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Seis meses después, Filipinas continúa su reconstrucción

EL PAÍS EL PAÍS 08/05/2014 El País
Seis meses después, Filipinas continúa su reconstrucción © eduardo estrada Seis meses después, Filipinas continúa su reconstrucción

Seis meses atrás, el Súper Tifón Haiyan (llamado Yolanda), el más fuerte que se cree haya tocado tierra, azotó Filipinas. 14,1 millones de personas resultaron afectadas, 4,1 millones desplazadas y las perdidas y daños se totalizan en un estimado de 14.000 millones de dólares. Más de 6.200 personas murieron y miles más continúan desaparecidas.

El mundo observó como Haiyan marcó terribles estadísticas en el grado de devastación y destrucción. Impactó a Filipinas, el país más expuesto a tormentas en la tierra, cuando aún estaba conmocionado por el Tifón Bopha y por un terremoto de magnitud 7,1 ocurrido un mes antes.

Mientras hacemos un balance de la increíble labor que se ha hecho en un tiempo muy corto, la temporada 2014 de ciclones en el Pacífico está a punto de comenzar. Un promedio de 20 tifones se estrellan contra Filipinas cada año. Si una gran tormenta golpeara las zonas afectadas ahora, podríamos estar ante una situación humanitaria mucho más grave.

La experiencia de Haiyan confirmó lo que muchas organizaciones han estado afirmando desde hace años: que los riesgos de las situaciones de desastres son más reales en los pobres, los marginados y los sectores vulnerables de la sociedad, incluyendo las mujeres y los niños. Estas son las personas que no tienen las redes de protección social y la capacidad para protegerse y recuperarse, y por lo tanto son quienes sufren más durante los desastres y enfrentan el mayor riesgo de perder sus bienes materiales –cuando no pierden sus propias vidas–. En el caso de Haiyan, esto se traduce en 2,6 millones de hogares y 5,9 millones de niños más pobres.

En las semanas cruciales posteriores al tifón y en los seis meses que han transcurrido, Plan Internacional ha movilizado rápidamente recursos en todo el mundo, canalizando fondos y donaciones a Filipinas para contribuir con su proceso de recuperación. Las acciones han generado más de 50 millones de dólares, una de las mayores contribuciones hasta la fecha de las ONG internacionales dedicadas a niños. Plan Filipinas apoya en siete áreas sectoriales –la protección y la violencia basada en el género; la educación; la salud; la nutrición; el agua, el saneamiento e higiene; la recuperación temprana, la subsistencia y la agricultura; y la vivienda– incluyendo la participación en grupos interinstitucionales y asociaciones. Hasta la fecha, 143.171 hogares repartidos en 43 municipios afectados por desastres ya han sido beneficiados por las actividades de socorro de Plan, muy superiores a la cobertura prevista de solo 22 municipios y 75.000 hogares. La extraordinaria capacidad de resistencia del pueblo filipino iguala el entusiasmo del apoyo mundial. En Plan Filipinas, el aprovechamiento de las energías de nuestras comunidades asociadas, y el apoyo en todo el proceso de autorecuperación se convirtió en el foco de nuestro trabajo.

Un punto esencial en el proceso de recuperación es la inclusión de los niños: para verlos no como objetivo o receptores finales, sino como participantes activos del proceso. A través de nuestras alianzas estratégicas con otras organizaciones humanitarias, hemos organizado la evaluación infantil inicial múltiple y rápida y otros foros de participación que involucra a los niños, quienes aprovechan sus intervenciones para informar sobre los procesos de planificación DRRM, la evaluación de los planes de respuesta y la evaluación de las necesidades después de los desastres.

Ahora, sólo existe el estándar de proyectos de calidad con beneficios duraderos que ayuden a las comunidades a prepararse para los retos del futuro, donde la única manera de construir, es volver a construir mejor y más seguro.

En las primeras semanas después de Haiyan, conocí a agricultores que en vez de pedir alimentos, pedían las semillas que sembrarían para cosecharlos. He conocido a niños, que a pesar de haber experimentado grandes traumas y pérdidas, mantienen, milagrosamente, un brillo de esperanza en sus ojos. Siempre me sorprendo por las actitudes positivas de los niños en situaciones de desastre y cómo las enfrentan. Verlos en circunstancias peligrosas, como estas, me rompe el corazón. Pero también refuerza mi determinación y la de mis equipos a persistir en nuestro trabajo para contribuir a una mejor calidad de vida. El proceso de reconstrucción tomará años y más inversiones a medio plazo, reducción del riesgo de desastres y educación. Pero lo que nos mantiene en movimiento hacia adelante es el espíritu filipino irrompible, esa marca única de resiliencia que ahora se conoce en todo el mundo. Haiyan nos enseñó muchas lecciones en la canalización de nuestro desarrollo y los esfuerzos humanitarios de forma más sostenible. Nuestros beneficiarios nos enseñaron algo mucho menos medible: que ante un desastre, no hay que perder la esperanza, ya que, la vida, después de todo, continúa.

Carin van der Hor, directora de Plan Filipinas.

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