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'Todos los árabes tienen derecho y el deber de acceder a la democracia'

Logotipo de El Mundo El Mundo 02/06/2014 ROSA MENESES

Han sido tres años de turbulencias, pero (aprobada a principios de este año), la primera en el mundo árabe que establece la igualdad entre hombres y mujeres, y una Ley Electoral que le permitirá celebrar elecciones a finales de 2014. Atrás han quedado las dificultades de la transición, tras la caída del régimen de en enero de 2011. Una etapa que cruzó el límite cuando, en 2013, dos políticos de la oposición -- fueron asesinados.

© Proporcionado por elmundo.es

El país donde comenzó el Despertar Árabe es hoy el faro de una nueva era democrática para todas las sociedades de la región. Así lo considera el líder del partido islamista moderado En Nahda, Rachid Ghanouchi, que acaba de visitar Madrid, donde días atrás impartió una conferencia en Casa Árabe. de Túnez y lideró el Gobierno hasta su salida el pasado enero para dar paso a un Ejecutivo de tecnócratas. En una entrevista con EL MUNDO, Ghanouchi se muestra muy optimista sobre el futuro político de su país.

Después de una etapa difícil en que su país pareció encallado en las diferencias políticas, parece que la transición se abre paso. ¿Cómo evalúa el momento político en que se encuentra hoy Túnez? Somos muy optimistas con el futuro de la democracia de Túnez. El año pasado fue muy difícil: tuvieron lugar dos asesinatos políticos y el trabajo del Parlamento fue suspendido. Pero llegamos a sacar al país de esa situación de crisis cuando nosotros dejamos el Gobierno y optamos por la vía del diálogo nacional. Ahora tenemos un clima adecuado para ir a unas elecciones claras, transparentes y democráticas. Tenemos un Gobierno neutral, una Comisión Electoral, una Ley Electoral y todo está preparado para que Túnez tenga elecciones antes de finales de año. Hay una visión clara de futuro. Comparado con Egipto, donde el ejército derrocó al presidente islamista Mohamed Mursi el año pasado, o la vecina Libia, sumida en el vacío político al dictado de las milicias armadas, en Túnez ha funcionado la vía del consenso entre las distintas fuerzas políticas para avanzar en la transición. ¿Tiene Túnez vocación de ser el modelo a seguir para otros países árabes? Lo esperamos, lo deseamos. Porque queremos demostrar a todo el mundo que los árabes también queremos la democracia y la sabemos ejercer y practicar, que el islam y la democracia son compatibles y no chocan, que el islam no está en contra de la participación de la mujer y su papel en la sociedad. Y a través de nuestro modelo queremos enseñar todo esto. Luego, cada Estado tiene sus circunstancias y sus condiciones y hablar de exportar un modelo es difícil, porque el modelo se crea de cada experiencia. Pero independientemente de las diferencias entre estados, todas las sociedades árabes tienen derecho a acceder a la democracia y deben hacerlo. Creemos que el mundo árabe entra en una nueva era, la era de la democracia. Los pueblos árabes han descubierto el potencial que llevaban dentro, han descubierto que son fuertes y que las dictaduras y los dictadores son débiles y han saboreado la dulzura de la libertad. Cuando el espíritu sale de la lámpara, es difícil que vuelva a entrar otra vez. Han pasado más de tres años desde que estalló la revolución. En este tiempo, ¿qué cambios ha experimentado su partido? ¿Qué lecciones han aprendido? El partido En Nahda ha vivido cambios enormes en estos años. Ha pasado de ser un partido oprimido -antes de 2011, nuestros miembros y dirigentes estaban repartidos en 27 cárceles y 50 países (como exiliados), había 10 miembros del partido exiliados en España- y de eso pasamos a la revolución, a juntarnos todos y, en menos de nueve meses, llegamos a organizarnos y no sólo a participar en las elecciones, sino a ganarlas. Eso ha sido posible gracias a los valores que compartimos todos, ya que el partido cree en la democracia interna y externa y tiene una visión del islam moderada y flexible. Estos valores son los que nos permitieron ser un partido cohesionado y fuerte. La apuesta por el diálogo es la cultura predominante en el partido. No hay lugar entre nosotros para quien rechace la democracia, opte por la vía de la violencia o rechace la toma de decisiones de forma consensuada. No hay lugar entre nosotros para quien rechace la participación de la mujer.

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