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Rohingyas atrapados en tierra de nadie

Logotipo de El Mundo El Mundo 03/10/2017 JAVIER ESPINOSA

Como el resto de los miles de refugiados atrapados en la pequeña franja de tierra de nadie, Dil Mohammed incide en una nueva preocupación añadida: la presencia de minas antipersona en la demarcación fronteriza.

"Las explosiones han matado a 4 y han dejado a 8 heridos", asevera quien se graduó en la Universidad de Rangún.

Dil describe el caso de una señora que, según él, "perdió las dos piernas, cuando la recogimos no tenía nada de la cadera para abajo", refiere gesticulando y describiendo la escena con las manos.

Tomburu, en el distrito de Bandarban, es uno de la media docena de enclaves fronterizos donde las autoridades de Bangladesh han acusado a Birmania de colocar este tipo de artefactos explosivos para impedir el retorno de los huidos

rohingya.

"Colocar minas en el camino porque el que seguramente pasarán familias va más allá de no tener corazón. Los peligros que enfrentan miles de rohingya que huyen de las atrocidades en Birmania son ya lo suficientemente letales sin tener que añadir minas terrestres", alertó Meenakshi Ganguly, directora de Asia en Human Right Watch, el pasado día 23.

Dil Mohamed años señala hacia la empalizada cubierta de alambre de espino que marca el acceso a Birmania y aclara que su aldea, Mae Di, se encuentra a poco más de 6 kilómetros del conglomerado de chozas encajonado entre esa valla y el riachuelo que custodian los Guardias de Frontera de Bangladesh en Tomburu. Una distancia que ahora resulta insalvable para este rohingya de 51 años y el resto de los huidos.

"No podemos regresar y tampoco podemos entrar en Bangladesh. Pero no queremos quedarnos en Bangladesh. Nuestro país es Birmania. Nos quedaremos aquí, en tierra de nadie, hasta que nos dejen volver", afirma.

El relato de Dil es el que repiten una vez tras otra los miembros de esta comunidad sometidos a la brutal

campaña de limpieza étnica

ejercida por el ejército de Birmania y sus aliados paramilitares. Los soldados llegaron a las 10 de la mañana y sin previo aviso comenzaron a disparar y prender fuego a los chamizos de su pueblo. Uno de los hijos de Dil, un chaval de 23 años, fue herido por una bala aunque ahora se recupera en un hospital de Bangladesh.

"Son unos terroristas", asevera el exiliado en referencia a los uniformados. Dil reconoce que miembros del Ejército de Salvación rohingya de Arakan (ARSA) atacaron una posición de la policía a "15 kilómetros" de su poblado, pero no entiende cómo se justifica la represión generalizada que ha aplicado el ejército birmano contra "de toda la población Rohingya".

"Fue algo inmediato. Los ataques se produjeron el 24 por la noche y tan sólo horas después ya estaban quemando aldeas", añade.

"Algunos jóvenes pensaron que la única opción para responder a la opresión que sufrimos cada día era la lucha armada. Pero no tienen ninguna capacidad. No tienen armas", opina.

En el caso del villorrio de Taung Pyo Let Yar, Arif -uno de sus vecinos- dice que en el asalto también participaron miembros de la minoría budista Mogh e integrantes del movimiento 969, una formación radical liderada por monjes tan tristemente célebres como

Ashin Wirathu, que se declaraba orgulloso de ser apodado el Bin Laden del budismo.

"Nos dispararon con morteros. Las explosiones mataron a una docena de aldeanos", rememora Arif.

Cientos de familias de Mae Di, Taung Pyo Let Yar, pero también de poblaciones situadas a decenas de kilómetros de la frontera, terminaron confluyendo en Tomburu y tras cortar la verja que señaliza la frontera intentaron pasar a Bangladesh, pero en este caso Dhaka dio la orden de bloquearlos en tierra de nadie.

Hasta aquí no llega el río Naf que divide Birmania de Bangladesh en el distrito de Coxs Bazar. La región de Bandarban está dominada por las colinas y la espesura.

© Proporcionado por elmundo.es

Con la ayuda de vecinos del área y algunas ONGs locales, los rohingya levantaron un nuevo campo de acogida con cañas y plásticos tan paupérrimo como los que se suceden al sur de Coxs Bazar.

Las chozas se alinean a lo largo de una extensión que ocupa más de 16 hectáreas -unos 40 campos de fútbol, según calculó la agencia Reuters- y pese a la miseria que comparte con destinos como Kutupalong o Balukhali, los dos principales conglomerados de refugiados al sur de Coxs Bazar, lo cierto es que al menos aquí no rige el caos que se observa en estos últimos.

"Cada 20 familias tienen un masi (responsable), que se encarga de repartir la comida y de representarles cada vez que hay una distribución de ayuda", relata Dil, que también ejerce como uno de los dirigentes del lugar.

Al tiempo que Aref y Dil se expresan, en una de las cabañas cercanas se está procediendo a la entrega de bolsas con utensilios de cocina y cubos de plástico.

Ajenos al peligro de las minas

Los soldados bangladeshíes permiten que los rohingya atraviesen el riachuelo que rodea su emplazamiento para aprovisionarse de alimentos en el área del entorno. Algunas vacas desnutridas, las pocas que consiguieron salvar de la ofensiva, se encuentran pastando por los alrededores, no lejos de los grupos de niños que exhiben sus habilidades con las canicas bajo las plataneras. Otros pasan el tiempo jugando a la pata coja.

Pese al peligro que entrañan las minas, se pueden ver a pequeños grupos de Rohingya que atraviesan la linde y se desplazan por los alrededores, ya dentro del territorio birmano. Varios de ellos aclaran que suelen viajar a los aldeorrios más próximos a la frontera para intentar rescatar algunos enseres.

"Nosotros perdimos todo el arroz que habíamos recolectado. Yo tenía 1600 kilos en casa en bolsas apiladas una encima de otra. El arroz tarda mucho en arder y todavía se puede ver el humo", explica Abdur Sukkur, de 40 años.

La mayoría menea la cabeza o endurece la mirada cuando se les inquiere por Aung San Suu Kyi y su promesa de que los Rohingya podrían regresar a sus tierras una vez que se "verificase" su identidad, algo más que improbable ya que la mayoría dice que huyó casi con lo puesto y sus documentos fueron incinerados junto al resto de sus magras posesiones.

Según informó este lunes el ministro de Exteriores de Bangladesh, AhM Mahmud Ali, Birmania ha presentado una propuesta para aceptar el regreso de los expulsados, aunque sin especificar los detalles de tal proyecto.

"Estamos intentando encontrar una solución pacífica a la crisis", añadió Ali, que se reunió con Kyaw Tint Swe, consejero de

Suu Kyi,

que se desplazó hasta Dhaka, la capital de este país.

"Nosotros también nos manifestamos en la calle por la liberación de Suu Kyi. Por eso no entendemos cómo puede ser tan inhumana y negar lo que está ocurriendo. ¿Cómo puede ignorar que están violando a nuestras hijas y matando a nuestros hijos? ¿Cómo pueden decir que estamos quemando nuestras propias casas?. Lo único que le pedimos a la comunidad internacional es que lleven al ejército y a Suu Kyi ante el Tribunal Internacional de La Haya", sentencia Arif.

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