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Susana Díaz dibuja su perfil

EL PAÍS EL PAÍS 11/04/2014 Luis Barbero

Hace menos de un año el nombre de Susana Díaz era prácticamente desconocido en el tablero político español, en el que ha irrumpido con determinación y con vocación de permanecer mucho tiempo. Todos los perfiles que se hicieron cuando se conoció, hace nueve meses, que iba a ser la nueva presidenta de la Junta de Andalucía subrayaron que se trataba de una mujer joven (38 años entonces), sin experiencia en la gestión pública ni en la empresa privada, criada en las juventudes socialistas y con una carrera en el PSOE cimentada en su habilidad para ir dejando cadáveres políticos de compañeros de filas en el camino. Poco más.

En los siete meses que lleva como presidenta andaluza ha convencido a propios y extraños. Entre los propios destaca Felipe González, uno de sus principales valedores ahora, pero que la recibió con una escueta y fría frase: “Soy muy mayor para saber quién es”. Entre los extraños, la lista es amplia, pero se distinguen muchos de los principales empresarios del país, que la ven ya como un referente del centroizquierda.

Convencida de que España necesita un nuevo pacto de convivencia y una reforma constitucional, Susana Díaz está forjando un perfil de mujer de Estado tras pulir numerosas aristas. No obstante, mantiene su forma de ser desacomplejada y decidida. Un discurso que pronunció en Madrid en defensa de la unidad de España y en contra del proceso soberanista de Cataluña catapultó su imagen como figura emergente de un PSOE en caída libre y con graves problemas de liderazgo social.

Pese a los susurros cada vez más intensos para que aspire a las primarias socialistas y dé el salto a la política nacional, Susana Díaz tiene decidido seguir como presidenta de la Junta y ser candidata del PSOE en Andalucía. Este salto llegará, pero no parece que sea a corto plazo.

En la actualidad, Díaz es la dirigente del PSOE con más poder institucional y orgánico, poder que ejerce sin titubeos. Si cree en algo, lo hace, aunque a veces le falte cintura en sus decisiones. La crisis de Gobierno en Andalucía es consecuencia de una decisión suya de frenar los realojos de familias que habían ocupado ilegalmente un edificio en Sevilla. Con este episodio, Díaz se ha alejado intencionadamente del electorado más escorado a la izquierda. Y a ese perfil sobre su liderazgo que aún se está escribiendo ha añadido una imagen de autoridad a costa de abrir un periodo de zozobra en su Gobierno.

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