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Sinaia: el recuerdo y la esperanza

El Mundo El Mundo 12/06/2014 MARÍA VERZA

Con la costa española en el horizonte, dos hombres hablan en la cubierta de un barco un tanto destartalado, el Sinaia, que llevó peregrinos musulmanes a La Meca, armenios a la URSS, nudistas a disfrutar del Mediterráneo y ahora traslada a 1.599 republicanos españoles al exilio. Es 26 de mayo de 1939. La guerra civil española se acerca a su fin y el Sinaia acaba de partir del puerto francés de Sète (en la costa Azul) rumbo a un México desconocido para la mayoría.

-Ahí a 25 km está mi casa, ahí quedan mi madre, mi hermana, mi huerta...- dice uno de los refugiados.

-Mi casa la pasamos ayer. Hace casi tres años que salí. Después cayeron en la lucha mis dos hermanos. Hace poco murió mi madre, murió de pena... Ya no tengo nada en España. -contesta el otro.

-¿Y sabes como es la tierra en México? A mi que me den un azadón y lo demás queda de mi cuenta.

Dieciocho días más tarde, más de 20.000 personas, alentadas por el gobierno del general Lázaro Cárdenas, se apiñaban en el muelle del puerto de Veracruz, bajo un sol abrasador, para darles la bienvenida con vítores y pancartas, algunas ya míticas por los malentendidos que suscitaron como la de 'El sindicato de tortilleras les da la bienvenida'.

Hoy, 75 años después de aquel viaje, los protagonistas que sobreviven, junto con sus hijos y nietos, vuelven al puerto mexicano a compartir recuerdos a la sombra de una bandera republicana. La embajada española no participa en los actos. "Queremos que quede muy claro que nuestros padres defendieron lo que era correcto por eso desde Veracruz vamos a gritar que viva México y que viva la República".

Recuerdos de una niña exiliada

Isabel Rosique tiene 87 años y tanta fuerza en sus palabras como claridad en sus recuerdos. Habla con ELMUNDO.es antes de viajar a Veracruz, donde sus compañeros le han encargado el discurso del aniversario en un momento muy especial. "Lloré al ver las manifestaciones a favor de la República estos días, es muy emocionante comprobar que los jóvenes se acuerdan de por qué lucharon sus abuelos".

Los Rosique, como el resto de familias de los más de 20.000 exiliados que llegaron a México al final de la guerra civil han mantenido muy viva la memoria de aquellos tiempos. Y el viaje del Sinaia fue la "gran aventura" de entonces, donde se mezclaba la alegría y la nostalgia.

© Proporcionado por elmundo.es

Isabel, entonces una niña de 12 años, dejaba atrás los bombardeos de la guerra civil o aquella vez que se escapó del refugio y vio volar la cabeza de un hombre en plenas Ramblas. Atrás quedaba también la salida a Francia durante la contienda obligada por su padre para que aprendiera francés (el idioma que luego le salvó la vida) o la huida de Barcelona con 'la ropa de domingo' metida en una mochila en medio de la noche y la nieve de enero del 1939, mientras desde el monte del Tibidabo veían entrar a las tropas de Franco.

"Mi padre nos tiraba una pelota y nos decía que corriéramos hasta ella y allí le esperásemos. Gracias a eso la huida fue casi un juego...hasta que llegó el miedo, cuando los aviones alemanes nos dispararon".

Los Rosique tuvieron que separarse al cruzar la frontera. El padre de Isabel llegó al campo de concentración de Argelés. La madre y los tres hijos pulularon por Francia hasta que les llegó la noticia de que estaban en la lista de refugiados que el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas invitaba a viajar a México.

Temieron que su padre no estuviera porque había roto con el Partido Comunista los militantes tenían prioridad. Pero sí. Entre la multitud de españoles harapientos y cansados que se amontonaban en el puerto de Sète a finales de mayo del 39 estaba su padre "aunque yo ni lo reconocí después de su paso por el campo de concentración, pesaba 44 kilos". "Fue una emoción que no podíamos ni imaginar, todas las familias reencontrándose".

Rumbo a América

A bordo del Sinaia convivieron hombres, mujeres y niños (incluso una niña nació en el trayecto), intelectuales, obreros y campesinos de todas las corrientes políticas que lucharon contra el Francisco Franco. Era la primera expedición masiva de exiliados organizada por el gobierno de la ya moribunda Il República Española a través del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles, el SERE, aunque antes, en 1937, habían llegado a México, (en concreto a la ciudad de Morelia) 461 menores conocidos como "niños de Morelia".

"A la una y media de tarde zarpó el Sinaia. España va dignamente representada. Emoción y solidaridad. La falta de alambradas hace que la imaginación crezca y cada uno forme planes sobre el porvenir. El sol distiende los músculos y concentra el pensamiento. Asco detenido al ponerse en contacto con baños y duchas. Sustitución de uniformes y arbitrarios indumentos de los campos de concentración con lo mejorcito que guardaban las maletas", decía el periódico que comenzaron a editar de forma artesanal los periodistas e intelectuales a bordo.

La idea de este diario era dar consejos para la vida común a bordo, hacer anuncios y convocar a conciertos, bailes y conferencias sobre México en las que se hablaba de las ideas políticas de Cárdenas pero también de las enfermedades y la geografía del país. Pero, sobre todo, el objetivo era levantar el ánimo. "Circulan unas píldoras contra el mareo. También deberían circular píldoras contra la nostalgia", narra otro número del diario.

Y es que la mezcla de alegría y tristeza era grande. "Yo me la pasaba cuidando un bebé y luego en el baile pero cuando cruzamos el estrecho de Gibraltar, ahí lloré, todos lloramos al escuchar el discurso de Antonio Zozaya hablando de la 'patria amada que se aleja' y que 'solloza bajo el yugo del opresor'. Era muy emocionante".

El Sinaia hizo una escala en Madeira y otra en Puerto Rico y aunque los españoles no pudieron bajar las recuerdan gran cariño la solidaridad que encontraron. "En Puerto Rico nos acercaban comida al barco, nos llevaron mangos y frutas que ni conocíamos", dice Rosique abriendo los ojos como platos apasionada con los recuerdos. "Fue impresionante". "España, te saludamos fraternalmente al pisar primeras tierras de América", decía un telegrama urgente desde San José de Puerto Rico dirigido a "todos los pasajeros del Sinaia".

Pero lo mejor fue la llegada. "La noche del 12 de junio estábamos ya frente a las costas de Veracruz y nos empezaron a hacer fotos para los pasaportes. Yo me puse un vestido que mi madre me hizo durante el viaje y ahí esperamos", rememora Rosique. Los faros del puerto mantenían la atención de todos pero había muchos nervios.

"Nos decían que igual no nos recibían bien por lo que los españoles habían hecho a los indios pero ¡fue una fiesta! Estaba todo lleno de gente y con pancartas de bienvenida".

Después de ese 13 de junio de 1939 llegaron otros barcos también con refugiados con lo que se nutrió la comunidad de españoles en el exilio, muchos de los cuales no volvieron a pisar España.

"Yo volví por primera vez en 1978 oí una sardana y se me iban los pies", comenta la catalana. Pero de las cosas que más le dolieron a Rosique fue la ignorancia de mucha gente de su familia sobre lo que había pasado durante la guerra. "Ya le dije a (el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez) Zapatero cuando vino: hasta que los libros en las escuelas no cuenten bien lo que pasó en la II República, el pueblo español seguirá ciego".

Ahora, sin embargo, tiene esperanza. "Por fin me estoy dando cuenta de que cada vez los españoles saben más". Por eso, en apoyo de los que piden un referéndum sobre la monarquía, confiesa que hoy acabará su discurso con cuatro palabras: "Viva la III República".

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