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Sólo me sale: ¡Gracias!

El Mundo El Mundo 03/06/2014 MIGUEL SEBASTIÁN

Cuando a principios de los años 80 me encontraba estudiando en Minnesota, un Estado americano con pocos latinos, tuve la ocasión de entrar en contacto con muchos argentinos y chilenos que estaban, bien estudiando, bien trabajando, en los EEUU, casi todos ellos refugiados, o al menos exiliados de sus respectivas dictaduras militares. No sólo nos contaban el drama de los desaparecidos y torturados, sino también detalles de la pésima gestión económica y política de los militares, sobre todo en el caso argentino (las Malvinas, la hiperinflación...). Vivíamos una época convulsa. Y los golpes de Estado de derechas no estaban mal vistos, en particular por la Administración de Reagan.

A los pocos meses de estar allí se produjo el asalto al Congreso de los Diputados por parte de Tejero. "Ahora os toca a vosotros" nos decían nuestros amigos latinos. "No podremos volver a España", nos decíamos entre los españoles; "tendremos que traernos a nuestras familias", afirmaban los mas previsores. Fue una tarde terrible, sin información de ningún tipo. Cuando salió el secretario de Estado de los EEUU, Alexander Haig, a decir que era "un asunto interno" de España, sin condenarlo, nuestra preocupación se convirtió en angustia. El golpe, nos temíamos, estaba sentenciado.

En un mundo sin internet ni móviles, y en un Estado de EEUU donde un golpe militar en España despertaba el mismo interés mediático que el que pueda despertar aquí un golpe en Tanzania, nuestro único vínculo con lo que estaba ocurriendo en nuestro país era el contacto telefónico con nuestros familiares en España. Cada llamada la compartíamos y comentábamos hasta la saciedad. Reunidos muchos colegas españoles a la hora de la cena nos llegó la noticia que el Rey había parado el golpe. Hubo una explosión de jubilo, como la que imagino también hubo en millones de hogares españoles. Muchos españoles salieron en Madrid a la calle en una gigantesca manifestación de la que recuerdo una única pancarta que decía «Viva el Rey». Nosotros también salimos, en el frío invierno minnesotano, por el campus de la Universidad con una enorme pancarta en una memorable manifestación. Muchos de nosotros, republicanos por convicción, nos hicimos ese día juancarlistas de corazón.

Tanto en mi etapa de director de la Oficina del Presidente como en la de ministro del Gobierno de España, me he visto varias veces con el Rey, algunas de ellas a solas en su despacho. No sé si será por su cercanía o por mi timidez, nunca me atreví a hablarle de esto; ni a darle las gracias por lo que hizo ese día.

En los próximos días habrá multitud de artículos que evaluarán los casi 40 años del reinado de Juan Carlos I, probablemente los mejores de nuestra Historia; tanto en el plano político como económico y social. Está claro que la Monarquía ha cometido errores y yo estoy convencido de que el nuevo Rey, Felipe, que está sobradamente preparado y conoce perfectamente a su país, sabrá adaptar la institución a los nuevos tiempos. Más transparencia, más rendición de cuentas, menos fanfarrias, y todo eso. Habrá que convencer a los jóvenes de que la Monarquía no sólo tiene sus contras, también tiene sus pros. Y de que la Republica no sólo tiene sus pros, también tiene sus contras. Pero no creo que sea el día para ello. A mí, al menos hoy, no me sale. Hoy sólo me sale: ¡Gracias, Juan Carlos!

Miguel Sebastián es ex mInistro de Industria, Turismo y_Comercio.

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