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The Deuce, la zona cero de la industria del porno

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 CAROLINA MARTÍN

Si en la televisión española aún se llevasen los rombos, The Deuce sin duda los tendría. Pero eso no le preocupa a sus creadores David Simon y George Pelecanos (The Wire), que han querido contar cómo nació la industria del porno en el corazón de Manhattan en los años 70. "Me interesa la nueva industria, quién obtiene los beneficios, a quién se explota, quiénes son los explotadores, dónde va el dinero, la respuesta de Estados Unidos a ese nuevo mundo... Todo eso nos afecta", relata Simon, que no califica la serie de pornográfica. Es, más bien, costumbrista.

La última serie de HBO, que este lunes lanza en España su tercer episodio y que

la pasada semana fue renovada para una segunda temporada

, retrata sin artificios un mundo de prostitutas, chulos, mafiosos y policías corruptos que poblaban Times Square en 1971 cuando la pornografía empezó a ser legal. "Ese Nueva York ya no existe. Tuvimos que reconstruir con ordenadores Times Square en la parte norte de Manhattan", explica Simon recordando los anacronismos que surgían al doblar cada esquina durante el rodaje.

La luminosa plaza en la que hoy compiten superhéroes y personajes de Disney por una propina de los turistas, nada tiene que ver con la de hace 45 años, cuando era conocida en la jerga local como The Deuce, en un barrio oscuro, peligroso, con cines X, trabajadoras del sexo recorriendo la calle 42 y hoteles de baja estofa donde se completaban las transacciones.

El dúo Simon-Pelecanos, que tenían poco más de 10 años cuando la pornografía empezó a ser legal en EEUU y apenas pasaron de ver una Playboy a hurtadillas en Maryland, regresa a la televisión con esta ficción setentera que describe cómo el porno -que se vendía en sex shops en bolsas de papel- dejó de ser un mercado clandestino y se convirtió en una industria próspera en un abrir y cerrar de ojos. Entonces no había big data para analizar el éxito de las películas, pero se valoraba al peso, con las monedas recaudadas en las cabinas peep show que se comenzaron a instalar en los sex shops y librerías para adultos. La industria mueve actualmente miles de millones de dólares.

Además de documentarse, la pareja tuvo la suerte de conocer a un hombre que vivió en primera persona el nacimiento de la pornografía moderna. Sus historias sobre los negocios que hizo con la familia mafiosa de los Gambino y su hermano gemelo sirvieron de patrón para los personajes de The Deuce. La ficción, recalca Pelecanos, "está inspirada en la vida de un empresario que ponen a cargo de una casa de masajes que era básicamente un burdel". Poco a poco el negocio empezó a florecer, aunque él quiere centrarse en servir copas en su bar.

Ese hombre anónimo, que murió poco antes de que se rodase la serie en otoño de 2017, es Vincent Martino. El encargado de darle vida a él y a su hermano gemelo Frankie es James Franco, que también es productor ejecutivo y dirigió dos capítulos de esta temporada. "Fue un sueño hecho realidad", recordaba Franco al hablar sobre cómo se involucró en el proyecto del que tuvo noticias tres años y medio. "Honestamente, quiero trabajar cerca de Simon y Pelecanos tanto como pueda. Quiero aprender de ellos", decía sin confirmar si habrá segunda temporada.

El actor-director Franco también dio cuenta del baile continuo que supuso para él interpretar a los gemelos: escenas rodadas dos veces, maquillaje y vestuario diferente para los dos hermanos... Además, "dirigí el capítulo 3, el que tiene mayor número de escenas con Vincent y Frankie juntos", decía entre risas Franco al hablar de su labor como hombre orquesta.

A través de los gemelos, que son la noche y el día -y guiado por Vincent-, el espectador ve la explosión del negocio de la pornografía y la prostitución en torno a la calle 42. The Deuce se sitúa en el extremo opuesto a Pretty Woman, como todo el equipo repite a la hora de explicar las escenas de sexo, la forma en que las mujeres son representadas o la violencia contra las prostitutas...

© Proporcionado por elmundo.es

El peligro de sobrepasar el límite estaba presente en el set de rodaje y en las salas de edición. En opinión de Simon y a pesar de las escenas de sexo explícito, no se han pasado de esa línea. "Ésta es una industria en la que los trabajadores son el producto. Si no puedes demostrar eso visualmente porque apenas mueves la cámara a la desnudez... no hay razón para hacer la pieza", decía el otrora periodista.

Los protagonistas de la serie comparten esa idea: "Ninguno queríamos estar en el lado equivocado de la conversación", subraya Maggie Gyllenhaal que interpreta a Candy, una prostituta atraída desde el primer momento por dirigir películas porno y que se convierte en asistente de director.

Gyllenhaal recuerda algunas discusiones en la sala de edición. "A veces les decía: cortas este orgasmo porque piensas que me proteges, pero ese orgasmo es lo que lo hace feminista. Por favor, ponlo de nuevo". La actriz habla con cariño de su personaje, a pesar de protagonizar algunas escenas difíciles por su brutalidad.

Como el resto, Gyllenhaal se documentó viendo porno de los años 70 y escuchó a una de las pioneras del género en Estados Unidos, Annie Sprinkel. "Me ayudó mucho", reconocía al hablar de la preparación. En el papel de Candy -que trabaja por libre sin la protección de un chulo, la actriz vive la explotación, la violencia, el sexo en toda su crudeza... Con industria aún "sin regular, es fácil que la gente se aproveche de estas mujeres", lamenta Franco, acerca de una de las cuestiones que la serie trata de poner sobre la mesa.

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