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Sara Mesa

Notodo Notodo 12/04/2016 José Angel Sanz
Imagen principal del artículo "Sara Mesa" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Sara Mesa"

Sara Mesa exploró el universo de la culpa (entre otros cuantos, como la obsesión o la soledad) en la que fue su novela más aclamada, Cicactriz, la que disparó su nombre en las listas de los mejores libros de 2015 en suplementos culturales y revistas especializadas. Era la cuarta de la autora sevillana, pero los que la descubrimos en ésta y después nos dimos el gusto de leer su obra previa nos dimos cuenta de que siempre estuvo presente en sus tramas y personajes como una presencia constante, vertebradora. En Mala letra ese sentimiento trepa hasta casi el mismo título, que hace referencia a la advertencia de profesores y Cuadernos Rubio sobre las malas consecuencias que su práctica traería aparejada. “Hay que escribir como Dios manda”, le decían a Mesa en tono amenazante. Vaya ojo.

Como en toda narración que se precie sobre la culpa, muchos de los relatos que se reúnen en este trabajo viajan a la infancia, que ejerce de vientre en el que se gestan pensamientos y conductas. Varios de ellos rebosan de, al menos, síntomas biográficos. Personajes solo en apariencia simples, el característico lenguaje espontáneo de la escritora, alejado de efectos y virtuosismos, y una mirada lateral sobre asuntos por los que todos hemos pasado con mayor o menor suerte. Aquí vuelve a flotar esa aspereza a la que se enfrenta el que se aleja de lo que la sociedad dicta que es correcto. Finales abiertos sin el menor atisbo de efectismo.

Es cierto que Mala letra es irregular. Que no todos sus relatos están a la altura de sus trabajos previos. Pero contiene algunos, como Creamy milk and crunchy chocolate o Papá es de goma, que merecen la máxima atención y todos los elogios. En ellos conviven la contención con la sugerencia y múltiples rendijas por las que a las historias les llega el necesario oxígeno y al lector la imprescindible luz para completar el juego.

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