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Un gimnasio para deshoras

EL PAÍS EL PAÍS 01/06/2014 Dani Cordero
Chuck Runyon, presidente de Anytime Fitness © Proporcionado por ElPais Chuck Runyon, presidente de Anytime Fitness

Chuck Runyon quiere que sus gimnasios recuperen la esencia de las antiguas instalaciones de barrio, que los empleados conozcan el nombre de cada uno de sus clientes y que el socio pueda llevarse la llave a casa para volver cuando quiera (el día y a la hora que sea). Tras gestionar instalaciones de grandes dimensiones y darse cuenta de que los clientes apenas utilizaban una pequeña parte de la oferta, en 2012 decidió hacer tabla rasa y empezar de nuevo con la cadena Anytime Fitness. Desde entonces, opera centros de dimensiones modestas (unos seiscientos metros cuadrados de promedio), con los aparatos justos, pero de última generación y en zonas de alta densidad.

Con ese modelo la enseña ha alcanzado los 2.500 centros en el mundo y prevé duplicar ese número en los próximos cinco años. Sobre todo gracias a su sistema de franquicias, que ha proyectado a Runyon más como gurú de ese tipo de negocio que como experto en gimnasios. De la red, solo es propietario de 40 centros, que funcionan como ejemplo para el resto de la cadena. Son establecimientos como los que acaba de abrir en Barcelona y Madrid, avanzadilla de un plan de 150 aperturas en el próximo lustro en España.

“Hay que plantearse si quieres ser una gran compañía o un gran franquiciador, porque no puedes ser el mejor en ambas cosas”, señala Runyon, a quien no le cabe duda acerca de su elección de modelo: “Yo me considero un gran franquiciador”. Su compañía factura 58 millones de euros, mientras que los ingresos de la cadena ascienden a 550 millones.

La cadena apuesta por espacios más pequeños abiertos las 24 horas del día

En su desembarco en España, la enseña ha menospreciado la crisis, la alta tasa de paro y la caída del poder adquisitivo de los ciudadanos, que ha provocado que, por ejemplo en Barcelona, se haya reducido en casi un 30% el número de asociados a gimnasios desde 2012. Anytime Fitness evita la etiqueta de gimnasio low cost, aunque sí admite que produce “un producto asequible —por unos cuarenta euros mensuales— que la gente valora hoy en día como una necesidad”. Además, Runyon intenta darle una vuelta al negocio, en el que para muchas marcas el mejor cliente es el que paga para después no ir. “Antes ése era el gran negocio, pero ese tipo de socio acababa dándose de baja y no es rentable: lo más caro es captarlo, así que no puedes dejarlo escapar”, señala. “Aquí, cuando hace tiempo que no viene uno, le llamamos para que se acuerde del gimnasio”, explica Albert Marco, director de expansión en España.

Marco señala que el pequeño tamaño de los gimnasios y la escasa plantilla necesaria hacen fácilmente rentables las instalaciones. Para lograrlo es suficiente con un umbral de 850 asociados por centro. Fuera del horario habitual, los trabajadores desaparecen, pero el gimnasio continúa abierto gracias a la llave que tienen todos los clientes. Todo pasa entonces a quedar controlado por cámaras conectadas a un servicio de seguridad privada. Una con control volumétrico enfoca a la puerta de entrada para detectar cuántas personas entran, otra observa la taquilla abierta donde reposan las bolsas de deporte, otras más en las salas de ejercicio. Solo los vestuarios, individuales, se libran del control. Es la forma con la que la cadena ofrece más horas sin cargar su estructura de costes pese a que se pueda ir al gimnasio de madrugada, un horario que no es que tenga mucha demanda. “Es más una cuestión de conveniencia, de sensación de libertad y de eliminar excusas para no ir al gimnasio”, explica Runyon.

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