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Tres exposiciones de PhotoEspaña reproducen un abanico de historias latinoamericanas

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 07/06/2014 Daniele Belmiro
Un mural de Giganto en São Paulo, Brasil © Raquel Brust Un mural de Giganto en São Paulo, Brasil

Una fotografía limitada por una moldura y colgada en la pared de una galería era motivo de inquietud para la artista brasileña Raquel Brust. Se le ocurrió entonces la idea de utilizar la arquitectura de São Paulo, dónde vive, como soporte para que su arte pudiera llegar a la gente. Así surgió Giganto, una instalación de retratos híperdimensionados de rostros anónimos que encaran a los viandantes desde las columnas de sustentación del viaducto más bullicioso de la ciudad. El resultado de esa experiencia fue grabado por la autora y llega ahora a Madrid en el marco del festival PhotoEspaña 2014.

La Casa América de Madrid exhibe hasta el 27 de julio el vídeo de Brust, al lado de otras dos exposiciones de fotógrafos latinoamericanos: Chile en Fiesta, sobre las celebraciones populares características de los muchos pueblos de ese país, y Elemento Latente, incluida en la sección Transatlántica del festival (que promueve las artes visuales de Iberoamérica), un recorrido por la diversidad de miradas de diez artistas que comparten no solo un continente, sino también la “solidez de sus propuestas plásticas”, según la comisaria de la muestra, Emily Adams.

“Muchas veces la fotografía se hace para la gente del propio medio cultural. Yo quería insertarla en la cotidianidad de las personas de fuera de ese círculo”, cuenta Brust. Para ello, eligió “un viaducto muy ruidoso y agresivo”. Según la fotógrafa, el Minhocão, como lo apodan los habitantes de São Paulo, representa una frontera entre los que viven “arriba” —es decir, en el alto de los edificios de los barrios residenciales del alrededor—, y los que viven “abajo” —en la confusión del centro, incluidos los mendigos que “utilizan el puente como casa”. Para intentar borrar esa divisoria imaginaria, Brust retrató a vecinos de ambos lados, y los transformó en gigantes en blanco y negro. Uniformizó los formatos de las imágenes, de modo que estas no enseñaran nada más que las expresiones de los rostros, para que no se pudiera identificar a cuál de los grupos sociales pertenecían.

Las fotógrafas chilenas Alejandra Undurraga y Catalina Riuort también quisieron retratar las diferencias sociales dentro de una misma población. Pero su objetivo no era ocultar esas diferencias, sino más bien exaltarlas, en su multitud matices. Así que durante dos años cruzaron el país de norte a sur y fotografiaron más de 30 fiestas populares “que dan cuenta de la identidad de cada zona”, cuenta Undurraga. El resultado está en el libro Chile en Fiesta. Para la muestra homónima en Madrid, las autoras seleccionaron las imágenes “más representativas de la diversidad de orígenes y formas que puede adquirir la fiesta”, desde las religiosas hasta la celebración del fin de una faena agrícola. Lo que más llamó la atención de Undurraga fue descubrir que en Chile “el espirito festivo se vive incluso en eventos relacionados a la muerte”, como en el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos. “Es bonito ver como la fiesta puede transformar incluso la tragedia en esperanza y alegría”.

Lo que une las perspectivas de los autores de las obras expuestas en Elementos Latentes, por otro lado, no es solo el componente social. Además de proceder de diferentes partes de Latinoamérica, estos artistas trabajan con temáticas dispares: mientras el brasileño Gustavo Lacerda lleva cinco años retratando al detalle una serie de albinos en su estudio, la mexicana Claudia Aréchiga se dedicó a crear imágenes durante las asignaciones diarias de informaciones en el periódico Excélsior, dónde trabaja, y el venezolano Rómulo Peña trató de fotografiar a una comunidad rural de su país que presenta un alto índice de suicidios. Lo que tienen en común los diez fotógrafos latinoamericanos seleccionados para esa muestra es la capacidad de “transmitirnos momentáneamente a su universo”, según Emily Adams. “El elemento común, que llamo latente, se refiere sobre todo a la luz. A través de una sensibilidad de observación, cada artista demuestra una identidad plástica muy propia, y eso es lo que nos acerca a su trabajo”, opina la comisaria.

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