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Un café para el desarrollo

dw.com dw.com 17/06/2016 Mirra Banchón (ER)
© 2016 DW.COM, Deutsche Welle

Mientras caficultores se ahogan por bajos precios y el cambio climático, el consumo va en aumento. DW escuchó en Bruselas de iniciativas para sortear la crisis, por ejemplo, haciendo del café un producto “sostenible”.

La crisis del café –con su compleja relación entre agricultores, desarrollo sostenible, cambio climático y consumo - llegó esta semana a las Jornadas de Desarrollo en Bruselas. No faltan ideas e iniciativas para cambiar la situación y, también, convertir en sustentable la producción del “oro verde”.

La crisis

En México, productor de café por excelencia, la importación de sacos de café superará por primera vez en 2016 a la cantidad producida en el país. En Guatemala la roya y la sequía han acabado con plantaciones, obligando a muchos a dejar sus cultivos y a emigrar. En toda la región, más de un millón de hectáreas de bosques han sido taladas para grandes plantaciones de un café -que producido sin el equilibrio natural entre alturas de suelos y sombras- causa pobreza en los suelos. En general, ha mermado la productividad.

“En Perú, el aumento de las temperaturas ha hecho aparecer pestes en zonas donde antes no existían. Necesitamos generar variedades más resistentes”, explica a DW Jan Karremanns, director técnico de Euroclima, el programa de la UE para el cambio climático en América Latina.

Además los bajos precios del mercado mundial –debido a mayor producción en Asia y África- acaban de poner la soga al cuello de regiones enteras tradicionalmente caficultoras.

Menos productores, mayor consumo

“A nivel mundial estamos hablando de unos 25 millones de personas afectadas, sólo en América Latina son unos diez millones. Son pequeños productores, la mayoría ronda el límite de la pobreza”, dice a DW Joel Brounen, director del programa global para el café de Solidaridad Network. Desde hace 20 años, Solidaridad trabaja por un incremento de la producción sustentable para el productor y para la naturaleza.

“En este momento, solo en el sur de México, esta situación ha acabado con un 25% del volumen de lo que producían hace 3 o 4 años”, agrega. Por otro lado, no sólo en Estados Unidos y en Europa, el consumo aumenta. Pero sólo el 20% del café consumido podría llevar, en este momento, el sello "sostenible".

“El crecimiento de producción no va a ser suficiente para lo que es el consumo. El precio que vemos hoy no refleja lo que sucederá en los próximos años. El mercado tendrá un déficit”, agrega. En su opinión, Europa y Estados Unidos -principales consumidores- podrían liderar la protección de los pequeños productores "que son a la vez cuidadores de los bosques".

Ideas para cambiar

Por otra parte, con el objetivo de convertir al café en el primer producto que aporte a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para el 2030, se ha lanzado una coalición internacional. En ella se encuentran empresas como Starbucks, organizaciones de productores, la Universidad de Arizona, el movimiento Fair Trade y varias agencias de desarrollo.

“Se trata de abordar el desafío del café desde varios ángulos: apoyar a los productores, fortalecer la demanda, evitar la polución del agua”, explica Bambi Semroc, de Conservation International.

Por su parte, Kelly Goodejohn -de Starbucks, que tiene toda una línea de cafés certificadamente sostenibles- expone el trabajo de los “farmer support centers”, que –desde Costa Rica y Colombia- apoyan a los productores con insumos y asistencia técnica para reducir costos, evitar pestes y mejorar la calidad del producto. Y, para que aquellos que han perdido sus cosechas no tengan que esperar tres años a que un nuevo árbol produzca, Starbucks los provee con árboles listos para producir.

“Pero los árboles de café no se comen. Lo que necesitarían los productores sería un seguro previo contra catástrofes”, comenta a DW Fernando Morales De la Cruz. Al frente de la startup “Café for Change”, el pequeño empresario guatemalteco ha creado unas cápsulas (biodegradables) para ser utilizadas en las máquinas de espreso.

“De cada una de ellas, 10 céntimos están destinadas directamente al productor”, asegura. Según sus cálculos, apenas a partir de ese monto –9 céntimos más de lo que gana un productor con el sistema Fair Trade- un productor en Guatemala o México puede vivir dignamente.

“No puede llamarse ético, ni justo ni sostenible un café producido por gente que gana 1 dólar al día", concluye Morales De La Cruz, para quien toda iniciativa debería empezar por que, por ejemplo, a nivel de las instituciones europeas, “se destinara 10 céntimos de cada taza para el desarrollo de los productores de café".

Autor: Mirra Banchón (ER)

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