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Sin baloncesto no hay Madrid

El Mundo El Mundo 23/04/2014 LUIS FERNANDO LÓPEZ
Photo © Proporcionado por elmundo.es Photo

El Real Madrid, éste, se ha hecho célebre por notas invisibles ayer, por un baloncesto preciosista del que no hubo rastro.Y así desapareció, sin encontrar nunca el sosiego en un encuentro horrendo. El Olympiacos impuso otro modelo, ruidoso, igualmente digno. Porque la intensidad y el carácter son una forma de talento no despreciable. También es pura clarividencia la capacidad de un entrenador como Georgios Bartzokas para explotar las deficiencias del contrario, que son inocultables cuando pierde su identidad.

El Madrid es un conjunto vulgar sin acierto exterior -5/22 en triples, un 22%- y cuando ve interferida su circulación de balón. El Olympiacos cambiaba en los bloqueos, sin reparar en las consecuencias, asumiendo las secuelas de que un pívot acabe emparejado con un base, o viceversa. Aceptaba ese riesgo, que no supo penalizar el visitante, demasiado individualista en la búsqueda de soluciones, lejos del enfoque cooperativo, incapaz de mover la pelota con la velocidad necesaria para encontrar superioridades. Así, el local acabó casi doblando en asistencias (19) al Real Madrid, que se quedó en 10, dos menos que las pocas de un par de días antes y la mitad de las que promediaba en la primera fase del torneo. La estrategia griega funcionaba en defensa y en ataque lograban explotar la mayor movilidad de sus pívots, para conseguir segundas opciones. Dunston acabaría con siete rebotes ofensivos, desequilibrante en un encuentro que se planteaba alrededor de su rival, Bourousis.

El center madridista estaba en cuarentena tras el desfalco sufrido dos días antes.Y el arranque pareció una prolongación del pasado, con dos rebotes ofensivos del Olympiacos y con cuatro puntos anotados en bandeja. Un pésimo presagio para el Madrid, que resistía con heroicidades de Rudy, pero sólo recompuso el gesto cuando halló el mínimo equilibrio exterior-interior, gracias a Bourousis. Su mate para el 6-10 (min. 5) cambiaba de perfil el partido.

Laso reafirmó el valor del factor Bourousis manteniéndole en la cancha con dos faltas prematuras, en seis minutos justos. Quería apuntalar ese flanco antes que cualquier otro, sin embargo, cuando lo logró, se topó con mayores fugas en el perímetro, donde ninguno de sus exteriores prodigiosos comprometía al rival. Consecuencia: los blancos entraron en un bucle de ofuscación que se prolongó hasta el drama del 32-21.

El Madrid se veía bombardeado desde el triple y sólo se sostenía en ataque con las migajas de los tiros libres. Había desperdiciado ocho minutos del segundo cuarto y 11 lanzamientos sin acertar.

Carente de fluidez, resultaba tan irrelevante que ni siquiera 19 minutos de sequía de Spanoulis, anulado por Darden & Llull, le servían felicidad en una eliminatoria que sólo parcialmente se juega con las piernas y las manos. Las extremidades están muy sobrevaloradas.

Cuando la flama empieza a calentar las suelas, el deporte cambia de parámetros. En situaciones como ésas, acuden los spanoulis. El mismo Spanoulis, con cinco puntos consecutivos, zancadilleó a un Madrid que intentaba peraltarse rumbo al descanso, de manera que el partido, de forma nítida, se dirigía a un embudo, por donde nunca cupo el Madrid.

Llegó a empatar justo antes y justo después de la frontera del último cuarto, pero ejerciendo de opositor. El Olympiacos encontraba siempre un turbo: Spanoulis, con siete asistencias y seis rebotes, en una mala tarde (en el tiro); Lojeski, certero en momentos calientes y, sobre todo, Dunston, un pívot saltarín de hombros oceánicos. En el Madrid, sólo Rudy confirmaba valor de campeón de Europa, con Mirotic insistiendo en su depreciación y Sergio Rodríguez viéndose abandonado por las hadas, como muestra de un equipo desposeído de su espíritu triunfal y falto de personalidad para conquistar una cancha ardiente, donde cayó en 12 de sus 13 visitas.

Jugarse el acceso a la Final Four como anfitrión, mañana (20.45 horas), es una situación perfecta para el Real Madrid, sin embargo, quien sueña hoy es el Olympiacos, campeón de la Euroliga en 2012 y en 2013, siendo siempre inferior. Supuestamente, como ahora.

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