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Tras el ADN de la trufa negra

El Mundo El Mundo 10/06/2014 ALMUDENA ÁLVAREZ
© Proporcionado por elmundo.es

La empresa de biotecnología forestal aplicada ID Forest, ubicada en Venta de Baños (Palencia), va un paso más allá en su revolución del mundo de la micología. Esta vez haciendo de la trufa negra ('Tuber melanosporum') un cultivo viable en los terrenos agrícolas y asegurando, además, la rentabilidad de la apuesta. De hecho ID Forest es la única empresa privada que hay en España, y probablemente en Europa, capaz de certificar genéticamente, por medio del ADN, si hay presencia de trufa, en qué cantidad y el tipo de trufa, y además, «acertar al cien por cien», explica el director de ID Forest, Jaime Olaizola.

Por eso una de sus líneas de negocio se centra en poner en valor terrenos agrícolas y forestales mediante el cultivo de hongos micorrícicos de alto valor en el mercado, como el 'boletus edulis' y la trufa negra. «La trufa o el boletus son hongos comestibles de mucho valor en el mercado que no se pueden cultivar en un paquete de paja, sino que tienen que estar asociados a un árbol porque son micorrícicos y sin un árbol jamás van a poder fructificar», señala Olaizola. Eso dificulta la producción salvo que se imite, en terrenos agrícolas, lo que se produce en la naturaleza entre encinas y trufas, asegurando además el éxito de un cultivo alternativo «muy rentable».

El primer paso es inocular encinas jóvenes con esporas de la trufa, y esperar a que las esporas germinen, y se produzca el micelio y la simbiosis con la raíz de la planta. Después ID Forest se encarga de certificar si la encina está micorrizada o no. «Además de ver perfectamente si una encina está micorrizada o no podemos saber el porcentaje de la raíz que está asociada a la trufa». Esto es muy importante porque de ello depende la rentabilidad de la plantación trufera. «Una encina que va desde el vivero al terreno micorrizada, en 6-7 años empieza a producir las primeras trufas, pero después da trufas durante 30 años», asegura el ingeniero de Montes. Por eso es tan importante que la planta vaya certificada, para que la inversión esté asegurada, porque «si tienes que esperar siete años y quieres tener un rendimiento económico en el futuro, te tienes que asegurar de que todo lo estás haciendo bien». En este punto ID Forest certifica que la planta está micorrizada de forma óptica, en el microscopio, y con un análisis genético, mediante PCR, una técnica de biología molecular que permite hacer identificaciones genéticas en menos de dos horas. «Se coge una muestra y si está el ADN de la trufa lo detectamos. Podemos decir si hay trufa y qué tipo de trufa es, si es trufa negra o trufa china. Es un análisis absolutamente fiable».

Esta es una de las innovaciones de este laboratorio, el único privado que hace este tipo de análisis, y lo pone al servicio de empresas de reforestación, clientes privados, centros de investigación, universidades, viveros productores, ayuntamientos, agricultores y cualquiera que quiera controlar su plantación o hacer plantaciones de trufa en terrenos agrícolas que reúnan las condiciones de riego necesarias asegurando la producción. «Podemos hacer análisis de cualquier planta, de trufa, de suelo, de monte, de plantaciones ya hechas en las que se quiera saber si el suelo tiene micelio de trufa o no... podemos detectar micelio de trufa en cualquier lugar y asegurarlo al 100% a través del ADN».

La mayor ventaja de este procedimiento, en el que ID Forest es una empresa pionera, es que se puede saber lo que pasa en una plantación trufera a tiempo real, tomando las decisiones oportunas para «llevarlo todo a la perfección». Algo muy importante si se tiene en cuenta que la trufa es un producto muy caro y que con ella se puede rentabilizar un terreno agrícola con un rendimiento bastante mayor que con otros cultivos. «Es una producción alternativa que funciona, como se está demostrando en Teruel, uno de los lugares más productivos del mundo con muchas plantaciones de trufa y que funcionan muy bien», señala. Además la trufa que se cultiva es idéntica a la del monte, con la misma calidad, porque «no es un cultivo», sino que se ponen las condiciones necesarias para que la trufa fructifique, imitando lo que pasa en la naturaleza. No se usan productos químicos, pesticidas ni abonos, es un proceso absolutamente natural.

Por eso sus clientes no están solo en España, sino que ya los tienen en Italia donde van a poner a punto la detección por ADN de 'Tuber magnatum', la trufa blanca del Piamonte, que vale 6.000 euros el kilo y solo se produce en Italia.

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