Por ejemplo, usted dirá: el avión. Pero los aviones se usaron para tirar bombas. Las primeras bombas se lanzaron de un avión sobre Libia en 1911. ¿Y el teléfono? Con el telégrafo aceleraron las comunicaciones, y esa revolución dio lugar a Internet, que es un genio con dos caras: una de ellas es mala. No me cabe duda de que la bici es mi preferida porque es inofensiva. ¿La alfabetización dio lugar a las revoluciones de ese siglo? Bueno, hay varias formas en que la gente se rebela. Cuando se rebelan contra la opresión es porque no tiene voz. No pueden articular su voz a través de un parlamento o partido. Hay una forma tradicional de rebelarse: quemar las casas de los terratenientes, destruir los documentos que les esclavizan, eliminando las deudas o cometiendo actos violentos. La mayor parte siempre han sido analfabetos... ¿Hay modelos de rebelión? Ha habido dos modelos de insurgencia para cambiar las cosas en tiempos modernos. Uno es el de la Revolución Francesa: surge una insurrección urbana con barricadas, levantamientos, declaración de la República... Y el otro es el británico, que consiste en introducir reformas graduales, ampliando el poder del parlamento. Ha habido una especie de competición en el siglo XIX entre estos dos modelos. En el XX, continúa: se toma el modelo jacobino francés para la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, mientras que el británico se expande por otros países. En algunas partes de Europa como en España tienen el golpe de Estado, debido a la influencia de Napoleón en el XVIII. Son oficiales que usan el mismo método. Hablando de las revoluciones de 1840 y 1870, si pudiéramos suprimir 200 años desde entonces, ¿el comunismo podría surgir hoy? En 1848, a pesar del Manifiesto Comunista, el comunismo era una pequeñísima minoría. No tuvo mucho apoyo. Había grupos influidos por el jacobinismo de la Revolución Francesa, y de las sociedades secretas, conspirando. Cuando el marxismo se convirtió en un serio movimiento de masas, fue a partir de 1860, y lo que revela es el crecimiento de la clase obrera industrial y de los artesanos empobrecidos, yendo a trabajar a las fabricas. Pero no fue un poder como tal hasta que se formó la socialdemocracia en Alemania y Austria en los 60. ¿Por qué fueron los jóvenes europeos tan contentos a la Primera Guerra Mundial? Pensaron que sería muy corta. ¿Estamos de vuelta al nacionalismo? Me refiero especialmente a los británicos y el brexit. Me preguntaba cuánto iba a tardar... El nacionalismo es una de las grandes fuerzas del siglo XX. La idea de formar un grupo lingüístico e histórico, incluso religioso, o una combinación de ellos, para que tenga su propio estado, como Alemania o Italia, o para liberarse de la dominación extranjera como los polacos, es algo que se extendió por el mundo, incluso hasta nuestros días. Piense en que, desde que se formaron las Naciones Unidas (1945), ha habido un montón de naciones nuevas, y continúa sucediendo, algunas muy pequeñas. Es consecuencia del imperialismo, por haber creado colonias y países artificiales, y del colapso de los imperios. La idea del nacionalismo incluso hoy, sigue extendiéndose en algunas zonas como en Escocia, o Cataluña, y, aunque menos, en Gales. ¿Ha habido muchos periodistas españoles que le han preguntado por el nacionalismo catalán? Todos y cada uno. ¿Se siente bajo presión hablando de temas catalanes? No. La única vez que estuve sometido a presión fue en 2015 cuando era entrevistado en una televisión china en inglés. Querían que me pronunciara contra el imperialismo japonés, respecto a la disputa por unas islas, y lo hacían a través de una entrevistadora encantadora y guapa, con mucho glamour, lo cual era una táctica. Pero tenía claro que no iba a decir eso, porque el imperialismo japonés correspondía a la Segunda Guerra Mundial. Volviendo a Cataluña, en su libro no dice nada del nacionalismo catalán en el siglo XIX, excepto para hablar del cabaré Els Quatre Gats. Es que el nacionalismo catalán es una cosa de principios del siglo XX, de 1930 más o menos. ¿Y el nacionalismo inglés? El brexit está movido por nacionalistas ingleses. Viene de los años 90 del siglo XX, de la reacción ante los nacionalistas escoceses. Los ingleses querían su propia representación, ya que no hay un Parlamento inglés [es del Reino Unido], y los escoceses sí lo tienen. No hay un verdadero resentimiento contra los extranjeros. Se ha exagerado la angustia contra la emigración. ¿Ha visto la película Dunquerque? Sí, la he visto. ¿Es creíble? Es ficción. No es creíble en el sentido de que es una película que no pretende ser un documento histórico. De hecho está basada en pequeñas historias. Los historiadores alemanes dicen que la película ignora que Hitler ordenó a sus tanques detenerse para pactar la paz con Churchill. No es así. Usted apenas dedica a Dunquerque una hoja en su libro sobre el Tercer Reich en guerra, y no menciona nada de eso. Lo hago. Digo que los generales alemanes pidieron parar porque estaban agotados. Los oficiales más veteranos dijeron que podían porque los británicos no iban a escapar. Un historiador británico dijo una vez que todo historiador tiene prejuicios. ¿Cuáles son los suyos? Todos tenemos nuestros prejuicios, pero debes que tomarlos en cuenta. Yo sé que estoy más a la izquierda en política. Pero trato, en la medida de lo posible, de familiarizarme con figuras históricas de la derecha. A pesar de que Bismarck fue destructivo, fue constructivo en otros aspectos. Un historiador tiene que ser honesto. Puedes tener tu ego pero te debes decir: «No escribes propaganda». Tienes que saber de dónde vienes. Y aunque yo proceda de la izquierda, eso no me impide reconocer la enorme destrucción que hubo durante la Revolución Francesa. Usted dice que entonces murió más gente, en proporción, que en la Primera Guerra Mundial. Incluyendo las guerras napoleónicas, sí.

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