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Todo es mentira

Notodo Notodo 10/05/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Todo es mentira" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Todo es mentira"

Las adaptaciones teatrales de éxitos cinematográficos dan miedito. Bien por tufillo a estrategia comercial, bien por incapacidad para saltar la barrera de sus predecesores, no suelen ser demasiado habituales y, si llegan a los escenarios, lo hacen de aquella manera. Ahora vemos Todo es mentira en el escenario del Teatro Lara: una versión de la película de los 90 de Álvaro Fernández Armero dirigida aquí por Quino Falero y protagonizada por Manuela Velasco, Tamar Novas, Juan Renedo, Vanesa Rasero, Óscar Sinela, Silvia Maya y Rebeca Roldán (en alternancia con la gran Carmen Barrantes). Veamos lo que tenemos entre manos y si se puede comparar con su antecesora. Cine y teatro, eternos amantes y rivales.

Cine...
La película Todo es mentira (para aquellos pipiolos que no sepan de qué estamos hablando, que haberlos haylos), es uno de los títulos que podríamos míticos del cine español de los noventa. Dejando aparte si se trata de un retrato de la Generación X a la española o no (al director parece que le repatea que se diga eso) la cinta de 1994 era un fresquísimo mosaico parejil que hizo las delicias de una generación entera.

Además de darle a Pe uno de los mejores papeles de su carrera (o el mejor) y a Coque Malla otro, inolvidable y el más representativo de su no muy extensa carrera cinematográfica. Christina Rosenvinge haciendo de intelectual vegana repelente, Fernando Colomo o Gustavo Salmerón eran algunos de sus otros conocidos protagonistas. Una obra maestra castiza con tantas frases para el recuerdo que no cabrían aquí.


...versus teatro
¿Y puede la versión teatral competir con su referente cinematográfico? Pues os vamos a decir una cosa: no. Pero la razón es que sabían que no tenían ninguna oportunidad, por lo cual han tomado la inteligente vía de, manteniendo casi todo de la historia, desmarcarse del original resaltando cada vez que tienen oportunidad el hecho de que estamos viendo teatro. Para ejemplo un botón: "Pasa, pasa, que no hay puerta: esto es teatro", replican cuando llaman a la entrada del apartamento del protagonista. Y como este ejemplo, otros cuantos más para tomar distancia.

Al comienzo de la función no sabía si me gustaba o me rechinaba este remarcado teatral, este juego autoreferencial algo evidente. Pero el hecho es que, finalmente, está bien integrado y funciona. Y sobre todo cumple su objetivo diferenciador. La mano de Álvaro Tato (de Ron LaLá) encargado de la dramaturgia, sospecho ha tenido que que ver en el asunto para que fluya adecuadamente. Además, Quino Falero (últimamente hace todo este hombre) imprime un ritmo perfecto al asunto y las interpretaciones consiguen despertar ternuras y risas entre el respetable.

Tamar Novas y Manuela Velasco no son Coque Malla y Penélope Cruz, pero ni falta que hace: tienen el suficiente tirón como para conseguir salir airosos del reto y regalan unos cuantos momentos cómicos arropados por un reparto (fantástica Vanesa Rasero, por cierto) que se nota disfruta en escena. Vamos, que acaba por convertirse en un ejemplo de teatro comercial bien hecho, una comedia resultona que resulta más que agradable ver y consigue salvar los trastos con solvencia. Y, digamos la verdad: no lo tenían nada fácil.

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