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Sin casco y sin toga

EL PAÍS EL PAÍS 03/06/2014 El País

Enrique López tiene, sin duda, los nervios de acero. Durante seis años fue el centro de una agria disputa entre los dos principales partidos españoles, PP y PSOE, para repartirse los puestos en el Tribunal Constitucional. López, que fue portavoz del Consejo General del Poder Judicial, era rechazado una y otra vez por los socialistas mientras los populares insistían en su idoneidad para el cargo. El magistrado aguantó, el PP, también, y, finalmente, el año pasado hubo acuerdo y el protagonista de esta historia pudo entrar en tan alta institución.

Este fin de semana ha echado por tierra, sin embargo, tanta disputa y, sobre todo, su carrera político-judicial. Pillado por la policía nacional saltándose un semáforo en rojo, Enrique López, apenas un año como miembro del Constitucional, conducía su moto sin casco y con unas cuantas copas de más; tantas, que su falta es un delito con pena de cárcel y también con sanción social. Estos excesos ya no cuentan con la tolerancia de antes y López ha dimitido tras comprobar la falta de apoyo del partido de Rajoy, que se ha expresado con un rotundo y doloroso silencio.

Como aviso a navegantes, es decir, a todos aquellos que saquen sus motos este verano, no es despreciable. Circular en tales vehículos y en las circunstancias antes detalladas no solo es un peligro evidente, para uno mismo y para los demás; también conlleva el riesgo de ser atrapado por los agentes de la autoridad. Todo lo demás es negativo: para el propio López y para el partido que le apoyó hasta forzar al máximo la negociación. Porque puede que una imputación por corrupción tenga demasiados recovecos como para que alguien quede proscrito de manera inmediata, pero un hombre que, para colmo, intentó sortear tontamente la prueba de alcoholemia soplando mal... es el fin abrupto de una carrera.

No es el primer personaje público que tropieza con las estrictas normas de seguridad vial. Por desgracia, no será el último, pero los casos de López, como los de otros políticos, son paradójicos: vulneran las leyes que ellos mismos dictan y aplican. Por fortuna, hoy aceptan el castigo rápido y con cierta deportividad.

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