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Sueño de una noche...

Notodo Notodo 06/06/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Sueño de una noche..." © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Sueño de una noche..."

"Y ahora, ¿qué mascaradas o danzas distraerán las tres horas eternas que separan el cenar del acostarse? ¿Dónde está nuestro maestro de festejos? ¿Qué fiestas se han preparado? ¿No hay comedia que alivie la agonía de una hora interminable?"

Si estáis tan ansiosos de comedia como Teseo, nada mejor que ese Sueño de una noche de verano, que se puede ver en las Naves del Español del Matadero de Madrid: lo nuevo de Darío Facal, que deja de lado la oscuridad (y los micrófonos) de anteriores montajes tales como Las amistades peligrosas o El burlador de Sevilla para abrazar la luz y la comedia pura y dura en una molto divertente adaptación del clásico shakespeariano.
Un verano fresco
Darío Facal ofrece un Sueño de una noche de verano fresco, dinámico y con ritmo casi vodevilesco. Un diseño de iluminación perfecto, un vestuario maravilloso, algunos arbustos, unas sillas y planos elementos colgantes (en el que destaca un corazón, ora iluminado ora en sombra) son los escasos elementos escenográficos con los que Facal juega en su puesta en escena. Eso, y unos telones con ilustraciones de sabor antiguo y curioso que van desprendiéndose y cayendo al suelo según pasan las escenas. Unos telones que, con unas gafas 3d que reparten con el programa de mano, se pueden ver con cierto relieve (algunos sí, otros no).

La verdad es que este elemento, esa obra en 3D, todavía no sé muy bien si es algo más cercano a una chanza que entra dentro del juguetón espíritu de la función o si realmente quería que funcionara (en ese caso, a medias, porque uno acaba distraído a veces por este tema, por los telones y ese cartel electrónico que nos ubica en las localizaciones). Es interesante para aportar un elemento algo psicotrópico y onírico/pesadillesco, como la obra en sí. Pero lo cierto es que todo aditamento sobra porque la base, el texto, el ritmo y las interpretaciones, son lo suficientemente buenas en este Sueño para que sobre y que baste.



Y un sueño bien interpretado
Ver a Carmen Conesa en cualquier papel es una gozada. Aquí tiene una presencia (y cuerpazo) (y melenaza) (y estilazo) (y de todo) que conquista con sus Titania e Hipólita. Alejandro Sigüenza ser revela como perfecto partenaire en los papeles de Oberón y Teseo. Emilio Gavira es un Puck bastante perfecto, poco juguetón y con cara de mala leche. El Nicolás Trasero de Agus Ruiz es un auténtico huracán de energía y se la transmite al público. Vicente León se desdobla de forma magnífica en dos personajes diametralmente opuestos como son Egeo y ese amaneradísimo Pedro Quince. Antonio Lafuente defiende más que bien a su enamorado Lisandro y divierte con su Ramón Hambrón. Óscar de la Fuente es el otro enamorado, Demetrio, y resulta delirante como Francisco Flauta. Alejandra Onieva es el objeto de deseo de todos, Hermia, pero se luce con una cosa tan aparentemente sencilla como ese león de Eva Nista. Y Katia Klein se mete a todo el público en el bolsillo con su Helena y con ese muro de Tomasa Morros.

Cuando el sueño se acaba
La obra pasa ligera como un suspiro, entretiene y divierte. Aunque el momento álgido sin duda, cuando las carcajadas llenan el patio de butacas, es esa representación de los cómicos. Ese momento de teatro dentro del teatro (muy del estilo de Qué ruina de función/Noises off) absolutamente vodevilesco (aunque del vodevil a Aquí no hay quien viva hay un paso) es un delirio. En definitiva, una función perfecta para compartir la alucinación del bardo inglés. Y "Si estas sombras os hemos ofendido, pensad que ha sido un sueño lo vivido".

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