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Sáez: "Somos los que abrimos el melón del encuadre"

Logotipo de El Mundo El Mundo 01/10/2017 MIQUEL HERNANDIS ALICANTE

En la pantalla de su ordenador el dibujante Paco Sáez enseña como un pícaro taxista sube a Tadeo Jones y sus compañeros para emprender una alocada huida por las estrechas callejuelas del Darro. Una escena hecha enteramente a partir de los bocetos de su equipo.

Sáez explica el proceso creativo que realizan para crear una de las películas más exitosas del cine español,

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. El dibujante, nacido en San Miguel de Salinas, cuenta como a «partir del guion nos metemos en una reunión con el director [Enrique Gato] y los artistas que participamos en esa secuencia en concreto». Previamente cada uno se ha estudiado ya el guion completo, con lo que se pueden poner a «atacar cada secuencia».

Estas reuniones «se convierten en una pequeña lucha de ideas en la que cada uno defiende las que le van saliendo». Ejemplo de ello es la persecución por el Darro de Granada, que les daba juego para meter muchos gags que no estaban escritos, «si el guion describe cómo va de un punto A a un punto B un personaje, no describe todo lo que va a pasar, de ahí que se den sugerencias para aumentar el número de gags, y cuando están aprobadas se van dibujando». «Son reuniones de horas en las que todos vamos dando ideas», comenta. Y ya solo en su departamento creativo son siete.

El dibujo es hecho a mano pero digitalizado gracias a las nuevas tabletas, lo que agiliza el proceso. Su suma crea la animación en bruto, en la que marcan unos tiempos en pantalla y voces referenciales, que no son aún las de los actores finales pero sirven a los animadores para dibujar el lip-syncing, la sincronización de labios con la voz. Con ello consiguen ya darse cuenta de si la secuencia funciona o no, «gracias al tiempo y el acting que realizan los personajes y los diferentes planos que se usan para contar la historia».

© Proporcionado por elmundo.es

La película se plantea enteramente de esta manera, convirtiéndose en el esquema antes de que otros departamentos entren a trabajar. Este material es el que entregan al director «y sobre él va dando feedback», como si hay que quitar planos o no. Tras esas correcciones, una vez aprobado, se pasa al trabajo en 3D «donde el director ya toma las riendas de la secuencia». «Nosotros somos los que abrimos el melón del encuadre, la primera vez que viene de la historia a los dibujos más básicos», resume Sáez, «necesitamos este esqueleto para que producción pueda ver lo cara que puede salir una secuencia».

«Las hacemos con 10 veces menos presupuesto de lo que cuesta una película americana», destaca. En este caso contaban con unos 9 millones para intentar repetir el éxito de la primera, que llegó a los 60 en la taquilla global. La presión de participar en una de las secuelas más esperadas asegura que solo se notó en la fecha del estreno. «Era como una espada de damocles», cuenta, y «se ve reflejado en secuencias que las armamos demasiado complejas y tenemos que ir a algo más... porque no llegamos».

Con un mes ya con la película en la calle

, «la sensación es fantástica, porque prácticamente está haciendo los mismos datos, con la salvedad de que con el 3D eran las entradas más caras. Ahora estamos rondando los 2.500.000 de espectadores».

A pesar de ese éxito, «nunca sabes lo que le va a gustar al espectador, aunque tengas todo a tu espalda, tienes un poco de nervios y te preguntas si funcionará. La taquilla siempre es un enigma». La única respuesta que es válida, es «que la película sea buena». Y él comprueba si el público lo entiende así, «me gusta meterme en el cine de forma anónima para ver si los gags funcionaban y es espectacular cuando se parten con escenas que estabas dibujando a mano».

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