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Sentido de Estado

EL PAÍS EL PAÍS 12/06/2014 Cartas al Director

A raíz de la abdicación del Rey, los medios de comunicación, como es lógico, han analizado el hecho desde todos los ángulos posibles. Tras la lectura de algunos artículos y oír y ver a algunos tertulianos me ha asaltado una gran preocupación. Hay un término usado en múltiples ocasiones: “Sentido de Estado”, y me preocupa porque no sé muy bien qué significa y si disponer de, al parecer, tan apreciado don te convierte en mejor ciudadano, en alguien que desde su altura de miras pone el beneficio de todos por encima de sus intereses partidarios o de otro tipo. Tampoco sé si se nace con esa cualidad o cómo se puede adquirir o si hay que ser político para poseerla. En fin, un mar de dudas.

Mi problema es que si tuviera sentido de Estado tal vez comprendería por qué mi pensión de jubilación tributa porcentualmente más que los beneficios de una gran empresa. Del mismo modo, entendería que se pueda pagar 645,30 euros de salario por trabajar ocho (o más) horas diarias. O que ocupemos el segundo lugar en el ranking de pobreza infantil de los países de la UE. Mi falta de sentido de Estado me impide comprender que se puede llamar frikies o antisistema a millones de votantes de determinadas opciones políticas. O que no es necesario consultar a los ciudadanos cómo quieren ser gobernados o cualquier otra cuestión.

En resumen: tengo un problema de difícil solución. Y lo tengo por creer que el sentido común era la cualidad más importante para gobernar un país. Ahora veo lo equivocado que estaba: lo que importa es el sentido de Estado.— Juan José Añó Oliver.

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