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Un lujo que Europa no se puede permitir

El Mundo El Mundo 03/06/2014 ALEJANDRO BARÓN, JAVIER GARCÍA TONI, DÍDAC GUTIÉRREZ-PERIS, ÁLVARO IMBERNÓN

"[...] ignore the parliament, Mrs Merkel, and pick the best woman for the job"'The Economist', 8 de febrero de 2014, en referencia a , directora gerente del Fondo Monetario Internacional

"This is no time for Junckers. The moment demands a European commission of all the talents, led by someone of proven ability like Pascal Lamy or Christine Lagarde", Timothy Garton Ash, 'The Guardian', 26 de mayo.

"It is time to spit out the Spitzenkandidaten - and make a serious choice"Gideon Rachman, 'Financial Times', 29 de mayo 2014.

"The Prime Minister [cameron] has warned that Britain could quit the EU if a veteran federalist is appointed to Europe's top job", 'The Telegraph', 1 de junio de 2014, recogiendo una información de 'Der Spiegel'.

Éstas y otras ideas están cogiendo fuerza en parte de la prensa e intelligentsia anglosajona durante los últimos días. También en un sector de la opinión continental. En la misma línea, los representantes de Estados como Reino Unido, Suecia o Hungría han defendido en el Consejo que el Presidente de la Comisión Europea sea seleccionado por el acuerdo entre los gobiernos nacionales. Otros como Matteo Renzi o Mark Rutte han mostrado sus dudas. La elección del Presidente de la Comisión, dicen, es demasiado importante como para dejarla en manos de los votantes.

Pero, fíjense por dónde, nos dijeron que 'estas elecciones eran diferentes'. Que, por primera vez, elegíamos con nuestro voto al próximo . Pues bien, todo esto puede haber quedado en papel mojado al negar a Juncker, líder de la fuerza más votada, la búsqueda de una mayoría en el Parlamento.

Esta es la idea que varios gurús y expertos llevan profesando desde hace unos días. Se esgrimen argumentos variopintos como denostar las capacidades o trayectoria de por varias razones; hablar del poco impacto de la campaña y del desinterés que causan estas elecciones u opinar que la única manera que tiene la UE de funcionar democráticamente es mediante las relaciones entre gobiernos soberanos. Europa se daría así por fin de bruces con sus límites, que son fruto de siglos de éxitos, fracasos, guerras, paces, matrimonios y divorcios

Existe un pequeño pero. Nada, una nimiedad: que los ciudadanos hemos expresado nuestra voluntad y opinión al respecto en unas elecciones que se nos han vendido como vinculantes y decisivas. Saltarse a la torera unas reglas institucionales prefijadas dejan a la ciudadanía atónita y en paños menores, y sitúan a los políticos europeos y nacionales ante la magnitud de sus propias contradicciones e intereses puntuales.

Ante eso, nosotros contestamos claramente que seguir por esta línea supondría enterrar el primer intento serio por crear una democracia representativa europea con el Parlamento Europeo como protagonista. Lo expresó de manera alarmada Guy Verhofstadt en los dos debates pan-Europeos televisados en los que participó: "It would be the end of european democracy". Nosotros le pedimos claramente al Consejo que no nos den gato por liebre. Estamos cansados de cónclaves vaticanos. No podemos repetir el error de 2009 en el que el juego de despachos y equilibrios entre Estados y familias políticas en busca de un mínimo común denominador políticamente aceptable nos llevó a tener unos representantes de perfil bajo y faltos de autoridad. Ya basta. Nos encontramos en el momento más grave para el proyecto Europeo desde su fundación.

Seguir con el 'business as usual' sólo perpetuaría el inmovilismo gubernativo en el que hemos estado estas últimas dos legislaturas. Un retroceso considerable, y también un escándalo mayúsculo.

Un mirlo blanco

Tampoco es de recibo poner a un mirlo blanco de tapadillo para tener a todo el mundo contento y un sillón caliente que pastelear. Si la directora gerente del FMI Christine Lagarde, el primer ministro finlandés Jyrki Katainen, la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, o el ex director general de la OMC Pascal Lamy querían ser candidatos a presidentes de la Comisión, podían haberse postulado en el momento en que sus respectivos partidos eligieron candidato. Y luego, haberse presentado a las elecciones. A toro pasado ya es demasiado tarde. Hemos votado.

Cuando los representantes deben su puesto a los Estados miembros y no a los votantes es inevitable que se muestren más preocupados de no molestar a los gobiernos nacionales que de defender el interés del conjunto de la Unión.

La rendición de cuentas se difumina y los votantes no pueden exigir un cambio de políticas o personas. ¿Eso es lo que quieren los polemistas a los que hemos aludido antes? En tal caso, luego no vale quejarse si tal o cual político no cumple como presidente de la Comisión o alto representante en política exterior frente a los intereses de los Estados poderosos.

Un presidente de la Comisión apoyado por una mayoría en el Parlamento Europeo otorgaría mayor fuerza al control parlamentario ante debates pendientes como la Unión Bancaria, la negociación del TTIP o la política exterior y de seguridad común (PESC). La decisión debe recaer sobre los votantes. En Juncker o en el caso de que no fuera capaz de reunir una mayoría suficiente, el socialdemócrata . Es una cuestión de principios, no ideológica. Así, los nada conservadores y Daniel Cohn-Bendit han pedido que se le permita a su rival político Juncker buscar una mayoría.

Queridos señores del Consejo Europeo, no cercenen el camino de la democracia. Respeten las preferencias de los electores y brinden a la ciudadanía un gesto en el que creer. Los ciudadanos, y sobre todo los jóvenes, lo necesitamos. Como decía el maestro Machado, se hace camino al andar. Nos guste o no Juncker, no queremos que se dinamite el primer paso hacia la legitimidad democrática de la Unión. Curiosamente, tras recibir mucha presión por parte de la opinión pública ha reconocido que apoya Juncker en vista del escándalo que puede producirse. Señores del Consejo, no nos tomen el pelo. De lo contrario, cuando vuelvan a decirnos lo importante que son las , no quedará nadie que se lo pueda creer.

Alejandro Barón, Javier García Toni, Dídac Gutiérrez-Peris y Álvaro Imbernón, editores de Passim.eu

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