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Tan complejo, tan humano

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 Carlos Boyero

Durante toda su historia el cine ha citado con admiración y amor la obra de Charles Dickens. La última vez, en la conmovedora Mas allá de la vida. Eastwood homenajeaba a Dickens a través de aquel hombre solo e infeliz al que ver el más allá le creaba toneladas de sufrimiento, y cuyo único placer y consuelo en sus insomnes noches era escuchar los audiolibros que había grabado el actor Derek Jacobi leyendo las novelas y relatos del autor de David Copperfield. Por mi parte, nunca he perdido la buena costumbre de releer al maravilloso Dickens. Lo que cuenta a veces puede ser muy triste, pero siempre me siento arropado con sus historias, me pone de buen humor, de acuerdo con la vida. Y nunca me olvido en momentos especialmente bajos o confusos del arranque de Historia de dos ciudades: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura, la época de las creencias y del escepticismo, la era de la luz y de las tinieblas, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

Sabiendo muchas cosas de las inolvidables criaturas que parió Dickens, conocía pocos datos de su propia existencia. Ralph Fiennes nos habla de ella en La mujer invisible. También de una personalidad muy compleja, de su anverso y su reverso, de su generosidad y su crueldad, de sus luces y sus sombras.

LA MUJER INVISIBLE

Dirección: Ralph Fiennes.

Intérpretes: Ralph Fiennes, Felicity Jones, Kristin Scott Thomas, Tom Hollander, Joanna Scalan.

Género: drama. Reino Unido, 2014.

Duración: 111 minutos.

Comienza con una mujer que pasea compulsivamente por una playa, en un ritual tan acelerado como cotidiano. Es treintañera, ensaya una obra de teatro del difunto Dickens y de su amigo Wilkie Collins, que será interpretada por niños, todo en su expresión denota un tormento antiguo y sin resolver, su solícito marido revela muy ufano a los testigos del ensayo que su esposa trató a Dickens, se llama Nelly Ternan.

Ralph Fiennes, que había adaptado en vano la shakesperiana Coriolanus ambientándola en el mundo actual, narra con notable estilo y tono inquietante la historia de amor entre una cría de 18 años y un Dickens de 46, casado con una mujer adiposa que conoce exhaustivamente todos los matices y recovecos del complicado carácter de su marido y que ha parido 10 hijos. Nos cuenta que Dickens afortunadamente no fue un maldito, que vivía desahogadamente junto a su numerosa familia gracias a sus libros, la remunerada lectura pública de ellos, las obras de teatro que dirigía. En la Inglaterra victoriana, tan hipócrita y académica ella, Dickens es reconocido y venerado por todo el mundo, es lo más parecido a una estrella del rock en el tiempo que vivimos. Enamorarse de una mujer tan joven estando casado puede desafiar las reglas del juego, también arruinar su esplendorosa carrera. La incertidumbre, los miedos, las dudas, las esperanzas y las contradicciones de esta atípica pareja están bien descritas. También el tono de la época que les tocó vivir. Y son veraces no solo las interpretaciones de Fiennes y de Felicity Jones, sino también la de aquellos que pueblan su entorno. Al principio aparece una frase de Dickens en la que afirma su convencimiento de que todos los seres humanos escondemos secretos ante los otros. De eso trata esta interesante película.

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