Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Todo el tiempo del...

Logotipo de Notodo Notodo 13/12/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Todo el tiempo del..." © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Todo el tiempo del..."

"Lo necesito. Necesito empezar de nuevo y entender… Yo… Necesito un presente. Por eso digo y repito: mañana nazco….Me diré que tenga paciencia. Me diré muchas cosas. Me diré por ejemplo que todos los lugares comunes son ciertos. Que el amor será la respuesta a todos mis miedos. Que el mundo es horrible. Y hermoso. Y que no importa nada de eso. Que sólo importarán las sensaciones que queden en la piel. Que la piel es lo más importante…"

Hay veces que piel, cerebro y corazón se ponen de acuerdo. Pocas, pocas son esas ocasiones. Hay veces que la piel se eriza mientras el cerebro está de descanso. En otras el corazón hace de las suyas y te encuentras con los ojos húmedos por algo que parece sin sustancia. Y otras, el cerebro insta a disfrutar de un momento de reflexión que aniquila el chance de emoción. Pero hay veces que todos los órganos se ponen de acuerdo: cuando estás delante de una Obra de Arte. Y Todo el tiempo del mundo lo es. Lo sientes con el corazón. Lo sientes con el cerebro. Y lo sientes con la piel. Pablo Messiez ha puesto en pie uno de los espectáculos más bellos de los últimos años. Y tenéis que ir corriendo a verlo a la Sala Max Aub de las Naves del Español.

Flores es un zapatero de señoras. Cada noche, al cerrar su zapatería, recibe la visita de extrañas personas que le cuentan su futuro, le revelan detalles de su pasado o llegan, incluso, a desvelar sus historias presentes. Algo sucede cada noche con el tiempo, cuando no hay testigos, que hace que todas estas historias convivan a la vez, superponiendo pasados y futuros en un presente continuo, en el que el señor Flores intentará comprender quién es. Pablo Messiez confecciona su historia con mimbres autobiógráficos y cierto absurdo pleno de sentido (entroncando directamente con otra de las mejores funciones de esta temporada: La respiración, de Alfredo Sanzol). Hay elementos de atrezzo originales de la zapatería de su abuelo. La verdad, el cariño y la dedicación absoluta se palpan y respiran en el aire del escenario.


Todo el tiempo del mundo es una función milagrosa y sanadora. No sólo por esos deliciosos vestuario y escenografía, o la perfecta selección músical. O iluminación. O esos intérpretes que son un auténtico milagro, espíritus llenos de luz y ternura todos (aunque sólo fuera porque es el protagonista, habría que destacar la complejísima y emocionante, hasta niveles estratosféricos, labor de Íñigo Rodríguez Claro como ese tierno Flores). Es que todos los elementos hacen resaltar un texto extraordinario, regado de costumbrismo mágico, que podríamos decir, que nos recuerda la vital importancia de las palabras. Que juega con las palabras. Que las mima y las lleva adelante y atrás para volver a paladearlas. Un texto, me atrevería a decir, de los mejores que ha dado el teatro actual, con alma de clásico.

Y es que Todo el tiempo del mundo versa sobre cosas sencillas (que son las más complejas) y universales: la palabra, los recuerdos, la familia, la soledad, el amor. Pero con una verdad y belleza estremecedoras. Con una poesía que los hacen llenarse de sentido. Y llenar al espectador también. Porque uno sale después de haber visto la función pleno de emociones, de reflexiones, de belleza. Tanta que incluso llega a abrumar sin pretenderlo. Y todo a través de la sencillez, de la emoción desnuda y absoluta, sin pasado, futuro o presente o con todos ellos a la vez. Messiez y todo el equipo han conseguido una catarsis que logran muy pocos. La emoción se te agarra al estómago, al corazón y al cerebro. Y pone alerta los sentidos para que vivas el presente como si fuera la conjunción, única y absoluta, de todos los tiempos posibles. Te impregna la piel. Y, recordemos, como dice Flores: "Hay que confiar en la piel y en los sentidos".

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon