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Spain is different: 11 marcas España

EL PAÍS EL PAÍS 01/06/2014 El País
Ilustración elaborada por EL PAÍS. © Proporcionado por El Pais Ilustración elaborada por EL PAÍS.

Los niños nacidos en Murcia, Alicante o Barcelona no tienen nada que envidiar a los que han venido al mundo en Hannover, Manchester, Estocolmo o Marsella en cuanto a esperanza de vida. Al contrario. El horizonte vital de los españoles es el más longevo de toda la Unión Europea, con una expectativa de 81,8 años al cumplir los 12 meses, según los últimos datos de Eurostat, oficina estadística comunitaria, correspondientes a 2012. Inmediatamente por detrás están Italia (81,6), Francia (81,4), Suecia (81) y Chipre (80,4). Ligeramente más descolgados, están Reino Unido (80,3) y Alemania (80,2).

Buena parte de la explicación —en la que entran muchos factores: desde las condiciones climáticas a hábitos de vida saludables— reside en el sistema público de salud. “El gran descubrimiento español de los últimos decenios ha sido la extensión y universalización de la sanidad”, relata Antonio Abellán, demógrafo especializado en envejecimiento del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Entre la reducción de la mortalidad infantil y la mejora de la asistencia, “hay más gente llegando más lejos”. Aunque como recuerda Carme Borrell, del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública, no hay que olvidar que los índices de mortalidad actuales reflejan la historia de los últimos 15 o 20 años. Por ello, las tasas de muertes por cáncer de pulmón son relativamente bajas (en Europa las mujeres comenzaron antes a fumar) y las enfermedades cardiovasculares están más controladas (la dieta mediterránea ha protegido las arterias de los españoles a lo largo de las últimas décadas).

Los españoles no solo son los que más viven, también se encuentran entre los más felices. Al menos, es lo que responden en las encuestas. Entre 0 y 10 califican con un 7,5 su satisfacción vital, de acuerdo con los datos de la agencia europea Eurofound, correspondientes a 2011. Son séptimos en la Europa de los 28, por detrás de daneses (8,4), pero por delante de británicos (7,3) y alemanes (7,2). Jordi Alonso, director del máster en Salud Pública de la Universidad Pompeu Fabra, lo comprobó en un estudio donde, al comparar catalanes y escoceses, los primeros tenían una visión más optimista ante la vida —“mayor bienestar psicológico”, en términos técnicos—. De nuevo, la explicación es compleja y entran en juego diversos factores. “Hay elementos culturales fundamentales como la red social, la familia extendida, la cercanía, que diluye el efecto que tienen los problemas o la enfermedad respecto a sociedades más individualistas”, destaca Alonso. — JAIME PRATS

España es el país de la UE donde más ha aumentado la diferencia entre ricos y pobres. Con una peculiaridad: en otros países, los más ricos se han hecho mucho más ricos, y por eso ha crecido la desigualdad; pero en España, son los pobres los que se han hecho más pobres.“Siempre hemos estado en la franja alta de la desigualdad, pero nunca tan alto”, afirma Ignacio Sánchez Cuenca, profesor de Sociología de la Universidad Carlos III. “En España, los millonarios han aumentado poco; son las rentas medias y bajas las que se han hundido”.

Los datos son elocuentes. Las cifras de Eurostat indican que el 20% más rico de España gana unas 7,2 veces más que el 20% más pobre. En Francia, 4,5. En Suecia, 3,7. La media europea se sitúa en el 5,1. Y las cifras del FMI abundan en esta misma dirección: la mayor variación del coeficiente Gini (indicador de la desigualdad) en Europa entre 2007 y 2012 se produce en España; le sigue Dinamarca y Hungría; disminuyó la brecha en Rumanía, Portugal y Holanda. “Tenemos un Estado de bienestar muy diseñado para las clases medias, pero no para los realmente pobres”, explica José Fernández-Albertos, politólogo del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Por eso, en épocas malas, los más desfavorecidos quedan desprotegidos. Además, señala, la abundancia de contratos temporales en el mercado de trabajo español facilita que se eche a los trabajadores a la calle cuando vienen mal dadas. Lo que significa más gente a la intemperie. Josep Lladós, profesor de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya, dice que la revolución digital, el modelo productivo (basado en trabajo que requería poca formación) y la política económica y fiscal explican la situación a la que ha llegado el país: “Las políticas de austeridad han ayudado a que la desigualdad aumente”. — JOSEBA ELOLA

En la oficina, en la escuela, en la iglesia o en la cola del INEM. Pero siempre con el móvil en la mano y el pulgar dispuesto para movernos por su pantalla. Los españoles no solo son los campeones del paro juvenil o los aeropuertos peatonales, sino también los líderes del móvil. Y no de uno cualquiera, sino de los smartphones, los llamados teléfonos inteligentes que permiten, además de hablar, navegar por Internet, consultar el correo electrónico o compartir fotos. Más del 60% de los móviles que usan los españoles tiene contratada conexión a Internet, una ratio apenas superada por los países nórdicos, y muy por encima de Estados más avanzados como Alemania, Holanda o Austria, y de la media europea.

La principal vía de acceso a Internet en España son el móvil y la tableta, lo que contrasta con la baja penetración de la banda ancha fija en los hogares.La principal razón de este entusiasmo nacional por el Internet móvil es bastante pedestre: durante años las telefónicas han regalado el móvil en España. “Desde el inicio se impuso un modelo no secundado en otros países en el que las compañías subvencionaban el terminal para atraer clientes, a los que aplicaban tarifas asociadas de datos para recuperar esa inversión, lo que explica la alta penetración de la banda ancha”, dice Ismael Sánchez, director de mobility de Accenture.

Las compañías se gastaban 1.500 millones de euros al año en costear los móviles de sus clientes que, por eso, se sentían tentados de cambiarlos casi cada año. “En 2013 se produjo un cambio drástico. Primero Telefónica, y luego casi el resto de compañías, dejaron de subvencionar, y la consecuencia es que ahora el plazo de sustitución del terminal ha subido a los dos años”, señala José Manuel Tejero, responsable de estrategia de Vodafone. Con todo, Tejero apunta otras razones, como la idiosincrasia mediterránea o el buen clima que nos empuja a las calles, a diferencia de los ateridos nórdicos, y hace que el móvil sea imprescindible en el bolsillo. Tanto que el 82% de los españoles no tiene ningún reparo en prestar atención a su móvil aunque se encuentren acompañados, y la mitad de ellos mira al instante la pantalla si le entra un mensaje, según un estudio de Phone House. Esa dependencia ha motivado que, pese a la crisis, el gasto en terminales de alta gama casi se duplicara el año pasado. El móvil se ha convertido en nuestro animal de compañía. — RAMÓN MUÑOZ

El acceso a la coca y el cannabis es fácil. España es un país de tránsito de ambas sustancias, el lugar por el que entra la cocaína que viene de Latinoamérica y el cannabis procedente de Marruecos. Éste es el argumento fundamental que ofrecen los expertos para explicar por qué los españoles registran altos niveles de consumo. Y, claro, también gusta la fiesta, y salir por la noche.Un 3,6% de los españoles de entre 16 y 34 años consumió cocaína en los últimos 12 meses, según señala el último informe del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (OEDT), presentado el pasado 27 de mayo. Es el índice más alto de Europa, por delante de Reino Unido (3,3%) y Dinamarca (2,4%). “Ha habido una disponibilidad muy alta desde hace muchos años”, señala Julián Vicente, médico al frente de la Unidad de Epidemiología del OEDT.

“El consumo de drogas está muy asociado al hecho de salir por la noche, y España tiene una industria del ocio nocturno que favorece esos consumos”, añade el médico español, que trabaja en esta agencia de la UE con sede en Lisboa desde hace 18 años.España también destaca en el consumo de cannabis: un 17% de los jóvenes españoles de entre 15 y 34 años lo consumieron en los últimos 12 meses, según el mismo estudio, por detrás de la República Checa (18,5%), Dinamarca (17,6%) y Francia (17,5). Rumanía marca el mínimo europeo (3,2%). En Holanda, donde su uso está tolerado, alcanza el 13,7%. Nuria Calzada, de la ONG Energy Control, destaca que ésta es la única droga ilegal en la que España es, además de consumidor, productor. “Hay una eclosión de clubes de cannabis en Cataluña y en toda España”, asegura. El clima también ayuda; favorece los buenos cultivos. — J. E.

“Tolerantes, de acuerdo, aunque con muchos peros”, apostilla Francisco Ramírez, presidente del Colectivo de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales. Las estadísticas del Pew Research Center recogen que España es el país del mundo en el que menos gente piensa que la homosexualidad es inaceptable (el 6%, frente al 14% en Francia o el 44% en Polonia). Y lo mismo ocurre con el divorcio, el uso de anticonceptivos o el aborto. “Se ha avanzado muchísimo tanto en lo jurídico como en la aceptación social”, abunda Ramírez, “pero luego rascas un poco y no todo es rosa: ni en las ciudades pequeñas ni en ámbitos como el laboral”.

Pero aunque sea en la superficie, España se ha convertido en un extraño oasis de tolerancia hacia la diferencia sexual. En el sur de Europa estas opciones no son siempre bien recibidas, y la permisividad de los países del Norte a menudo se ve frenada por la llegada de inmigrantes de culturas no tan inclusivas.Precisamente el de la inmigración es otro fenómeno con el que los españoles parecen encontrarse cómodos. Sea porque una parte importante de los recién llegados hablan castellano o porque no han desplazado la mano de obra nacional, en el último Eurobarómetro los inmigrantes se plantean como uno de los dos principales problemas del país solo para el 6% de los encuestados, frente al 13% de media europea o el 25% de los británicos.

Como otro activo en el apartado de tolerancia, o más bien en el de desorganización de la intolerancia, se puede apuntar la ausencia de grandes partidos de extrema derecha. Éstos han proliferado en culturas políticas tan diversas como la de Reino Unido, Grecia, Holanda o Hungría, aunque tampoco hay que pensar que es lo normativo en Europa, ni siquiera en el caso de las sociedades que han sufrido más por la crisis (no hay en Portugal ni Chipre ni Irlanda, rompiendo con conclusiones precipitadas). En España hay explicaciones históricas complejas para esta falta. Provee de ellas el historiador Xavier Casals: a la muerte de Franco el discurso ultra se encontró arcaizado y con importantes problemas de organización, “su cultura ultracatólica, por tanto igualitaria, y su defensa de la hispanidad y esa amplia identidad común para muchos países hizo muy difícil introducir el elemento xenófobo que ha prendido en otros países”. Tampoco ha sido capaz la extrema derecha española de vehicular un discurso antielitista —como ha hecho el Frente Nacional de Le Pen en Francia, por ejemplo— y se ha fragmentado según regiones con programas diferentes (Valencia, Cataluña…). “Mientras, el voto de protesta en España lo han capitalizado otros partidos pequeños. La extrema derecha no tiene ni programa, ni siglas, ni rostro reconocible”, resume el historiador. — JERÓNIMO ANDREU

“No invertimos dinero, ni tampoco tiempo en consumo cultural”. Es lo que dice Alba Colombo, experta en consumo cultural que imparte clases en la Universitat Oberta de Catalunya. El último Eurobarómetro ya señalaba que los españoles leen menos que la media de los países de la UE (un 60% de los españoles leyó al menos un libro en el último año, frente a un 68% de los europeos) y van menos al teatro (21% frente al 28%).

En el campo del cine, uno de los consumos culturales más democráticos, los españoles destacan por ser los que más esgrimen lo caro que resulta para no acudir: un 42% indica que éste es el motivo principal. “La crisis y la subida del IVA afectan a las prácticas culturales de los más desfavorecidos”, señala Aina López Yáñez, profesora de Sociología de la Cultura de la Universidad Complutense de Madrid. Analizando el Eurobarómetro, López apunta que el menor nivel de formación, con respecto a países nórdicos, incide en el “papel discreto” de España en el consumo de ciertos productos culturales. Los datos indican que en España se recurre más a Internet para cubrir necesidades culturales, especialmente si el acceso es gratuito. Por ejemplo, se ven más películas y programas de TV en streaming (31% frente al 27%). Pero, sin embargo, se compran menos libros y CD vía Internet (14% frente al 27%). A ello se añadiría el fenómeno del intercambio de archivos entre pares, el fenómeno P2P. Eloy Fernández Porta, escritor y ensayista, señala que esto viene de lejos: “En España siempre existieron unos hábitos de intercambio informal de productos culturales”. — J. E.

¿Se vive seguro en España? Parece difícil afirmar ese extremo sobre cualquier país. Eurostat compara cifras de delitos dentro de los miembros de la UE, pero las estadísticas policiales no suelen tener demasiada buena fama. “Puede ser que a veces no demuestren mucho rigor, pero son más fiables a medida que se habla de delitos más graves”, explica el criminólogo de la UNED Alfonso Serrano. “Comparar los delitos menos graves es difícil porque la policía de cada país apunta los hurtos de una forma: después de la denuncia, al investigarla, al mandarla a juzgados… Pero los cadáveres están ahí”.

Así que, centrándose en los homicidios, España tiene una tasa de 0,8 por cada 100.000 habitantes, la segunda más baja dentro de la UE. Solo la gana Eslovenia (0,7), mientras la media continental es de 1,1; Finlandia o Bélgica duplican la tasa española, y Estonia la multiplica por ocho. No obstante, Antonia Linde, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya, también ve objeciones en los números de muertes violentas que el Ministerio de Interior presenta a Eurostat, recordando la evidencia de que las estadísticas son siempre mentirosas: “El anuario de Interior ofrece datos nacionales, pero excluye los de comunidades con su propia policía y, para mayor confusión, divide ese número parcial entre el total de habitantes, lo cual disminuye la tasa”. Siendo optimistas, la investigadora cree que ese desastre metodológico ofrece la mejor pista sobre el calado del asunto: “Si las cifras de homicidios fueran preocupantes se tratarían con más rigor, como ocurre con los casos de violencia machista, pero es cierto que en España y los países de su entorno los homicidios no son un problema grave”.

Respecto a las causas de esta pereza asesina, Linde destaca el difícil acceso a las armas de fuego, un factor que se suele relacionar también con discretas tasas de suicidios. La ausencia de oportunidades para matar parece pesar más que otros datos muy vistosos que, en última instancia, resultan difíciles de ligar con la seguridad real. Por ejemplo, que solo por detrás de Chipre, España sea, con 508 agentes por cada 100.0000 habitantes, el país europeo con mayor proporción de policías (Alemania tiene 300 e Italia 453). O que la tasa de presos (163 por cada 100.000 habitantes) sea la sexta mayor de los 28 de la Unión, dos veces por encima de la danesa (68) y solo al nivel de los países del este europeo. — J. A.

El paro es la asignatura pendiente de la democracia española. Una tasa media de desempleo del 20% desde que España entró en la Unión Europea lo demuestra. Es el fruto de un mercado de trabajo capaz de crear muchos puestos de trabajo en épocas de crecimiento, apoyado en la precariedad más la construcción y el turismo y destruirlos con la misma fuerza y velocidad en cuando vienen mal dadas, por las mismas vías. ¿Resultado? Más de 3,5 millones de empleos destruidos en esta crisis y una tasa de paro del 26%.

Ahora, con permiso de Grecia, España copa los puestos de más dudoso honor en las estadísticas europeas del mercado laboral: las cinco regiones europeas donde hay más tasa de paro son españolas, el desempleo juvenil se sitúa en el 55%, el paro de larga duración supera el 60%… Una de las peores heridas de esta situación es la de quienes llevan un año o más sin trabajar, un colectivo que suele superar los 40 años y tienen más dificultades para volver a colocarse. Hasta abril, en este colectivo se encontraba Mariano. Llevaba tres años largos sin empleo. Entonces este madrileño de 50 años encontró uno. Como conductor en un centro de día para la atención a los mayores. Era una sustitución por un mes. Un día después de acabar su contrato fue a inscribirse en la oficina del paro con ánimo: “Estoy muy optimista. Si ahora un empresario monta algo, no va a llamar a alguien sin experiencia. Llama a alguien que ya sabe trabajar, que tiene un oficio”. Y, por lo que cuenta, a él de eso le sobra, empezó como aprendiz de peletero, y luego ha trabajado en un almacén de material eléctrico, de comercial, como conductor…, así hasta sumar entre 27 y 28 años trabajados.

Pero el optimismo de Mariano choca con los economistas. En órganos oficiales y privados se pronostica que el desempleo estará bastantes años por encima del 20%. La construcción, el sector que fue la locomotora del empleo, no parece que vaya a resurgir con fuerza. Y en las contrataciones que empiezan a despuntar, se ve un trabajo precario, otra característica por la que tradicionalmente España ha sido diferente en Europa. — MANUEL V. GÓMEZ

Si hay una infraestructura de la que hayan presumido por igual los Gobiernos españoles de los últimos 20 años ésa es la alta velocidad. Desde la inauguración de la línea Madrid-Sevilla, en abril de 1992, el AVE, ese estilizado tren que circula a una velocidad media de 222 kilómetros por hora, se ha convertido en uno de los iconos de la España moderna. En la última década, el país ha ido escalando posiciones hasta situarse a la cabeza de Europa en kilómetros, con más de 3.100 en servicio. Francia, hasta ahora la reina de la alta velocidad europea, tiene algo más de 2.000 y Alemania, 1.300. Lejos se quedan Italia (723), Holanda (120 kilómetros) y Reino Unido (113).

A España ya solo le supera China, con 9.300 kilómetros de AVE para sus 1.339 millones de habitantes.Pero a medida que ha ido creciendo la red, se han ido elevando las voces de expertos que piden que se replanteen los proyectos en marcha, que suponen llevar la alta velocidad a todas las capitales de provincia. “Se ha puesto demasiada ilusión y no tanto juicio como se debía”, advierte el ingeniero de caminos José María Menéndez, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha y que ha participado en varios estudios sobre esta infraestructura. Prueba de que la red española de AVE está, probablemente, sobredimensionada es que, mientras en kilómetros somos líderes, en uso estamos a la cola.

Cada español coge de media un AVE cada dos años, casi la tercera parte que los alemanes y la mitad que los franceses. “No tiene mucho sentido la inmensa inversión que se ha hecho comparada con los resultados globales”, afirma Menéndez, que advierte, además, de que dado que el dinero para tejer esta red ha venido en parte de fondos europeos, en el resto de la Unión se nos mira con “cierto recelo”. “Nos hemos puesto demasiado a la cabeza cuando lo razonable sería estar más en la mitad”, afirma.Los expertos coinciden en que España hizo bien en subirse al tren de la alta velocidad, pero se excedió en su entusiasmo por crecer y los tramos proyectados no indican una rectificación. “La red es inmensa, pasa por todas partes. Todo político quiere vender que va a llevar el AVE a su pueblo. Eso no puede ser. Estamos locos si lo hacemos”, sostiene Enrique Castillo, ingeniero de caminos de la Universidad de Cantabria y director de un estudio reciente en el que varios investigadores proponen racionalizar las inversiones en infraestructura de alta velocidad. La propuesta pasa por combinar los tramos de doble vía con los de vía simple, mucho más baratos, pero, según los expertos, igual de seguros. Para el tramo de Palencia a Santander, de 185 kilómetros, el coste del proyecto de doble vía asciende a 3.300 millones de euros. Si en los tramos menos complejos se combina con vía simple, según los expertos se rebajaría a 2.200 millones. “Hemos identificado el AVE con lujo y algunos políticos se empeñan en rechazar la vía simple para sus ciudades porque dicen que sería segunda división. Es terrible”, afirma Castillo. — REYES RINCÓN

España acumula más días festivos que sus vecinos. En una tierra famosa por sus horarios laborales extensivos, cada vez cuesta más agarrarse a ese consuelo ante la evidencia de que es una intención gubernamental confesa recortar el número de vacaciones adicionales a la pausa de verano. El calendario laboral para 2014 recoge ocho fiestas nacionales, más dos designadas por cada comunidad autónoma y dos locales. Grecia iguala el récord de 12 festivos, Francia e Italia tienen uno menos y Holanda se queda en siete. Para compensar, España está a la cola en días de vacaciones: 22 días de media —20 es lo mínimo— contra los 30 de Alemania o Dinamarca. De acuerdo con la OCDE, en España se trabajan 1.686 horas anuales, que si no parecen tantas comparadas con Suecia (1.621) sí lo son frente a los alemanes (1.397, el equivalente a 36 jornadas de 8 horas menos).

La culpa es de las dos horas de pausa para almorzar y de la “cultura del presentismo”, considera Ignacio Buqueras, presidente de la Asociación Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. “Queremos que los jefes nos vean en la oficina aunque no estemos trabajando, pero unos horarios racionales y humanos nos ayudarían a salir de la crisis. Hay que trabajar por objetivos y aumentar el rendimiento”. Según los estudios que maneja Buqueras, en España se duerme menos por culpa de los horarios, y realidades como la baja natalidad se asocian a los problemas para combinar vida familiar y laboral. Nuria Chinchilla es profesora de la escuela de negocios IESE y una de las participantes en un informe aprobado en el Congreso de los Diputados en 2013 planteando la racionalización de horarios. “Lo estamos haciendo todo mal. Tendríamos que regresar al meridiano que nos toca, almorzar a la una de la tarde, llegar antes a casa y adelantar el prime time televisivo”, argumenta. “Tenemos muchas fiestas fruto de nuestra tradición religiosa, pero a final de año la cantidad de horas que hemos pasado en la oficina o haciendo tiempo para volver de la pausa de la comida son excesivas”.

Buqueras y Chinchilla coinciden en que tanto políticos como industriales o dueños de cadenas de televisión ven muy lógicas estas propuestas, pero que luego nadie quiere dar un paso al frente. “Esto solo se puede arreglar modificando las leyes”, concluye la profesora. Una mejor organización de la jornada podría desatascar otros debates nacionales aparentemente lejanos, pero envenenados por el lastre de la ineficaz distribución del tiempo, como es el del trabajo de los funcionarios. ¿Son demasiados? Según Eurostat, no: 1.298.300 en España, uno por cada 36 habitantes para el cuarto país más austero de la UE en ese apartado. Si se reglaran las famosas pausas del almuerzo (y desayuno), el sistema de días de libre disposición, los solapamientos entre Administraciones… El trabajo luciría mucho más. — J. A.

El coste de la cesta de la compra española se ha ido equiparando a la media europea, pero la Gran Recesión golpeó el consumo y los precios se han vuelto a distanciar: en 2012 fue un 5% más barata que el promedio de la UE. Eso, de media, porque el grupo de bienes que incluye el pan o la pasta es un 11% más caro. Los servicios de comunicación (telefonía, Internet) cuestan un 47% más. O, en el otro extremo, el precio del alcohol y el tabaco está un 15% por debajo.

La mayor dependencia de la importación de trigo y la tardía entrada de la gran distribución en la guerra de precios explican que el grupo del pan y la pasta siga siendo más caros que en el conjunto de Europa, aunque no ha dejado de abaratarse en el último año. Y Bruselas reprocha el excesivo coste de los servicios de comunicación en España, a lo que las compañías replican que no se miden bien los descuentos asociados a paquetes integrados. ¿Por qué es más barato el alcohol y el tabaco? “En la gasolina, el menor nivel de impuestos ofrece una explicación”, señala María Jesús Fernández, analista de la Fundación de Cajas de Ahorro.

El alcohol y el tabaco también están sujetos a impuestos especiales, pero tienen historias divergentes. Mientras la carga tributaria del alcohol en España es muy baja (sobre todo en vino y cerveza), en el tabaco, las sucesivas subidas de impuestos la han situado entre las más altas de la UE. Aquí la clave está en la pugna entre las grandes empresas por ganar cuota de mercado, y en la influencia de un competidor invisible: el tabaco de contrabando. — ALEJANDRO BOLAÑOS

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