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Un gol de Andone da la victoria al Deportivo ante el Getafe y mantiene a Pepe Mel

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 30/09/2017 Juan L. Cudeiro
Lucas celebra el gol del empate. © Cabalar Lucas celebra el gol del empate.

El marcador indicó al final del partido que el Deportivo venció al Getafe. El marcador es un tirano. En su dictadura Pepe Mel seguirá en su puesto al frente del conjunto de Riazor, donde se presentó sabedor de que si su equipo sumaba apenas un punto debería pasar a firmar el finiquito. Si el marcador no fuese tan mandón el técnico haría las maletas, huérfano del apoyo de quien rige la parcela deportiva del club. Si se impusiese la razón igual los criterios y los focos deberían de ser muy diferentes, siquiera porque Mel es, como quien dice, casi un recién llegado. ¿Qué hubiese cambiado si el Getafe marca un gol en la última jugada? El marcador, sí. También las decisiones. No parece muy atinado.

Mel no tiene asegurada su continuidad en el Deportivo. Se discutirá sobre ella este fin de semana y en todo caso él se siente amenazado. “Si gano me la jugaré en Eibar y si gano allí luego volveré a jugármela contra el Girona”. Los rectores del Deportivo deben decidir si tienen que moverse sobre tan fino hilo ya desde el inicio de octubre. “Estoy tranquilo, cuestionado seguiré igual. Las realidades se pueden tapar, pero siguen ahí”, resolvió el técnico al final. Y completó: “No digo que se injusto, el Depor no puede estar abajo”.

Al Deportivo le faltó lo habitual, fútbol entre otras cosas. Tampoco es que sobre el verde mostrase urgencias. Gestionó el partido desde la paciencia, en definitiva desde su acostumbrada indefinición, con todos los futbolistas que reclamaba la gente sobre el campo. Mel eligió para jugarse el puesto, como dirían en Argentina, al equipo del pueblo. Juntó a Lucas Pérez, Emre Çolak, Fede Valverde y Cartabia, a Schär y Sidnei atrás, a dos laterales que algún día fueron extremos. Desigual en su trabajo, tocado como estaba y está, el Deportivo mereció ganar el partido y así lo hizo. Por intenciones y por oportunidades. Se topó con el meta Guaita, decisivo en los momentos importantes, como en la recta final de la primera parte cuando sacó de forma felina dos remates consecutivos de Lucas Pérez y Juanfran. El portero rescató al Getafe cuando el equipo no fue capaz de restar, que es a lo que se dedicó durante un largo tramo de partido. Más desahogado en la clasificación, mucho más firme en sus convicciones, el grupo de Bordalás se abocó a un partido largo, a un combate físico, pero también mental. Quiso jugar con los nervios de su rival, que latían prisioneros en una débil celada y dispuestos a desparramarse al primer traspié.

La iniciativa fue del Deportivo, detalle con el que además el Getafe se sintió encantado. Más lo estuvo cuando percibió el pírrico despligue de los chicos de Mel, incapaces de conseguir que la pelota viajase por dentro y se distribuyese desde ahí, a partir de Emre Çolak y cerca de la zona de la verdad. El Deportivo salió por los flancos, con Luisinho y Juanfran, pero sin generar superioridades, llegó al área a empellones, sin fluidez, con demasiados centros sencillos de defender.

Con el turco aparecía una luz diferente, pero también la oscuridad del riesgo. Así llegó el gol del Getafe, en su empeño por regatear en un espacio en el que no tocaba. Resolvió Amath y el Deportivo tembló. Por delante quedaba casi toda la segunda parte y ahí tuvo el partido el Getafe, lo tuvo Amath de nuevo ante Pantilimon, que hizo una parada. Lo tuvo Bordalás, que en lugar de ir a hacer sangre se puso una tirita. O varias. Nada más marcar retiró del campo a Ángel y llamó a Molinero y poco después se fue Jorge Molina para que entrase Sergio Mora. Renunció al ataque Bordalás y le dio aliento a un equipo moribundo que encontró el empate en la primera oportunidad en la que Lucas Pérez tuvo el balón en el área y en su zurda. Sin finura, no muy sobrado de fe, con trancas y con barrancas al mando, el Deportivo llegó al triunfo con una inverosimil maniobra de Andone, que había empezado la tarde en el banquillo, casi sobre la bocina. En el cortoplacismo imperante, Mel se dio por renovado durante quince días más.

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