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Shirley Baker

Notodo Notodo 19/07/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Shirley Baker" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Shirley Baker"

Se cree que fue la única mujer dedicada a la fotografía en las calles británicas de la postguerra y su obra ofrece un relato limpio, honesto y sin artificios de la Inglaterra de los años cincuenta. En sus imágenes, la fotógrafa documentó con gran sensibilidad el desalojo de familias enteras y la demolición de sus viviendas en Manchester y sus zonas metropolitanas. Entre los años sesenta y principios de los ochenta algunos barrios marginales de varias ciudades del norte de Inglaterra sufrieron un proceso de demolición, que desembocó en una drástica reconfiguración del paisaje. Esta muestra rinde homenaje a Shirley Baker a través de algunas de sus imágenes más conocidas y otras inéditas que ofrecen un amplio recorrido por una obra que revela un retrato empático, aunque alejado de la sensiblería, de la vida de esa gente corriente y de la innecesaria destrucción de su comunidad.

Un trabajo que refleja el interés de la fotógrafa británica en las personas y en su relación con las cosas y los espacios. Sus fotografías en blanco y negro, además de algunos de sus primeros trabajos en color, protagonizan esta muestra en un juego de variaciones visuales, que empujan al espectador a sumergirse en la cotidianeidad de esas personas que poblaban las grises calles inglesas. Las mujeres hombres y niños protagonistas de las fotografías de Baker son las personas humildes y trabajadoras de estos barrios, forzados a vivir en la miseria durante meses o incluso años, todo a su alrededor era demolido. Así, sus fotos nos dan una visión exacta de cómo eran las casuchas y escondrijos de Manchester cuando todavía existían las construcciones de la revolución industrial.


El sueño de Shirley Baker era trabajar para el periódico The Guardian, pero esta documentalista caracterizada por su humanismo pasó practicamente desapercibida durante el más de medio siglo de su carrera y acabó trabajando en sus propios proyectos durante seis décadas. La fotógrafa no solo realiza un registro del cambio social sino que también ofrece al espectador una visión apasionada de las interacciones humanas en su día a día. La muestra pone en valor su importancia como narradora de unas historias que dan visibilidad a todo el espectro de la resistencia humana. Sus fotos documentan la pobreza y también el aguante y la obstinación de las víctimas, cuya mirada central, pesar del título de la exposición, se centra particularmente en las madres y sus hijos dejando a los hombres en un segundo plano.

La marca Baker supone la introducción de un ingrediente nostálgico y vitalista a la vez, pues aunque los personajes se muestran en un entorno de pobreza, casi todos parecen felices. Baker optó por aplicar su objetivo a los momentos que nos acercaban a seres humanos que, pese a su precaria situación, todavía apostaban por un futuro positivo para sus vidas dentro del contexto de la erosión gradual de la cultura obrera y del tejido urbano de la ciudad. Actitudes como la emoción, la alegría o el compañerismo cobran un sentido a través de la su cámara, convirtiéndose en la certeza de que, aún en ciertas condiciones, existe un halo de esperanza y un deseo de aglutinar la historia social, la inocencia y la felicidad. La suya es una denuncia social, en la que abunda el elemento descriptivo, fiel a la realidad, pero sobre todo, auténtica.














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