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Santos y Zuluaga se enzarzan sobre la negociación con las FARC

EL PAÍS EL PAÍS 10/06/2014 Silvia Blanco, Elizabeth Reyes L.

Los candidatos a la presidencia de Colombia agudizan al máximo sus diferencias sobre la negociación de paz con la guerrilla, el tema decisivo de estas elecciones, reducida a una cuestión en blanco y negro. Los matices desaparecieron del cara a cara televisado que mantuvieron la noche del lunes el presidente Juan Manuel Santos, que busca la reelección el 15 de junio, y su rival uribista, Óscar Iván Zuluaga. “Tenemos la oportunidad única, tal vez la última, de lograr la paz”, afirmó Santos, que ha hecho del diálogo con las FARC, que él inició en 2012, su principal bandera política y su apuesta para un segundo mandato.

Zuluaga, vencedor de la primera vuelta de hace dos semanas, ha concentrado sus energías en presentar a Santos como un traidor que fue elegido como candidato del uribismo –porque el propio Álvaro Uribe, presidente entre 2002 y 2010, no pudo optar por ley a un tercer mandato— con sus ideas de acorralar a las FARC y que, de pronto, empezó a negociar con ellas. “Usted engañó a millones de colombianos. ¿Por qué cambió?”, le ha espetado un Zuluaga, que trataba de mostrarse contundente e incluso agresivo mientras, como Santos, miraba a cámara. Ambos fueron ministros de Uribe, Zuluaga de Hacienda y Santos, de Defensa.

Primero han marcado sus diferencias sobre la naturaleza de la guerra. Para Santos, es fundamental reconocer que existe un conflicto armado -“si no se hace, es imposible encontrar una solución”-, con una dimensión política, mientras que Zuluaga no cree que nada de eso sea necesario. Él plantea “una paz negociada sobre la base de que quienes cometen actos de terrorismo acepten suspenderlos” y ha aprovechado para enumerar parte de las condiciones que le pondría a las FARC para seguir hablando si gana las elecciones, que son “el mínimo”, como que dejen de “asesinar a policías y soldados”, de poner minas y reclutar a niños.

Zuluaga marcó una línea divisoria clara: “Usted busca la paz con impunidad, y yo la paz basada en la justicia”. Con habilidad, Zuluaga le preguntó a Santos por una de las cuestiones más delicadas para los colombianos, la participación en política de los guerrilleros una vez acabe el conflicto. Para eso ha empleado una imagen concreta que genera un gran rechazo: “Yo quiero paz”, ha dicho Zuluaga, “pero no quiero ver a Timochenko (jefe maximo de las FARC) en el Congreso. Dígale al país si quiere que Timochenko esté en el Congreso”.

Santos ha reaccionado repitiendo que “no hay ni puede haber impunidad”, pero ha ido más allá de su discurso habitual –discreto respecto a la negociación por lo sensible del asunto—y ha dicho: “Si alguien comete delitos de lesa humanidad, debe ir a la cárcel” e insistió en que la gran diferencia con su opositor es que Zuluaga quiere seguir con la guerra y él, acabarla.

Zuluaga fue más agresivo que en otros debates. Santos aprovechó la situación para dar una imagen de serenidad al pedirle, en varias ocasiones, que se calmara. Se llamaron mentirosos, se disputaron el papel de quién defiende mejor a los pobres –aunque ambos son de derechas— e intentaron mostrarse como los que más han hecho por el campo. Zuluaga ha desplegado su discurso de hombre cercano del pueblo: “Soy de las provincias, donde empecé mi carrera política hace muchos años (…) He recorrido el país en todas y cada una de sus regiones”, para dejar en evidencia la gestión de Santos –que se llamó a sí mismo el “presidente de los cafeteros”-- en agricultura. “¿Entonces, por qué fue derrotado (en la primera vuelta) en toda la zona cafetera?”, preguntó Zuluaga, refiriéndose a las regiones que vivieron los mayores paros en años. Santos entonces se armó de cifras. “Triplicamos el presupuesto del agro y modificamos la política para ayudar a pequeños y medianos campesinos”, agregó

Santos y Zuluaga también chocaron sobre las fuerzas militares. El opositor le cuestionó al presidente que por dedicarse a negociar con las FARC se estuviera desmoralizando a los uniformados y propuso que los militares puedan pagar sus penas por crímenes que cometieron durante su servicio, sin tener que estar en la cárcel. “Se golpea a las Fuerzas Militares y de policía cuando se da pie a la impunidad de aquellos que los asesinan”, dijo Zuluaga, insistiendo en que el modelo de Santos es una “paz con impunidad”. El presidente se defendió recordando que la ofensiva militar se ha mantenido mientras se negocia en La Habana. “La paz para cualquier soldado es la victoria”, dijo casi al finalizar el debate, defendiendo la salida negociada al conflicto armado que cuestiona con dureza el uribista y que le hizo vencer en primera vuelta.

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