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Tiempo de abdicar

EL PAÍS EL PAÍS 07/06/2014 Mábel Galaz, Walter Oppenheimer
Isabel II, junto a su hijo, el príncipe Carlos, durante su discurso en el Parlamento británico el pasado miércoles. © Proporcionado por ElPais Isabel II, junto a su hijo, el príncipe Carlos, durante su discurso en el Parlamento británico el pasado miércoles.

En los palacios resuenan con fuerza los ecos de la abdicación del Rey de España, el tercer relevo que se produce en un año en las cortes europeas. Ceder el trono en vida antes era una excepción que ahora lleva el camino de convertirse en norma. La monarquía, como institución, se sabe cuestionada en estos tiempos de crisis y los reyes son conscientes de que su continuidad depende de que sean capaces de justificar su existencia, de dar un nuevo sentido a su trabajo. Tres monarcas reinantes ya se han decidido a confiar esta tarea a sus sucesores, los que están llamados a ser los reyes del siglo XXI. Todos están en la cuarentena y casados con mujeres que nada tienen que ver con la llamada sangre azul.

Beatriz de Holanda, país en el que hay gran tradición de dar el relevo antes de tiempo, fue quien inició la renovación generacional. Tras 33 años llevando la corona, se marchó en abril del año pasado con un 73% de popularidad. Tenía 75 años. “Es un momento precioso para tomar distancia”, dijo la entonces reina convertida ahora en princesa. Un proceso que se ha realizado sin fisuras entre los holandeses, que han aprobado con un 80% el trabajo realizado por Guillermo y Máxima en los últimos dos meses.

En julio de 2013, Alberto de Bélgica también decidió abdicar en favor de su hijo, Felipe. Sus razones fueron distintas. Los últimos años de Alberto II estuvieron marcados por la debilidad física del monarca, algunos borrones fiscales y ciertos episodios amorosos del pasado que emergieron poco antes de abandonar la jefatura del Estado. Ahora es un jubilado que critica a su hijo por haberle dejado sin dinero para llevar lo que él considera una existencia digna de su condición. El monarca retirado cobra 923.000 euros al año, una cantidad que los belgas consideran excesiva, y él, una minucia.

A partir de esos dos relevos comenzaron las quinielas. ¿Cuál sería la siguiente casa real en dar el testigo? Nadie apostaba por España, como nadie lo hace ahora por Reino Unido. Allí parece que el verbo abdicar no se conjuga.

Los hoy reyes de Holanda convocaron a una barbacoa a todos los príncipes herederos de Europa días antes de su coronación, en abril de 2013.

El mismo día en el que el rey Juan Carlos hacía público su deseo de irse, Isabel II cumplía 62 años en el trono británico. A sus 88 años, la soberana dio una recepción en los jardines de palacio; asistió el miércoles en Westminster a la pomposa ceremonia de apertura del año legislativo, en la que ella es el gran centro de atención, y ayer viernes estuvo en Francia, en las playas de Normandía, festejando el 70º aniversario del desembarco aliado. Con una reina en plena forma, a nadie en las islas Británicas le parece que el del rey Juan Carlos sea un ejemplo a seguir por su lejana prima Isabel. Y menos que a nadie, a ella. Por muchas razones, es prácticamente imposible que Isabel II abdique, salvo que por motivos de salud no pueda ejercer el cargo con la debida dignidad. Y aun en ese caso extremo podría recurrir a la figura de la regencia sin llegar al extremo de la abdicación. Ya ocurrió a principios del siglo XIX, cuando la inestabilidad mental de Jorge III obligó a nombrar regente entre 1811 y 1820 a su hijo, el futuro Jorge IV.

Abdicar es palabra prohibida en el vocabulario de la soberana. Por razones históricas, pero también por razones personales. No fue el orden dinástico natural lo que le llevó a ella al trono, sino la abdicación de su tío, el rey Eduardo VIII, que renunció a la corona en diciembre de 1936, cuando aún no hacía un año que reinaba. Eduardo abdicó para casarse con la rica divorciada estadounidense Wallis Simpson. Ese acto de egoísmo personal llevó al trono a su hermano, el príncipe Alberto, Bertie, el padre de Isabel, que reinó con el nombre de Jorge VI por las resonancias germánicas del nombre Alberto en la Europa de entreguerras.

La reina Margarita de Dinamarca con su hijo Federico y su familia. / Co

El padre de Isabel nunca quiso ser rey. Su inesperado acceso al trono no hizo más que agudizar sus problemas de tartamudeo. Su hija y heredera nunca pudo olvidar que su vida y la de su padre cambiaron bruscamente por el empecinamiento de su tío en abdicar.

La temprana muerte de Jorge VI la llevó a ella al trono cuando aún no había cumplido 26 años. Antes incluso de eso, en su 21º cumpleaños, la entonces princesa proclamó ante los representantes de la Commonwealth: “Declaro ante todos vosotros que toda mi vida, lo mismo si es larga que si es corta, estará consagrada a vuestro servicio y al servicio de la gran familia imperial a la que todos pertenecemos”.

Eduardo VIII es el único rey que ha abdicado por voluntad propia y es impensable que Isabel II quiera acabar uniendo su nombre al de su tío en los libros de historia. Además, las mujeres de la familia han sido tradicionalmente muy longevas. Su madre murió con 101 años y casi ocho meses. Y la reina Isabel, que cumplió 88 años el 21 de abril, se convertirá en septiembre de 2015 en el soberano británico que ha reinado más tiempo, batiendo los 63 años y 217 días de la reina Victoria.

Los reyes de Noruega (izquierda) y Suecia. / CORDON

Quien sí ha dado pistas de cuáles son sus planes es Harald de Noruega. iene 77 años y goza de una buena aceptación, pero sufre algunos problemas de salud. Por ellos, Harald no dudó en renunciar al trono durante dos meses en 1995 cuando fue operado del corazón. Su hijo Haakon ejerció de regente. El heredero, pese a su polémica boda con Mette-Marit, una madre soltera con un turbulento pasado, ha sabido reconvertir las encuestas. La pareja cuenta ahora con el respaldo popular y son padres de dos hijos.

El debate no existe en Suecia pese a los escándalos desvelados en un reciente libro sobre la vida privada de Carlos Gustavo, que narra noches en salas de fiestas con mujeres. El rey se ha visto obligado a dar explicaciones, pero, salvado este escollo, a sus 67 años no piensa aún en dejar paso a su heredera de 35. Victoria es la única mujer de la generación de príncipes herederos. Está casada y es madre de una niña que da continuidad a la línea de sucesión.

Margarita de Dinamarca, junto con Isabel II, es la otra mujer que lleva corona en las casas reales europeas y no parece decidida a desprenderse de ella. A sus 74 años, y tras 42 en el cargo, ha manifestado su deseo de seguir al frente pese a sus problemas de salud y aunque su hijo Federico se ha consolidado como un heredero muy sólido y popular. Casado con una de las princesas más glamurosas de Europa, la abogada Mary Donaldson, tienen cuatro hijos. A Margarita, solo los deseos de su marido de no ser un florero y tener más vida privada pueden hacerle cambiar de opinión.

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