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Roedores 'zombis': logran activar el instinto depredador en ratones

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 12/01/2017 Teknautas

Investigadores de la Universidad de Yale (EEUU) han aislado el circuito cerebral que coordina el comportamiento depredador y cazador en los ratones y han sido capaces de activarlo a voluntad. El estudio, publicado hoy en la revista 'Cell', muestra que una serie de neuronas en la amígdala empuja a estos animales a perseguir a sus presas, mientras que otro conjunto de células se encarga de mover el cuello y la mandíbula para morder y matar.

Los investigadores utilizaron técnicas de optogenética, que permiten activar y desactivar neuronas de forma selectiva mediante estimulación lumínica, para controlar las células responsables de estos comportamientos. Cuando el láser estaba apagado, los animales actuaban con normalidad. Al encenderlo, los ratones se convertían en 'caminantes' como los de 'The Walking Dead', persiguiendo y mordiendo todo lo que se cruzaba en su camino, desde tapones de botella a palitos de madera.

Uno de los ratones muestra un comportamiento depredador con un grillo. (Ivan de Araujo) © Externa Uno de los ratones muestra un comportamiento depredador con un grillo. (Ivan de Araujo)

"Encendíamos el láser y saltaban sobre un objeto, lo agarraban con sus garras y lo mordían intensamente como si intentaran capturarlo y matarlo", explica en una nota de prensa el investigador de la Universidad de Yale y autor principal del estudio, Ivan de Araujo. En la naturaleza, la caza está formada por comportamientos muy complejos que guardan relación entre la mayoría de vertebrados con mandíbula, incluido el ser humano. "Ha jugado un papel evolutivo a la hora de moldear el cerebro", añade el científico.

Curiosamente, los ratones no atacaron a sus compañeros de jaula: "El sistema no generaliza la agresión, sino que el comportamiento está relacionado con el interés del animal en obtener comida". Por ese motivo, los roedores hambrientos actuaban con mayor violencia contra sus 'presas' durante la estimulación lumínica que aquellos que tenían el estómago lleno.

A la caza de los grillos

El objetivo de De Araujo es comprender los mecanismos neuronales que existen tras los comportamientos alimenticios de los animales. Tras mapear las áreas del cerebro asociadas con la alimentación y la caza, el investigador brasileño detectó una zona que respondía casi exclusivamente a la depredación. Esa región, el núcleo central de la amígdala, también estaba relacionada con el control de músculos importantes para la caza como la mandíbula y el cuello.

Manipulando de forma selectiva los diferentes tipos de neuronas de dicha región, los investigadores encontraron una serie de neuronas que controlaban la persecución y otras que gestionaban la muerte de la presa. Para estudiar los efectos, se utilizaron objetos inertes como palos y tapones, pero también insectos vivos.

Los investigadores también lesionaron cada tipo de neurona para estudiar su función. Descubrieron que, si dañaban aquellas células asociadas con los mordiscos y la muerte de las presas, los animales perseguían su captura pero no la mataban. Además, la fuerza de sus mandíbulas se redujo en un 50%: "Eran incapaces de atestar el golpe de gracia". El equipo investiga ahora cómo ambos módulos —el que controla la persecución y la muerte— se coordinan.

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