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Todos quieren invertir en Pedro Sánchez

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 25/09/2017 Antonio Casado

En la política nacional, se ha disparado la cotización del nuevo PSOE. En plena bullanga independentista, todos quieren invertir en Pedro Sánchez. Ya lo ha hecho, por su derecha, el Gobierno de Rajoy. Lo necesita como avalista del Estado y costalero de la Constitución. Y ayer lo hizo, por su izquierda, el conglomerado de Podemos etcétera, que pilota a trancas y barrancas Pablo Manuel Iglesias. Lo necesita para echar al PP de La Moncloa lo antes posible.

Amontonado en Zaragoza con nacionalistas catalanes y vascos, que reclaman el derecho a desconectarse del Estado español con la ayuda del Estado español (tan absurdo como eso, oiga), Iglesias pidió al “compañero Sánchez” que abandone el “represivo” frente constitucional que comparte con PP y Ciudadanos, que no permite a los catalanes decidir sobre su futuro. Cráneo privilegiado el del profesor sabelotodo que, a renglón seguido, sostiene que no se construye patria “desde la negación del otro”.

La medida de su desbarajuste mental también la da cuando, por una parte, apuesta por “España como proyecto colectivo” y, por otra, pone a España en almoneda. Así es, pues pide a Rajoy que, sin previa reforma de la Constitución, permita el referéndum que contempla el troceamiento de la soberanía nacional y la integridad territorial. O sea, la desconexión de Cataluña. Y, llegado el caso, la del País Vasco, la de Galicia, la de Andalucía. Siempre que lo pidan “con especial intensidad”. Ahí pone el umbral del derecho a decidir este gran líder formado en el rigor de las ciencias políticas por Monedero y Verstrynge.

En el contradictorio discurso del líder de Podemos encajó la caricia en los oídos de Sánchez que justificase sus descarados ritos de apareamiento: “Debemos iniciar el debate sobre la reforma territorial con la participación de todos los actores políticos”. O sea, exactamente el espíritu y la letra de la comisión de diálogo propuesta por el PSOE para la “evaluación y modernización” del modelo territorial.

La iniciativa socialista es acertada, oportuna y creíble, al venir apadrinada por un partido de Estado unido al Gobierno de Rajoy en la defensa de la Constitución atacada en Cataluña. Pero no lo es reclamada por quienes niegan al PP la legitimidad de un actor imprescindible, como primera fuerza política nacional y pilar derecho del sistema, por mucho que su ideario vaya reñido con el de Podemos. También va reñido con el del PSOE y, sin embargo, sabe Pedro Sánchez que no se lo puede despachar como “enemigo de las libertades fundamentales” o amigo de llenar las cárceles de presos políticos.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, interviene en el acto político en la Fiesta de la Rosa de los socialistas en Gavà. (EFE) © EFE El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, interviene en el acto político en la Fiesta de la Rosa de los socialistas en Gavà. (EFE)

La comisión de diálogo por un nuevo encaje de Cataluña en el Estado, en el marco de una general revisión del título VIII de la Constitución (modelo territorial), tuvo luz verde del Congreso la semana pasada. Con su llamamiento a la reflexión conjunta de todas las fuerzas políticas, también de Podemos, por supuesto, el PSOE ha puesto las vías para que los trenes dejen de circular en rumbo de colisión después del 1 de octubre.

Pero Sánchez no debería caer en la trampa de podemizarse al ritmo tribal de 'L'Estaca'. En todo caso, al ritmo internacional de esa Asturias, “hija de mi misma madre”, cantada por el poeta andaluz Pedro Garfias en nombre de los “obreros del mundo”. Pero no va por ahí la casta de Podemos, que ha cambiado a los parias de la tierra por la bullanga independentista del inexistente derecho de autodeterminación en los países de nuestro entorno. Eso es lo que hay.

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