Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Un adiós a la carta

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 10/05/2014 Jordi Quixano
Martino, antes de la rueda de prensa de ayer. © Alejandro GarcÌa Martino, antes de la rueda de prensa de ayer.

El futuro inmediato del Barça se decidió en una reunión poco furtiva porque las cámaras captaron la entrada de los integrantes del área deportiva en la casa de Gavà de Luis Enrique, técnico del Celta. Fue el lunes pasado y tras hablar de fútbol y del modelo azulgrana, todos acordaron citarse de nuevo para pulir el proyecto deportivo y las próximas incorporaciones, además de rematar el contrato, toda vez que poco o nada se hablaron de cifras económicas. “No hay ningún acto que el club haya llevado a cabo desde que llegué que haya estado fuera de lugar”, resolvió ayer Tata Martino, que entró en el Barcelona del mismo modo al que se irá, a pie cambiado. Y aun así, tiene la Liga a tiro de ganar hoy al Elche y la semana que viene al Atlético, el título que siempre se le exigió.

Hace un mes y medio, Tata advirtió al presidente Bartomeu y al director deportivo Zubizarreta de que no seguía. Adujo el entrenador que no era feliz, incómodo como estaba con la presión y estrés que generaba el cargo. Por lo que desde el club se aceptó su renuncia, poco conformes con su trabajo, con la pérdida de una identidad obtenida en los años anteriores y de un estilo que les llevó a ser el ejemplo universal del balompié. Pero todo se precipitó tras los batacazos en la Copa y en Europa, tras el empate sobre la bocina del Getafe. Esa noche, en el vestuario del Camp Nou, Martino volvió a reunirse con el presidente y la secretaría técnica para decirles que podían adelantar la noticia de su despedida si lo consideraban oportuno. Era, tal y como se había acordado en su día, un adiós a la carta. Pero el Barça nada dijo en público, consciente de que no se había dado el punto final a la Liga.

La entrada de Martino en el Barça ya empezó con mal pie; fue el entonces presidente Rosell quien impuso su elección, sobre todo porque Zubizarreta prefería a Valverde, Luis Enrique o Villas-Boas. “Quiero más juego por las bandas y la presión más adelantada”, anunció a su llegada el técnico, declaración de intenciones para recuperar las esencias del guardiolismo. Pero en ningún caso el equipo ha iniciado la defensa en el área rival, del mismo modo que tampoco ha calado en el vestuario su idea de ataque directo al recuperar el balón, esos pases de 30 metros al lado contrario de donde se recupera. Una fisura que desinfló al Barça, por más que siempre compitió y sacó partidos sin su mejor fútbol.

“Si ganamos la Liga no creo que digamos que no la merecimos. En realidad, la vamos a festejar. Entre el mejor equipo de Europa y uno que hizo una temporada casi desastrosa… pues igual no hay tanta diferencia”, explicó con sorna Martino, que añadió: “Aquí me sorprende todo menos el fútbol”. Desde el club también se han sorprendido con su decisión de dar dos días libres esta semana —además de celebrar el grupo un asado y otro día una fiesta— ahora que al fin tenía toda la semana para preparar el encuentro. Circunstancia que siempre se ha dicho echar en falta, sobre todo porque no se podía incidir en las jugadas de estrategia o en la pizarra. “Estamos acostumbrados a esta dinámica que funciona desde hace cuatro o cinco años”, esgrimió ayer Martino, reacio a profundizar. También fue sincero: “No necesariamente estoy conforme con mi trabajo aún ganando la Liga. Pero sí me siento orgulloso de ser el entrenador del Barça”.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon