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Supersonic

Notodo Notodo 27/10/2016 David Saavedra

Supersonic no es el primer documental que se hace sobre Oasis pero sí el mejor hasta la fecha. Mat Whitecross (co-director con Michael Winterbottom de Camino a Guantánamo y La doctrina del shock) contó con mucho respaldo a la hora de elaborarlo: Noel y Liam Gallagher figuran como productores ejecutivos, con lo que obtuvo acceso ilimitado a ambos –por separado, claro-, al resto de su familia y miembros de la banda, además de un material de archivo inédito increíble. Afortunado fue también el hecho de que, pese a tratarse de una biografía “oficial”, ninguno de los protagonistas muestre pelos en la lengua y no se rehúya ningún asunto espinoso, tal como ha asegurado el director, quien afirma que contó con libertad creativa total. Así nos encontramos con un retrato a calzón quitado y corazón abierto, lanzado por Whitecross con pasión de fan y sentido crítico, con un estilo narrativo que engancha de principio a fin.

Indudable mérito es su modo de montar las imágenes junto a las canciones como un experto DJ/VJ. Ensambla las declaraciones actuales, sin mostrar nunca el busto parlante, con fotografías y grabaciones de vídeos caseros o televisivas y animaciones creadas para la ocasión. Así, teje un adictivo diálogo, una conversación entre lo que los personajes dicen ahora y las imágenes del pasado, como si se estuviesen comunicando directamente con él. Decisión polémica pero, desde mi punto de vista acertada, es la de enfocar el contenido a los cinco primeros años de la banda, sin duda los mejores y más intensos.


En un tiempo récord (el título Supersonic adquiere una elocuente polisemia), Oasis surgieron de la nada y se acabaron convirtiendo en uno de los grupos más importantes de todos los tiempos. De hecho, su historia habría sido perfecta, mucho más legendaria, si terminase donde este filme: en los conciertos ofrecidos en Knebworth el 10 y 11 de agosto de 1996. Fueron dos noches pero pudieron haber llenado el enorme auditorio durante dos semanas enteras (en un momento de la película se dice que el 4% de la población británica demandó una entrada). Aquella fue su toma de la cima del mundo… y también el comienzo de su lenta caída posterior. ¿Cómo recordaríamos ahora a Oasis si nunca hubiesen publicado los cinco mediocres álbumes que llegaron después de (What’s The Story) Morning Glory?

La respuesta es fácil: como nos muestra esta película. En ella no solo se airea su turbulenta historia familiar (padre maltratador que, en palabras de Noel, le metió la música a hostias, y madre coraje que se separa y se va a vivir a un barrio chungo de Manchester teniendo que criar ella sola a tres hijos conflictivos), los orígenes sociales de ellos (Liam ya era un notas que reclamaba atención desde pequeño), los inicios de Noel como pipa de Inspiral Carpets y los primeros pasos de un grupo que, desde el principio, ya tenía ínfulas claras de llegar a la cima muy rápido. En uno de sus primeros ensayos, Liam dice que quieren la cabeza de Phil Collins. En otro, que van a ser el mejor grupo del mundo notándose claramente que se lo creen.

A lo largo de dos frenéticas horas vivimos todos los subidones y bajones de aquel sueño de clase obrera: el impacto de la primera gira japonesa, la primera espantada de Noel tras un concierto en el Whiskey a Go Go de Los Ángeles al que iban tan ciegos que no dieron pie con bola, el ‘mobbing’ al batería Tony McCarroll, la irrupción de la prensa amarilla, los conciertos triunfales de vuelta a casa en el estadio del Manchester City y, al final, la constatación por parte de ellos de que fueron el último gran grupo de la era rock, “antes de Internet y los talent shows, cuando las cosas importaban más. Eso no volverá a pasar”. Su vehemente poder de convicción es de tal calado que incluso quienes no fuimos fans de la banda terminamos por creérnoslo. Tal como Whitecross nos cuenta la historia y, parafraseando a Liam, aquello fue jodidamente bíblico… Aunque aún no nos quede claro quién de ellos era Caín y quién Abel. En cualquier caso: aquí se imprime lo mejor de la leyenda. La segunda parte no sería tan buena y resultaría mucho más aburrida y decepcionante.

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